Sobre juicios justos

Sinceramente no tengo recuerdos de ese tiempo, por una cuestión lógica de la edad, pero sí recuerdo como el tema me atrajo y al estar tan bien documentado tuve la posibilidad de leer e incluso ver mucho de lo que sucedió en la Argentina cuando apenas tenía 3 años y me preparaba para empezar el jardín de infantes en un país que transitaba un proceso de transformación definitivo.
Cada vez que recuerdo, leo o hablo del juicio a las juntas siento una especie orgullo del modo que nos comportamos como país aún con todos los vaivenes que luego vinieron. Porque prefiero que la sociedad y el Estado hayan dicho nunca más a lo ocurrido a diferencia de nuestros vecinos de Uruguay, Chile o Brasil que optaron acordar con las fuerzas armadas que había llevado a cabo dictaduras sangrientas. También elijo el modo argentino a diferencia de los juicios que se hicieron en otros lugares del mundo. Acá a diferencia de los juicios de Nuremberg quienes juzgaron no fueron los extranjeros vencedores de una guerra y a diferencia de la Comisión por la verdad y la reconciliación de Sudáfrica acá no se les preguntó a las víctimas si querían confesar, juzgar, perdonar o simplemente callar.
En Argentina en 1985 se llevó a cabo un hecho conocido como el juicio a las juntas: un tribunal de civiles juzgó a los comandantes en jefe responsables de la última dictadura militar. A pesar de que hacía muy poquito que habían dejado el poder y todavía conservaban todo su poderío de fuego, se los puso a todos en un banquillo y se los juzgó como a cualquier civil, con el rigor pertinente del código penal pero también con todas las garantías que brinda la democracia y el Estado de derecho. Democracia y Estado de derecho que ellos mismos habían violado. Como un acto de obstinación no pagaron con la misma moneda.
Como le corresponde a cualquier ciudadano, los acusados atravesaron el juicio en libertad, tuvieron su posibilidad de defensa y de apelación al fallo. Por otro lado, las acusaciones no se sacaron de la galera con un pase mágico sino que para investigar lo sucedido y para hacerlo de la manera más justa posible se conformó una comisión compuesta por personajes notables de la sociedad en donde entre otros había representantes de todas las religiones, técnicos, científicos, el médico René Favaloro, la periodista Magdalena Ruiz Guinazú y la activista por los derechos humanos Graciela Fernández Meijide, todos presididos por el químico y escritor Ernesto Sábato. La variedad y la trayectoria de cada uno de ellos, servía como aval de búsqueda de la verdad por más dura o desconocida que fuera. El informe de 55.000 páginas elaborado por esta comisión, la Conadep, no sólo sirvió como pruebas acusatorias sino que también por primera vez pudo conocerse exactamente lo que sucedió respecto de la desaparición de personas tanto en la última dictadura militar como así también de las desapariciones perpetradas incluso en democracia (al menos esto informaba el libro “Nunca más” original de los 80, que luego fue modificado y sólo se conservaron las desapariciones en dictadura).
Sabiendo la verdad de lo sucedido, acusando con fuertes argumentos, respetando todos los derechos de los acusados, sacándose de la cabeza quiénes eran, quiénes fueron, qué les hicieron, basarse completamente en hechos y sabiendo como una verdad colectiva e implícita que eran culpables, se celebró el juicio a las juntas y se llegó al fallo y luego de él los puso a todos detrás de las rejas. Acá acusaron los propios y de distintos sectores del pueblo a diferencia de Nuremberg. Acá no se consultó si prefería perdonar como en la Comisión de la verdad y la reconciliación, acá si se había cometido un delito se lo condenó. Acá se prefirió no llegar a acuerdos con quienes habían cometido delitos. Acá, sin amnistía, sin revancha y pesar de lo que luego sucedió con el fallo dictado en este juicio, se supo la verdad, se hizo justicia y se hizo vanguardia en el mundo en materia derechos humanos, no sólo por hacer justicia por delitos de lesa humanidad cometidos sino por tratar de modo humanitario a los acusados sin dejarse llevar por pre conceptos.
Cuando “recuerdo” este juicio tengo mi primer y casi único atisbo de ese orgullo nacional al que tanto me opongo. Por eso es que quiero sentir completo orgullo y quiero que todos los juicios en este país se lleven a cabo del modo que este se llevó, tanto para quien cometió crímenes gravísimos como para el que se robó una lapicera. ¿Por qué si alguna vez pudimos hoy no vamos a poder? Diría que a la luz de los últimos hechos sucedidos quizás la respuesta sea que hoy no queremos y entonces me siento cada vez más lejos del país que pretendo que seamos.
No sé si Cristina Kirchner es o no culpable y no entiendo los menesteres de las causas, tampoco tengo que entenderlos, quienes deben hacerlo son los jueces y los abogados. Lo que sí sé, o más bien, lo que sí quiero es que tenga juicios y procesos justos, donde las pruebas sean recolectadas por gente confiable, dónde sus garantías y derechos sean respetados, por su presunción de inocencia primero y por su condición humana sobre todo, del mismo modo que se les respetaron a los militares en el juicio que vine mencionando. Por supuesto que los tipos de delitos son inconmensurables pero en ese momento creo (no lo viví, sólo lo creo) nadie pensaba que los militares eran inocentes y hoy creo que queda muy poquita gente que piensa que la ex presidenta no cometió ningún ilícito. Que ese pre concepto que podemos afirmar casi con seguridad no nos lleve atropellarnos cuanto derecho y garantía se nos cruce sólo por revancha.
Quien me conoce sabe que soy el primero que pretende que los miembros del gobierno anterior que cometieron una lista enorme de ilícitos paguen con el rigor que la ley indica, pero no quiero que sea a cualquier precio. Quiero que el proceso se respete como corresponde, por una cuestión de fortaleza de las instituciones y por otro lado para que no quede ninguna de duda de lo realmente sucedió. Como no me da lo mismo la justicia institucional que la justicia por mano propia, no me da lo mismo que se pretenda hacer justicia de cualquier manera. Pretendo vivir en un país que aspire a tener juicios lo más justos posibles, más juicios que se parezcan al que alguna vez supimos hacer como el juicio a las juntas.

Publicado por Juani Martignone

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