Las segundas partes nunca fueron buenas
El anhelo de repetir un éxito ya cerrado corre con el riesgo de caer en el ridículo. Existe una necesidad irrefrenable de no soltar aquello que se termina, una incapacidad de realizar duelos, que podría surgir quizás del estímulo constante de las redes en la nunca nada termina, siempre hay algo más para scrollear, o bien al revés, la soledad epidémica que se vive en la actualidad en la que cualquier gil se transforma en ídolo porque hay un público que necesita sentirse acompañado, que no lo abandonen, que no se escurra como todo en estos tiempos, que dura apenas un slide, unos segundos. O quizás funcionamos de ambas maneras, a los políticos le estamos dando sólo una oportunidad sino slide, pero a la vez deseamos que pongan una nueva temporada de Stranger things para que continúe en esta lógica de no aportar nada, pero que al menos entretenga; que se pueda ver mientras scrolleamos Tik Tok. El mundo del entretenimiento, sumido en una crisis de creatividad (yo no existen...


