Dónde poner el foco
Pareciera
que otra vez hablo del mismo tema y no, es un concepto que nos engloba y nos
azota. Pareciera que hablo de política y no, hablo de la sociedad, esa en la
que me veo inmerso y que reacciona o no ante la política. ¿Cómo reaccionamos
ante los casos de la actualidad que nos interpelan? ¿Desnudamos nuestros más
bajos instintos pidiendo sangre y venganza? ¿Lanzamos al aire una serie de
posverdades creadas por nuestra creencia? No lo sé, es algo que puedo pensarlo
en voz alta para arribar a una conclusión, pero no lo sé. Mientras tanto, lo
que veo, es que a veces le ponemos tanto ímpetu a reaccionar ante esos casos que
nos olvidamos de pensarlos en serio, de analizarlos, de preguntarnos, o sea de
poner el foco en el hecho y no en el sentimiento.
Cuando
se me presentó el caso Maldonado, lejos de sentirlo lo pensé y me surgieron
tres interrogantes muy fuertes. El primero fue el rol del Estado ante la
desaparición de una persona. Vivimos en organizaciones llamadas “Estados”
porque nos contienen, nos organizan y entre otras tantas cosas nos dan
seguridad. Yo puedo estar haciendo lo que se me cante (porque el Estado no es
dueño de mis deseos, si es dueño de las consecuencias de mis actos) y que de
repente venga alguien y me desaparezca. El Estado me debe buscar, no importa
cuánto gaste, no importa a dónde tenga que ingresar, no importa a quien tenga
que investigar, no importa quién soy yo o qué estaba haciendo, me debe buscar
porque mi seguridad está en sus manos, es su obligación por constitución.
Pero
claro, pensar en el rol del Estado es más complejo.
El
segundo interrogante que me planteé fue el de los pueblos aborígenes en la
Argentina ¿Por qué reclaman? ¿Cómo tratamos como Estado a los pueblos
aborígenes? Está claro no lo hacemos como Canadá, pero ¿Cómo los tenemos en
cuenta? ¿Es un tema de Estado? ¿O sólo es un tema que le compete a un grupo
pseudo hippie de vive en Palermo con disforia de clase obligándonos a no
llamarlos “indios” porque es clasista, racista y machista? ¿Nuestra forma de
tenerlos en cuenta es no usar palabra que consideramos ofensiva? ¿O los tenemos
en cuenta 15 días al año cuando nos vamos de vacaciones a sus lugares y nos
sacamos una foto con ellos con cara de circunstancia para Instagram?
Ahora
me pregunto el reclamo de los Mapuches ¿es sólo de los Mapuches? ¿O se extiende
a las más de 30 comunidades aborígenes repartidas en todo el país? ¿O acaso
otras comunidades tiene otros reclamos? ¿Acaso los Wichis, los Quechuas, los
Aymara no tienen nada por reclamar? ¿A ellos si los tratamos bien y los
incluimos? Recuerdo que hasta no hace mucho tiempo la comunidad aborigen Quom
mantuvo un larguísimo reclamo al Estado que en apariencias nunca fue escuchado.
¿O son operadores políticos? Porque también recuerdo que la misma comunidad
después de estar meses y meses pidiendo que escuchen su reclamo apenas cambió
el gobierno levantó la protesta y se fue a la casa, recién un tiempo después
volvió a admitir que el Estado seguía sin tenerlos en cuenta. También en la
actualidad leemos en los portales que el líder (o al menos uno de los lideres)
de la comunidad Mapuche habla de una Estado aparte, de sus leyes, de que los
gobernantes deben caer y demás, todas cuestiones políticas.
Está
claro que como sociedad, de la cultura aborigen conocemos poco y nada, ahora
bien ¿Es el marco cultural una plataforma para justificar cualquier accionar?
