Todes les chiques están contentes o preocupades con le lenguaje inclusive
Quizás para muchos es una novedad
haber escuchado a una joven decir “Les diputades…” pero para quienes navegamos
a diario por las redes sociales, el lenguaje inclusivo es moneda corriente
desde hace mucho tiempo. Utilizado ferviente por una rama del feminismo como
así también por aquellos que pretenden burlarse él. Y es lógico, cuando
escuchamos a alguien hablar de esta manera, la primera reacción es el rechazo,
como todas las primeras reacciones del ser humano ante lo desconocido.
Es importante decir que el
español como lengua viva siempre está constante ebullición, en constante
cambio, justamente porque está vivo. Aquellas lenguas muertas (latín,
sanscrito) son las que ya no cambian y a las que nada se les puede discutir o
criticar. Por eso es que me parece interesante plantearnos el dilema de si nuestro
lenguaje es sexista, segregador o discriminador. Y aunque, como buen amante de
las letras, el 99,9% de las veces me quejé, entiendo que todas son búsquedas
pero no por eso las acepto así porque sí. Sino más bien trato de desmenuzar la
idea tanto gramatical como socialmente para comprender así si logran o no su
cometido analizando qué se llevan puesto en el camino y si ese fin lo
justifica.
El primer intento que noté hace
varios años fue el de la incorporación de un sustantivo en género femenino
junto a un sustantivo del género masculino para representar una totalidad. Y
fue así que llegó el “Todos y todas” “Compañeros y compañeras” “Amigos y
amigas” “Alumnos y alumnas” y etcétera, etcétera, etcétera.
Si hablamos gramaticalmente de
este intento, lo primero que podemos decir es que viola una de las reglas
básicas del idioma: la economía. Los lenguajes (no sólo el español sino los
lenguajes en sí, por eso vamos a correr a la RAE del medio) deben ser
económicos, se tiene que decir mucho hablando o escribiendo poco. Si uso muchas
palabras para decir algo que se podría haber dicho con menos entonces estoy
haciendo un uso incorrecto del lenguaje (insisto, cualquier lenguaje) además de
que lo volvería retorcido, redundante y difícil de implementar. Aunque nos pese
en el idioma español los masculinos son los que representan al conjunto. En
alemán serán los femeninos los que lo representen, pero ningún varón se sentirá
excluido porque, como acá, todavía ellos tiene una posición de privilegio ante
las mujeres. Sería más o menos cuando dicen de mí que soy UNA persona, se está utilizando el género femenino pero bajo ningún
punto de vista consideramos que un varón no es UNA persona. UNA persona
incluye tanto a varones como a mujeres.
Si nos enfocamos en lo social,
porque hablar de gramática hoy se equipara a hablar de una dictadura, voy a
citar a la madre del feminismo moderno: Simone de Beauvoir. Y a su obra,
considerada hoy, como la piedra fundamental o la biblia del feminismo: El
segundo sexo. En ese libro Simone nos cuenta como la individualización
del género femenino respecto de los conjuntos pone a la mujer en un segundo
lugar como un segundo sexo. Por eso si yo digo “todos y todas” estoy dando
cuenta que existen dos clases de personas, los “todos” y las “todas” y siempre
que se hacen esas diferenciaciones es la mujer la que ocupa ese segundo lugar.
Por eso es que proponía que la mujer esté incluida en ese colectivo y que al
decir todos (si hablamos del español, si hablamos del alemán sería “todas”)
estén incluidos varones, mujeres, niños, negros, judíos, musulmanes porque
todos somos iguales nadie es el segundo de nadie. Y en efecto así funciona,
cuando yo por ejemplo digo que tengo muchos amigos, mi cabeza no piensa sólo en
los varones, piensa en todas aquellas personas con las que entablé una amistad:
varones, mujeres, trans. Cuando hablo por teléfono con mi mamá y me dice que
tiene la casa llena, le mando saludos a todos y me estoy refiriendo a cada
individuo que allí se encuentra, no sólo a los varones. Simone de Beauvoir
detestaba que se la califique como una MUJER
que luchaba por la igualdad, pretendía que se diga de ella que era una PERSONA que luchaba por la igualdad,
sin importar cuál fuera su género. Consideraba que hacer hincapié en lo
femenino era ponerlo en el lugar del segundo sexo y creo que nadie se atrevería
a decir que Simone fue machista.
Sorteado el problema del
sustantivo masculino más el sustantivo femenino una nueva propuesta intentó
mantener la economía del lenguaje y su vez ser inclusivo con todos: fue la
incorporación de la “x” o el “@” en el lugar de la letra que define el género
en las palabras. Y así llegaron lxs hijxs, lxs hermanxs, tod@s, l@s egresad@s y
etcétera, etcétera, etcétera.
Si hablamos de gramática lo
primero que podemos decir es que el @ no es una letra sino un símbolo y como
tal no puede ser incorporado al lenguaje escrito. Aunque tenemos símbolos que
hoy en día incorporamos a la escritura para que al pronunciarlos no cambie el
sentido como “voy x + que no estén” (y esto no es privativo de los que
escribimos en español, en inglés podemos leer “do it 4U”) la “x” y el “@” tienen
un problema: en esas palabras no se pueden pronunciar. Por ahora dejaremos a un
lado que tampoco puede hacerse un análisis lingüístico y que a Saussure
le estaría dando un ACV si viviera.
