Universidades para elites


Una nueva declaración desafortunada y una nueva polémica que lo único que hace es dar piñas al aire nos circundó por estos días. Otra vez la gobernadora de la provincia de Buenos Aires volvió a tirar una frase contra la educación en un tono que sonó despectivo. Palabras más, palabras menos dijo “¿Es equidad que durante años hayamos poblado la provincia de universidades públicas cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?”. Por supuesto que los primeros que saltaron fueron todos aquellos que durante 3 o 5 años pudieron mantener la cuota al día de una universidad privada para graduarse de esas carreras cool y hoy parase en la posición del comprometido social impostando pobreza y acusando con vehemencia a todo aquel que tenga algún sueño banal en su vida. Los pasamos por universidades públicas sabemos que a pesar de lo cruel que suene en cierto punto no deja de tener razón.


Yo tuve el privilegio de conocer y cursar en una de las 100 universidades más prestigiosas del mundo a la cual no se paga un solo peso para acceder. Transcurrí muchos más años de los que me hubiese gustado por la Universidad de Buenos Aires, la UBA. Y claro está que, como en cualquier institución educativa pública, uno se topa con un crisol de realidades y condiciones sociales pero también uno ve que a medida que los años van pasando los que sobreviven siempre en su mayoría son los que más recursos tienen. Los que viven con sus padres, los que no tienen que salir a trabajar, los que pueden acceder con mayor facilidad al material educativo, son los que más rápido se reciben.
Para todos los demás todo es cuesta arriba, no imposible, simplemente dificilísimo. Difícil estudiar medicina y trabajar si las materias son en horarios rotativos. Difícil estudiar arquitectura si no podes comprar foamboard y UHU. Difícil trabajar y estudiar cualquier carrera de noche con el sistema de transporte público deficiente con el que contamos. Siempre recuerdo que a una mis mejores amigas de facultad la conocí porque con otra amiga nos acercamos a ella para pedirle el libro de historia contemporánea para fotocopiar. Nosotros no podíamos comprar todos los libros y a diferencia de las universidades pagas acá no te pasaban una fotocopia con el resumen del pensamiento de Marx, tenías que encerrarte en la biblioteca a leer El capital, si es que había algún tomo disponible para vos, sino capaz llegabas al examen sin haberlo leído y quizás la recursabas y quizás nunca te recibías. Y quizás eso de ser pobre y llegar a una universidad es una utopía que quedó en aquellos años de grandes inmigraciones, de la llamada generación del 80 donde “m´hijo el dotor” era una realidad. 
Para los que menos tienen, los pobres, todo es más difícil y la universidad no es una excepción. Es parte de un sistema que tiende a ser elitista en el que ganarle y contradecirlo es todo un desafío. Por supuesto que existe el caso del cartonero que recibió de ingeniero en biotecnología, pero si ponemos a todos los cartoneros que tenemos hoy a estudiar en la universidad la mayoría terminará por desertar porque la lógica que se aplica en las universidades públicas no es de inclusión sino de exclusión. Siempre se necesita reducir el número, porque de hecho sos un número para ellos. Ganarle a ese sistema no es imposible (he leído con atención todos los casos que expusieron sobre cómo alguien que no tenía nada llegó a ser un profesional recibido y exitoso) pero sin dudas te empuja a que sea la excepción.
Es cierto que no se logra más inclusión sólo poniéndote una universidad en la esquina de tu casa sino dándote mejores oportunidades. Si escuchan lo que sigue en el discurso de Vidal hace una analogía al referirse que no quiere más policías sino mejores policías. Y ese es un punto coyuntural en la educación, si debe haber más instituciones educativas o mejores instituciones, con educación de calidad ¿Es justo abrir más universidades en las que te enseñan clown o artes del fuego en el conurbano pero para estudiar medicina u odontología tenes que si o si ir a la ciudad de Buenos Aires? ¿Es inclusivo? ¿O se le está dando al vive en las zonas más pobres lo máximo que puede aspirar (artesano profesional) y al ciudadano de la ciudad más rica del país las profesiones mejores remuneradas (médico profesional)? Los números dicen que, en efecto, hay pobres que llegan a la universidad pero no es la norma, es casi la excepción. Sólo 2 de cada 100 pobres llegan a la universidad y eso no lo revirtió la inauguración de más “universidades Jauretche”.
Si además sos de aquel 0,001%, como yo, que no se quedó con la frase rimbombante que replicó por todos lados y viste el video completo aquí compartido más allá del minuto 13 habrás visto que el propósito de dicho comentario no fue hacer tanto hincapié en las horda de universidades que arribaron en 2009 y que cuentan con magros presupuestos, carreras de poca salida laboral y dudosa calidad, sino en cómo se llega a estas universidades. O sea en la calidad deficiente de la educación inicial como motivo de la poca llegada o el poco éxito en las universidades en los que siempre se ven más afectados los pobres.
En los números de nuestro país vemos que a medida que el tiempo pasa cada vez menos chicos terminan el colegio secundario y de aquellos que terminan el 70% no sabe comprender textos de complejidad media ni resolver problemas matemáticos. Lo vemos todos los años cuando cada vez es mayor el número de bochados en el examen de ingreso de alguna universidad o los desastrosos resultados los exámenes internacionales ubicándonos debajo de Guatemala o en tener el record del porcentaje más bajo de egresados en la universidades de toda la región (sólo un 28% de los que ingresa se reciben cuando en Brasil o Chile el número es mayor al 50%). Y acá los más damnificados no son los chicos de escuelas privadas que fueron preparados para la universidad o los de Nacional Buenos Aires o Carlos Pellegrini a los que les enseñan latín, leen 10 libros al año y que cuando terminan tienen el CBC adentro. Son los de las escuelas públicas, los más pobres. Los que teníamos que compartir un manual entre 4 porque había pocos ejemplares en la biblioteca, los que no teníamos docentes que puedan enseñar laboratorio de mediciones eléctricas, los que para hacer un viaje de estudio a un museo de Buenos Aires teníamos que hacer una rifa.
Si no podemos garantizar la educación secundaria de calidad y parar la deserción escolar ascendente ¿está bien que hablemos de crear más universidades para que 2% de pobres tenga movilidad social? ¿Acaso el problema no está antes, en la escuela secundaria? ¿O antes, en la primaria? ¿O antes, en la inicial? ¿O antes, en las necesidades básicas cubiertas? Discutimos un problema de elites porque llegar a una universidad es para una elite. Y con “llegar” no me refiero a inscribirse en la primera carrera que vemos en la universidad que tenemos más cerca para “tener un título de algo”. Eso no es la calidad y la movilidad social que debería dar una universidad.

