Sentate y trabajá
Podríamos
decir que el concepto de Congreso es bien democrático y plural, un espacio en
el que se reúnen personas de distintos lugares, edades, historias,
pertenencias, experiencias y con distintos intereses para acordar y buscar
todos juntos respuestas a algún tema determinado. Todos alguna vez escuchamos
hablar de algún congreso médico para algún tema específico en el que se
acercaron personas de todo el mundo para debatir y acordar cómo seguir, cómo
avanzar. Y también todos escuchamos, casi a diario diría, hablar del “Honorable
Congreso de la Nación”, sólo que en este caso en vez de debatir qué tratamientos
son más efectivos para el cáncer o cómo aplicar la ética médica en casos que
rozan los límites, se debaten los destinos del país. Todos los destinos del país
incluyendo los que ellos deciden pero también si quisieran podrían poner en
cuestión los que deciden el poder ejecutivo y el judicial porque recordemos que
en nuestro país los tres poderes se controlan entre sí. Si a mí me preguntaran,
diría que el legislativo es el poder más democrático que tiene el sistema
argentino, porque no es un cuerpo estrictamente técnico como el poder judicial,
ni depende de la decisión de una sola persona como en el poder ejecutivo a
pesar de los mil ministros que pueda tener.
Y si
de Congreso de la Nación hablamos, podríamos decir también que la conformación
actual y la que viene es bien plural (en esta ocasión me voy a ahorrar la
palabra democrática). El oficialismo no tiene la mayoría y la mayor oposición
le pisa los talones en la cantidad de bancas. Además hay que mencionar que en
la Argentina de hoy, aunque nos quieran meter de prepo este concepto, ya no
existen dicotomías tan marcadas como unitarios y federales o peronistas y
radicales. Hoy tenemos peronistas K, peronistas no K, peronistas tradicionales,
radicales de alguna provincia, radicales que forman alianzas, radicales peronistas,
radicales que ya no existen, socialistas, de izquierda que no son socialistas,
de izquierda trotskista, de izquierda marxista, de izquierda leninista, de izquierda
stalinista, de izquierda maoístas. Todos toman la parte que más les gusta del
peronismo, del radicalismo y de la izquierda, arman un partido y ganan las
elecciones. Y lo bueno es que todos estos grupos, sub grupos, alianzas,
conglomerados y locos que se cortan solos, tienen garantizada su voz en el
Congreso. Bastante plural para un país que sólo ve blancos y negros.
Ahora
salgamos de los conceptos y vayamos a la realidad. El último 14 de de diciembre
en la cámara baja de Congreso se citó a discutir sobre la tan polémica ley de
reforma previsional. Ley de la cual no hablaré porque sólo puedo guiarme por los
periodistas que leo, los políticos que escucho, los especialistas que sigo en
Twitter. La ley no la leí y no tengo el conocimiento ni la experiencia
suficiente como para comprender detalles, por lo que no emitiré una opinión y ni
repetiré sloganes que nos meten hasta por las orejas. Sólo me voy a central en
lo mismo que me centré en los textos anteriores, en los comportamientos de la
sociedad. Por eso esta vez me centraré en el comportamiento de los diputados
nacionales.
Estando
a 14 de diciembre se los instó a que debatan un ley para que salga aprobada el
mismo 14 de diciembre, cuando quienes alguna vez leímos prensa internacional
sabemos que el tema previsional no es un tema delicado sólo en Argentina, en
países con democracias más asentadas e instituciones más fuertes estos temas
llevan largos debates con fuertes resistencias de distintos sectores. Por citar
a algunos ejemplos: Francia y Alemania.
Y en
nuestro caso fue peor aún porque no sólo se los instó a definir rápidamente
sino que también debían hacerlo en un lugar vallado de fuerzas nacionales armadas
con gases y balas de goma, como si fuera una trinchera en el medio de una
guerra. Si volvemos por un segundo a los conceptos, los representantes del
pueblo se atrincheran para definir los destinos de ese pueblo que los elijió, aunque sea de una lista sábana que nadie conoce. Lo que algunos podrían defenderlo con la excusa de que afuera del
recinto había 100 tipos que estaban tirando con de todo manifestando su
disconformidad con la ley que se pretendía votar. Y acá vuelven los debates del
derecho a manifestar, manifestar sin joder al otro, el uso de las fuerzas y el
consiguiente abuso por parte de las fuerzas. Todos debates que a mí me gustaría
que ya estén saldados porque a esta altura ya tenemos vasta experiencia. El
debate que si considero que ya estaba saldado es de igualar la violencia de civiles
con la violencia del Estado como lo plantea el diputado oficialista Fernando Iglesias.
Y lo que creo que aún debemos debatir es cuál es el protocolo que las fuerzas
deben seguir en estos casos. Protocolo que la ministra de seguridad aún no da a
conocer, entonces como sociedad no sabemos si dentro de él se encuentra habilitado
dispararle a un indio por la espalda en un allanamiento.