En un ejemplo ¿Podemos aceptar que el Estado no acceda a ciertos lugares por
cuestiones culturales? ¿O podemos aceptar como Estado que una niña aborigen
moribunda no reciba la medicina blanca que le salvaría la vida por cuestiones
culturales?
Pero
claro, pensar en las comunidades aborígenes y cómo las abandonamos es más
complejo.
El
tercer y último interrogante que me perturbó fue el referido a las fuerzas de
seguridad ¿Pueden hacer lo que se les antoje en nombre de “La Justicia”? Desde
que tengo uso de razón vivimos en democracia y en democracia sucedieron tres
casos de gatillo fácil y abuso de autoridad, en tres momentos completamente
distintos del país, que realmente me impactaron. El primero que recuerdo es el
caso Carrasco, un colimba que en el año 94 fue torturado, asesinado, escondido
y luego plantado en un campo por los militares. Lo recuerdo porque el precio de
ese caso fue la abolición del servicio militar obligatorio en la Argentina.
Ya
en el 2002, en un país en plena efervescencia recuerdo el caso de Kosteki y
Santillán, dos chicos que fueron asesinados en plena manifestación en Puente
Pueyrredón a sangre fría y frente a las cámaras de TV, por la policía. Lo
recuerdo porque el precio de ese caso fue la salida anticipada del gobierno del
entonces presidente Eduardo Duhalde.
En
2009 un caso que fue muy poco documentado y difundido me mantuvo en vilo
mientras lo podía seguir por los blogs o las columnas de Beatriz Sarlo: la
desaparición de Luciano Arruga. Un adolescente de 15 años que un día decide
dejar de transar con la policía de Lomas de Zamora y desparece por más de 5
años. En 2014 lo encuentran enterrado como un NN y la justicia termina
condenado a un policía por su asesinato. Esta vez ya no hubo precio por pagar,
podría decirse que la sociedad le estaba obnubilada poniendo el foco en otras
cosas y no pudo ver lo que seguía pasando. O quizás ya lo había naturalizado,
como creo que con el tiempo se naturalizará el caso Maldonado “el pibe se
ahogó, nadie le pegó” no importa qué sucedió para el pibe se tire a un río
helado sin saber nadar. Creo como en el caso de Arruga, el de Maldonado no
pagará ningún precio.
Quizás
con el tiempo se nos haga natural que existe el gatillo fácil y el abuso de
autoridad pero ¿Somos consientes de lo que eso significa? ¿O pretendemos
erradicarlo de algún modo? ¿Y cómo pretendemos erradicarlo? ¿Dándole un sueldo
paupérrimo, el mote de represor y un arma a un ciudadano de clase media a media
baja para que no cuide y no se corrompa y sea obstinado?
Pero
claro, pensar en el rol y en el abandono de las fuerzas de seguridad es más
complejo.
Sinceramente
no tengo las respuestas a mis tres interrogantes, simplemente creo que los
interrogantes son una forma de pensar los casos, no de sentirlos. Son una forma
de ponerle el foco. Y acá me surge un nuevo interrogante ¿Dónde puso el foco la
sociedad en el caso Maldonado? ¿En alguno de estos interrogantes o en cómo
gendarmería torturó, mató, escondió y plantó el cuerpo? O sea en todas cosas
que no sucedieron, o sea pusimos el foco en donde no debíamos, lo pusimos donde
intuíamos, sin cuestionarnos ¿Y qué pasó? Este 25 de Noviembre otra vez un
reclamo de una comunidad aborigen, otra vez exceso en las fuerzas de seguridad,
otra vez un Estado que pretende quedar fuera de todo cuando su responsabilidad
en nuestra seguridad y otra vez una víctima: Rafael Nahuel de 22 años muerto por la espalda por una bala de Prefectura.
Seguramente
no se pagará precio alguno porque nuevamente nos pondremos el caso en la piel
sin cuestionarnos, nuevamente desviaremos el foco, nuevamente repetiremos la
historia que parece que estamos condenados a repetirla en loop.
Publicado
por Juani Martignone
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