Populismo, instituciones, ley de la calle y Congreso
La
definición más aceptada y/o difundida del populismo nos dice que es una
doctrina en la cual el Pueblo es uno y es bueno. Algunos dirán que es anteponer
los intereses del Pueblo por sobre los demás pero en realidad nos están
diciendo de una manera elegante que en el Pueblo se encuentra la verdad y esa
es la única que vale. El Pueblo quiere futbol, le damos futbol. El Pueblo
quiere verlos a todos presos, los metemos a todos a presos. Y todo esto cueste
lo que cueste, porque si el Pueblo lo quiere, el pueblo tiene razón, allí
reside la verdad de las cosas.
Ahora
bien, creo que sabiendo ésto es justo que nos preguntemos ¿el Pueblo siempre
tiene la razón? ¿A quienes llamamos “Pueblo”? ¿A los nacionalistas o a los que
siempre miran afuera? ¿Son iguales los intereses de unos y de otros? ¿Aquellos
que reúnen la condición de Pueblo tienen más verdad que los otros? ¿Quién define
cuáles son las condiciones para ser Pueblo? Lo cierto es que el Pueblo no es
uno, no siempre es bueno y en ocasiones tiene la verdad y en ocasiones no. Por
esta razón disiento con el populismo, por considerar como una masa uniforme a
un Pueblo que en la práctica es complejo y hoy en día cada vez más diverso.
La
discusión sobre la verdad en el Pueblo volvió a sentirse en nuestro país de
manera explícita con la sesión maratónica del cámara baja que terminó aprobando
la reforma previsional, sólo que para no utilizar la palabra populismo, hoy devenida
en una palabra peyorativa, se la llamó “La ley de calle” y explicitó esa idea
de que lo que la calle dice no se discute, porque es allí donde reside la
verdad. Entonces vuelvo a hacerme las mismas preguntas anteriores y me es
inevitable pensar en algunos casos relativamente cercanos.
Hace unos años cuando se aprobó la llamada ley de matrimonio igualitario, los legisladores que le dieron el visto bueno y casi todo el arco político confesaron que si esta ley se ponía en consulta popular era altamente probable que el Pueblo se opusiera ¿Acaso no era el Pueblo el que tenía la razón? ¿O no estuvo bien aprobar dicha ley?
Cuando
el Pueblo salteño optó casi por unanimidad que sus hijos reciban educación
religiosa en todos los colegios de la provincia desoyendo una ley nacional ¿estaban
equivocados? ¿Acaso no reside en ellos la verdad?
¿Y
si con esta ola de femicidios que descubrimos hace unos años no estamos frente
a una verdad del Pueblo que se manifiesta con violencia hacia las mujeres?
El
Pueblo no siempre tiene la razón, por eso es que vive y se organiza en un
sistema llamado Estado, y ese Estado es a veces el encargado de educar a los
Pueblos. De decirnos que no hay nada de malo con dos personas del mismo sexo
que se aman y avalarlo. De darnos la libertad para profesar el culto que queramos
pero sin obligarnos a hacerlo. De decirnos que esa violencia interna que
sentimos contra las mujeres y nos lleva a matar a una cada 30 horas está mal y
condenarlo.
El
Estado nos educa a través de las instituciones y no con la calle. El populismo no educa, nos dice que lo que
sentimos y pensamos está bien y lo avala y lo fomenta en todas sus formas. Y de
eso en nuestro país sabemos bastante. Hasta hace un tiempito teníamos un
populismo de izquierda donde el Pueblo que llevaba la verdad eran los que menos
tenían y hoy tenemos un populismo de derecha donde el Pueblo que lleva la
verdad son los usuarios de Snapchat.
Para
tener una democracia fuerte sabemos que son necesarias instituciones fuertes,
un Congreso que sesione, debata y legisle ¿Pero eso es todo? ¿Como Pueblo
debemos sentarnos sumisos ante el poder de la elite política que decide todo lo
debemos hacer de acá en más? La respuesta es no. Las democracias fuertes tienen
altas intervenciones populares y con esto no me estoy refiriendo netamente a
las elecciones sino a la manifestación, a la protesta, a expresar nuestra
inconformidad. Y estas intervenciones populares deben ser escuchadas también
por las instituciones, por el Estado, sino caemos en la falacia que proponía el
gobierno anterior cuando algún sector del Pueblo (al que ellos no consideraban
Pueblo) manifestaba su disconformidad mandándolo a formar un partido y a ganar
las elecciones, como si la democracia fuera un juego que se juega uno o dos
domingos cada 2 años.
¿En
qué quedamos? ¿El Pueblo no siempre tiene la razón pero siempre hay que
escucharlo? Exactamente. ¿Cómo podemos comenzar a discutir si un Pueblo tiene o
no razón si nunca lo escuchamos? ¿O cómo podemos saber si un Pueblo está o no
preparado para afrontar estos nuevos pasos que las instituciones nos obligan a
tomar si nunca lo escuchamos? Por eso para tomar estas decisiones se elige a un
Congreso, porque no son decisiones sencillas que puede tomar “la calle” porque
a veces hay mucho en juego o porque a veces uno debe ser más político que ortodoxo
con sus pensamientos.
Si
volvemos al ejemplo antes mencionado de la decisión sobre la reforma
previsional es justo que pensemos que no podemos guiarnos por lo que dice la
calle ¿A qué nos referimos con calle? ¿A los tipos que estaban tirando piedras
fuera del Congreso para que la ley no salga? Y si los que estaban a favor de la
ley hubiesen ido a tirar piedras en contra de los que se oponían ¿Cómo se
define la ley de la calle? ¿Contamos que bando tuvo más muertos y ese perdió?
Las
leyes no se definen en las calles, se definen en los Congresos, Congresos
decentes con voluntad de discutir y argumentar, y no de tirar “piedras” verbales.
Pero sobre todas las cosas Congresos que escuchen a los Pueblos, a cada uno de
ellos porque se supone que los más de 300 legisladores que conforman el
Congreso Argentino no están allí representando sólo a un partido sino una
porción del Pueblo.
Publicado
por Juani Martignone
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