Con
todo este desmadre afuera, el cuerpo colegiado debía sesionar y quizás algunos
ilusos estábamos esperando que ellos que se encuentran por encima de nuestro
status nos den un interesantísimo debate sobre algo que nos compete a todos.
Sin embargo no fue así, repitieron todas las miserias más miserables de la sociedad
común. Estaban los que se sentaron para dar el quórum (que se efectivamente se
alcanzó) para iniciar un debate a como dé lugar, y estaban por ejemplo los dieron
quórum por error alegando que no sabían que al sentarse en su banca ya lo
estaban dando. A ese diputado se le paga $170.000 para hacer un trabajo del
cual desconoce las reglas. También estuvieron las típicas avivadas argentas
como el sistema de calesita: se sientan 2, se levantan 3, vuelven 4, se
levantan 8, y así sigue.
Por
otro lado estuvieron los que no quisieron dar quórum. Esos que entendían que no
se podía dar un debate en las condiciones en las que se encontraba la calle ¿Y
qué hicieron? Reprodujeron lo que sucedía afuera, gritaron, violentaron, le
sacaron el micrófono al presidente de la cámara, insultaron, se pararon arriba
de las sillas, en definitiva desmadraron. Porque la regla es: si algo no te
gusta, desmadra todo alrededor y con tanto quilombo eso que no te gusta desaparece
(funciona tanto para sesiones como para gobiernos). Ellos no necesitan estar
afuera de un recinto tirando piedras para demostrar su inconformidad, ellos tienen
una banca y un micrófono para que el Estado escuche su descontento y hasta la
posibilidad de poder torcer o modificar la cosa en cuestión. Sin embargo se
comportaron como cualquier ciudadano común violento y consideraron eso como un
triunfo. Igualaron el Estado a la Sociedad y ahí lo que platea Fernando Iglesias,
tiene razón de ser.
También
estaban estos otros que consideran que al no dar quórum se oponen a algo que no
les gusta. Como si en el consorcio de mi edificio tuvieran que arreglar los
ascensores, presentan un presupuesto, llaman a reunión para debatir si lo
aceptamos y yo no me presento porque el presupuesto me parece muy alto. Si yo y
muchos más no vamos no tiene que suceder, el tema es que el administrador creyó
que estábamos enfermos y con los había se aceptó. Ahora nadie se enteró de mi
disconformidad. Esta práctica es viejísima en la Argentina, durante el
kirchnerismo la oposición no bajaba a dar quórum porque como tenían mayoría absoluta
estaba de más debatir. De nuevo, lo que no veo, no sucede. Ellos que tienen la
posibilidad de hacerse escuchar ante el Estado, de presentar nuevas propuestas,
de llamar a especialistas, de convencer con su discurso, de hacer cuanta
modificación quieran, elijen callarse, elijen no ir. O van, pero juegan al
juego de las sillas para especular, o se sientan en el apoyabrazos como la
mujer de “tenemos que dejar de robar por 2 años” a decir que no van a debatir
porque aun no tomaron la decisión ¿Y qué hicieron hasta ahora? ¿Estaban jugando
al Candy Crush? El Pueblo te pone ahí para que tomes decisiones entendiendo que
tenes el tiempo suficiente porque no tenes otros trabajos más que el estatal y
en todo caso que la decisión te ayude a formarla el debate que se plantea. Pero
no, no van, y si el debate no se da, lo festejan como un triunfo.
Mal
vistos están personajes como Martín Lousteau porque da quórum a pesar de estar
en contra del proyecto para presentar una propuesta distinta. Si te opones no
podes dar lugar siquiera al debate, al menos eso planteaba la legisladora
Alcira Argumedo en un tweet que después borró.
Mal
visto está sentarse y trabajar. Mi trabajo es dibujar planos, planos que me
gustan y planos que no, pero que tengo que hacer igual. Lo único que se le pide
a este grupo es: sentate y trabaja, e incluso por hacer eso se te va a pagar un
abultado sueldo, se te darán fueros y jubilación de privilegio. Por eso no
entiendo por qué no quieren abrir el debate para definir algo importantísimo
que no les va a tocar a ellos, sino a nosotros y a los infelices que les tiran
piedras desde afuera. Entiendo que no lo quieran, entonces trabajá más, andá a
la sesión con una decisión tomada, presentá un proyecto superador, llamá a especialistas
que traigan luz al tema, investigá, alargá el debate, hacelo serio y con
conciencia. Porque a diferencia de lo dice Myriam Bregman está decisión no la
toma la calle, la toma ese recinto haciendo lo que se supone que deberían saber
hacer: política. Y no patoterismo.
Publicado
por Juani Martignone
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