Porcentaje de chicos que llegan a la universidad luego de haberse graduado del colegio secundario


Como he dicho en varias oportunidades, toda la educación que recibí a lo largo de mi vida fue pública, estatal, gratuita y laica. Del jardín de infantes casi no tengo recuerdos pero si recuerdo que cuando terminé la escuela primaria me sorprendió mucho que algunos compañeros (algunos pocos realmente) no siguieran estudiando en el secundario. Y también recuerdo muy bien como casi la mitad del curso que terminó conmigo el secundario no siguió estudiando en niveles superiores. Como si en cada instancia se pasara un filtro y quedaran cada vez menos. Menos pobres, por supuesto. Y los que sobrevivíamos a esos filtros no siempre éramos los mejores promedios.
De la educación pública valoro absolutamente todo, allí aprendí de diversidad y de igualdad de condiciones cuando los más pobres del pueblo se sentaban al lado del más rico de pueblo y eran pares. Pero sobre todo me quedó algo que lo valoré mucho tiempo después cuando lo pensé haciendo raccontos mentales de aquellos tiempos, y fueron los docentes. Docentes que daban todo porque aprendieras algo en esos 5 años de educación superior. Algo, al menos alguito que te quedara y te sirva porque ellos sabían muy bien (nosotros no lo percibíamos) que era muy probable que eso que aprendías era lo único que ibas a aprender en tu vida. Sabían que la realidad de muchos obligaba a que una vez que reciban su diploma de egresados les tocaba subsistir, seguir estudiando era un lujo que nos podíamos dar pocos.
En las escuelas públicas, esas a las que van los más pobres, no nos preparaban para la universidad, sólo se contentaban con que nos quede algún dato, algún concepto, alguna idea, aprender a leer un diario, aplicar el teorema de Pitágoras o arreglar un velador. Sólo eso. La calidad de la educación para un pobre no es la misma que la calidad de educación para un rico, en una o en un millón de escuelas y eso es determinante en el posible futuro ingreso a una universidad. Por más que les parezca terriblemente cruel a esos chicos de escuelas privadas.           

Publicado por Juani Martignone
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