Podrán decirme que no importa
poder pronunciar las palabras siempre y cuando uno al leerlas las entienda y
comprenda que se dirige a todo un colectivo, pero en el momento en el que
tengamos que leer en voz alta un texto que diga “lxs trabajadorxs” vamos a tener
que optar por decir “los trabajadores” o “las trabajadoras” y si seguimos la
lógica primera estaríamos siendo sexistas, discriminadores y segregadores desde
lo oral.
Y aquí es donde está la clave. Si
vamos a lo social es primordial comprender que el lenguaje es sobre todo oral.
Las personas (salvo algunas con ciertas capacidades distintas) aprenden primero
a hablar y luego a escribir. La escritura es una traducción en signos de
aquello que hablamos y no al revés. Refleja los sonidos que pronunciamos por
eso si escribimos “Qué querés” o “Ke kerés” todos vamos a entender exactamente
lo mismo sin ninguna ambigüedad ni decisión que tenga que tomar la persona que
lo lee. Por eso es importante pronunciar, porque la lengua oral no está para
resolver los dilemas escritos sino que los escritos son los que vinieron para
resolver los problemas orales y es entonces es que hoy podemos escribir
“Guglear” o “tuit” porque ya lo
pronunciábamos así y la escritura lo dio una mano. Si de las 6100 lenguas
conocidas sólo 100 se escriben con esta propuesta nos quedarán aún 6000
problemas más por resolver.
El último intento que viene de
larga data pero estalló los últimos días en los medios masivos de comunicación fue
la utilización de la letra “e” en el lugar de las letras que definen género,
por lo que entonces podríamos decir “Todes les chiques están contentes o
preocupades por le lenguaje inclusive”
Si lo queremos ver desde el lado
de la gramática tenemos que mencionar a Ferdinand de Saussure considerado el
padre de la lingüística moderna. Un lingüista o un fonoaudiólogo podrán
explicarlo mejor pero, en líneas generales, estudió la estructura de las
palabras independientemente del idioma para encontrar en ellas una lógica de
combinación de sonidos (fonemas) y de combinación de unidades (morfemas).
Descubrió que cualquier sonido no va con cualquier sonido aunque haya idiomas
que lo representen con distintas letras. Nosotros decimos “y” y un yanqui para
decir lo mismo escribe “sh” el sonido, el fonema, es el mismo. O bien cuando
nosotros leemos arroz y un chino lee “aloz” es porque para ellos el fonema de
“rr” suena “L”. Lo mismo sucede con los morfemas que son aquellas unidades
mínimas que posee significado, por ejemplo “chic”, si le agregara una “o” pasa
a ser “chico” si le agregara una “a” pasaría a ser “chica” ahora si le queremos
agregar un “e” y queremos pronunciarlo tenemos que destruir el morfema para
transformarlo en otro que sea “chiqu”. O sea que el mismo morfema no lo podré
usar para toda la familia de palabras que pretendo.
Quizás sea el momento de dar por
finalizada las teorías de Saussure que sirven para absolutamente todos los
idiomas que habla el ser humano y sea el momento de descubrir una nueva. Pero
hasta el momento esa teoría, ese lingüista, ese paper no aparece. Sólo un
puñado de buenas intenciones y con eso solo no alcanza.
En cuanto al ángulo social se
dice que la “e” no sólo quiere ser inclusivo con varones y mujeres sino dar
cuenta de aquellas personas que no se identifican con algún género como algunos
trans o algunos intersexuales. Pero para que esto sea real tenemos que asumir
que la letra “o” corresponde estrictamente al varón y la letra “a”
estrictamente a la mujer y sinceramente no creo a Rafael Nadal se lo asuma
una mujer por es un tenistA. Y si queremos decir que la “e” refiere a una
indefinición sexual entonces ya no podremos usar la palabra “pibEs” como la
veníamos usando y mucho menos la palabra “HombrE”.
Las letras no nos definen como
somos, una “a” no nos hace mujer una “e” no nos hace trans, el lenguaje es
mucho más rico y complejo, sólo hay que saber usarlo. Somos nosotros como
sociedad los que le damos ciertas cargas a las letras y a las palabras. “Coger”
en España tiene una connotación muy distinta
la que tiene en Argentina aunque hablemos el mismo idioma porque las
sociedades son distintas. Debimos incorporar la palabra “presidenta” porque a
una palabra sin género como “presidente” ya la habíamos cargado de
masculinidad.
Si pensamos en la lenguas
amerindias nos vamos a dar cuenta que no tenían marcas de género masculino o
femenino y sin embargo eran sociedades profundamente patriarcales. Hoy tenemos
a la lengua turca que tampoco tiene marcas de género y Turquía se caracteriza
justamente por tener una sociedad muy desigual para las mujeres. Ahora bien, el
finlandés que tampoco las tiene es una de las sociedades más igualitarias. Y si
nos vamos al hebreo que hasta los verbos tienen distinción de género nos vamos
a dar cuenta que eso tampoco acortó la brecha sexista.
Esto nos demuestra que no existe
una relación directa entre el lenguaje, el género, el sexismo y la
discriminación. Las lenguas no son discriminadoras per sé, somos las sociedades
las que le damos esas impronta.
Para tener una sociedad más
igualitaria podemos cambiar el lenguaje si queremos pero si no empezamos nosotros
mismos a incluir al otro, seguiremos siendo sexistas, segregadores y
discriminadores, pero eso sí, con lenguaje inclusivo.
Publicado por Juani Martignone
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