Salvaje, salvaje país


Aunque no lo suelo hacer por esta vía porque no es la intención, y porque además quienes me conocen saben que lo estoy haciendo siempre por otros lados, en esta ocasión voy a recomendar una serie, eso que está de moda hoy en día y que es de cada vez más fácil acceso. Lo hago porque creo que al verla mantiene el espíritu de vernos un poco como somos como sociedad y esta sí es una de las intenciones. La serie en cuestión (técnicamente serie-documental) se llama “Wild wild country” y es original de Netflix.
Comienza (acá por las dudas pongo el aviso de spoiler alert aunque trataré de no hacerlo para que la vean) con un viejito contando como aquel día del año 1981 vio en su pequeño poblado de 40 personas aparecer a un claro forastero vestido íntegramente de rojo (quienes nacimos en pueblos sabemos identificar muy bien forasteros) que tras una brevísima charla le cuenta que se está mudando a una finca que compraron y le dice “pronto seremos más”. Es ahí cuando la gente de este pequeño pueblito en Oregon llamado Antelope se entera que en su territorio se está por crear la comunidad religiosa más grande que se haya visto, Rajnishpuram, que tiene como gran líder espiritual a Bhagwan Shri Rashnish, hoy más conocido como Osho.   
Luego de un primer capítulo muy informativo la serie comienza a aumentar la tensión en un in crescendo que resulta muy natural pero que cuando te querés acordar ya se abrió una grieta profundísima entre dos bandos, por un lado los sanniasins, seguidores del gurú hindú, que viene a crear una comunidad de más de 10.000 personas que meditan, bailan, son consumistas y promueven al sexo libre. Por otro los habitantes originales de Antelope que en su mayoría eran jubilados, de vida simple y apacible y bien yankees. Los relatos contados por los que aún viven de ambos bandos están tan bien narrados que me resultó muy difícil comprender cuál fue el punto en el que la situación se volvió irreconciliable, en qué momento se radicalizó tanto que se formaron dos grupos bien cerrados en sus ideas en donde el dialogo ya no es posible y que para defender su posición es necesario ir por todo, y cuando digo “por todo” es por todo.
La elección de los relatos de los protagonistas y los momentos en los que presentan en la serie hacen que a uno como espectador le cueste bastante adoptar una posición, uno puede lograr empatizar con ambos lados y a su vez parecerles terriblemente fascistas ambos. ¿Quién podría oponerse a una comunidad en la que el amor, la risa, el autocultivo y la meditación son sus pilares? Ahora, cuando se empieza a tratar de ignorante al que no tiene tus mismas prácticas o sus mismas búsquedas intelectuales, empieza a hacer ruido. ¿Quién podría oponerse a que un puñado de viejitos viva tranquilo su retiro en un pueblo tradicional sin sobresaltos? Ahora, cuando a rechazar a todo aquel extranjero por el simple hecho de ser extranjero o ser un desconocido también hace ruido, sobre todo en país que vivió el Ku Klux Klan.
Entre la cantidad de cosas que te deja para pensar este documental de un hecho real sucedido en los años 80 y que te lo cuentan con la lógica de una serie, se encuentra un punto importantísimo de los cuales los seres humanos venimos siendo presas constante y rotativamente desde hace por lo menos 2000 años, y son los líderes que mueven masas multitudinarias en donde quizás las ideas originales son buenas y positivas pero el punto está en cómo necesitan de sus fiel para mover engranajes, a veces espurios.

Osho ante sus seguidores sanniasins en una típica imagen que se les toma a los líderes tiranos


Y necesitan de un fiel bien fiel, que no cuestione al líder ni al movimiento, que no se haga preguntas y sólo escuche lo que tienen para decirle, que mantenga la alegría porque de esta forma nunca se darán cuenta cuando lo estén esclavizando. Muestra también cómo la acumulación de poder simbólico y la confianza de multitudes lo vuelven al líder alguien plausible aunque cometa todo tipo de delitos y por consecuencia exonerado de los mismos ante la opinión pública, como todas esas ideas de amor siempre son para sí mismos, todo aquel fuera de la agrupación merece el peor de los rechazos y sobre todo, ese karma que tienen los líderes teocráticos en los que las ideas de despojo de lo material siempre corren para el pueblo, pero ellos si son dignos de tener 90 Roll Royce o varios Rolex de diamantes.
Esta mirada sobre este hecho en particular de la historia norteamericana y sobre la caída de la sociedad en nuevos dogmas también está en el capítulo del líder de Los Simpsons con un tono más hilarante y explotando el humor del absurdo. Una vez que vi está serie comprendí sobre qué hecho puntual estaba hablando uno de los capítulos que más vi de uno de mis dibujitos animados preferidos.
Por el otro lado la serie te muestra esta cuestión conservadora que tenemos como sociedad en la que cambiar los parámetros preestablecidos en principio en un no rotundo. Cuán cerrados nos encontramos al diálogo cuando de cambiar se trata. Cuán maniqueos nos transformamos cuando vemos cometer delitos y queremos tirar absolutamente todo por la borda lo que venga de ese lado. Cómo genera empatía ser parte de la resistencia, ser el que resiste al avasallamiento inmoral de gente que entre otras cosas es un poco turbia ante la ley, pero cuando nos preguntan nuestro deseo es que “No vuelvan más”. No es casual que el título de la serie provenga de un tema de música country de Bill Callahan llamado Drover (tema que también musicaliza la serie) en el que se fomenta los “valores americanos”.
Mi interés en pensar esta serie es que si cambiamos sanniasins y oregonians por otros dos grupos religiosos o no, nos vamos a dar cuenta que son prácticas cíclicas en las que caen las sociedades y parece que nunca aprendemos de ellas. Porque, entre otras cosas, lo peor de todo es que este hecho sucedido entre el 81 y el 85 fue un hecho completamente olvidado y hoy Antelope muestra con orgullo una placa de honor por la resistencia y los libros de Osho y sus enseñanzas se siguen vendiendo como si nada hubiera pasado.
Porque está más que claro que los pueblos que olvidan su historia tienden a repetirla.  

Publicado por Juani Martignone
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