La importancia de los debates
Esta historia data de hace mucho
tiempo, es por eso que la mayoría que la milita ni siquiera sabe que fue en un
Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario en el año 2003 cuando se empezó a
hablar seriamente de este tema y que luego de varias idas y vueltas fue recién
en 2006 cuando se llegó al primer proyecto de ley para legalizar el aborto.
Incluso habrá pocos que sepan que desde el 2006 al 2018 el debate del proyecto
fue rechazado una vez tras otra sin siquiera escuchar razones.
Muchos dicen que esta es una
“moda verde” y que se milita para ser cool sin siquiera saber de dónde viene y cuál
es su historia. Y en parte es cierto. Yo, por ejemplo, en el 2003 ni siquiera
tenía el conocimiento que todos los años se hace un encuentro nacional de
mujeres, tampoco quien era Diana Maffia, ni siquiera que Carmen Argibay estuvo
detrás de este proyecto. Tampoco lo supe después. Recién llegó a mí cuando esta
ola verde empezó a inundar las calles, cuando después de 12 años se habilitó la
posibilidad de hablarlo, de ponerlo en agenda, en la agenda de todos.
Nos guste o no, haber abierto el
debate nos obligó a todos a establecer una postura, algunos investigamos un
montón, escuchamos, debatimos entre nosotros. Y otros simplemente escucharon a
su corazón. Todos llegamos a una conclusión y mal que a muchos les pese, todas
son válidas.
| Exposición de la escritora Claudia Piñeirio en el plenario del Senado de la Nación |
Por supuesto que en medio también
hubo violencia. De un lado tuvimos a Luciana Peker contándole la cantidad de
hombres con la que se acostó Amalia Granata. Una Claudia Acuña que le indicó a
Maru Botana que no podía hablar de “cuidar dos vidas” cuando a ella se le murió
un bebé y a una Malena Pichot que, además de insultar a todo aquel que no
piensa como ella, les anuló la posibilidad a las mujeres del “Cambiemos” para
hablar de feminismo. Lo bueno es Amalia Granata y Maru Botana no se intimidaron
y siguiendo defendiendo el aborto clandestino y a pesar de anulación de Male,
Silvia Lospennato, del PRO, convenció a uno por uno de los indecisos y los en
contra y dio un discurso feminista que hizo llorar hasta Mayra Mendoza.
Del otro lado gritaron “asesinas”
hablaron de “genocidio” y hasta el mismísimo Papa definió el tema como “nazismo
de guante blanco”. Repartieron fetos de plástico de 25 semanas, hicieron
rituales, retaron desde los púlpitos todos los domingos y hasta fueron a buscar
al colegio a los hijos de los legisladores pro aborto para contarles que sus
padres eran asesinos. Aun así a la plaza del Congreso fueron 1 millón de
personas con pañuelo verde, contra todos los pronósticos la cámara de diputados
dio media sanción a la ley y hasta la ex presidenta que había rechazado el
debate por el hecho de que ella misma había perdido embarazos hoy dice haberse
dado vuelta y alega votar a favor de las mujeres sin importarle por primera lo
que a ella le sucede.
Confieso ser de las personas que
hasta este debate se declaraba profundamente en contra del aborto pero como el
tema siempre me interesó no hice más que estudiar la historia del tema y seguir
minuto a minuto los argumentos esgrimidos tanto a favor como en contra, y
tratándome de sacar la idea romántica que todos vivimos cuando escuchamos por
primera vez los latidos de un embrión y nos emocionamos, porque esto se trata
de aquellas mujeres que ni siquiera quieren escucharlos porque no lo desean,
porque detrás tiene un bagaje de motivos por el cual esa no es una grata
noticia. Si, aunque a muchos les parezca cruel, eso sucede. Y justamente de eso
se trata de dejar de pensar en la historia personal para pensar en el bien
colectivo.
Escuché argumentos variopintos en
un marco de respeto y terrible pluralidad como nunca había visto, porque si
algo tiene que suceder no es imponer nuestras ideas sobre los otros sino
discutir, debatir, explicar, y eso ocurrió, en un debate que sea cual fuere el
desenlace jamás había escuchado en el Congreso argentino. Un Congreso que por
momentos me había parecido una escribanía o bien, un conventillo. Tal es así
que las posiciones se fueron moviendo para encontrar acuerdos, hubieron
modificaciones, reinterpretaciones, cambios de opiniones, salvo de que aquellos
que rechazan y ya. Sea como sea el debate nos dejó varios aprendizajes.
Aprendimos que la ciencia no
tiene una única definición de cuando empieza la vida humana, si en cambio tiene
una única definición de cuando empieza la vida celular y es en la concepción.
Aprendimos que la vida celular la desechamos constantemente en nuestras vidas
como en las placentas, el cordón umbilical, el semen, el pelo, las uñas,
incluso cuando se desechan embriones fecundados que no son insertados en úteros.
Cuando una persona que respira y le late el corazón pero su cerebro está muerto
también consideramos que sólo tiene vida celular pero no humana por eso podemos
extraerle los órganos. Aprendimos que la vida en nuestro país tiene un valor
arbitrario si una causa es mayor. Poco vale la vida de un soldado si cayó
defendiendo a su patria y es relativo el valor de la vida de una persona que
muere en un accidente, su seguro de vida analizará edad, proyecciones, trabajo,
remuneración, etc. Aprendimos que esa educación que piden para que las mujeres
no aborten ya está legislada sólo que no se aplica. Aprendimos que los raspajes
no se hacen ni en los países africanos más pobres, que sólo se da un
medicamento que puede elaborarse en Santa Fe y que provoca un aborto
espontáneo, que si en 12% de probabilidad que falle se receta otro medicamento
y que en el caso en el que ese 1% falle se pasaría a una especie de aspiración
que ni siquiera lleva anestesia. Aprendimos que junto con América latina, África
y Medio Oriente somos los únicos que creemos en las “dos vidas”, que los países
con aborto legal bajaron sus tasas de mortalidad materna y de abortos en sí.
Aprendimos que quien en un embrión ve un humano es porque lo desea, quien no lo
desea ve un flor de problema. Aprendimos que quien decide tenerlo tiene todo el
soporte del sistema de salud público, quien decide no tenerlo persecución,
prontuario y hasta cárcel. Aprendimos que la decisión del cuerpo es personal y
vaya decisión es afrontar que tu cuerpo lleve un embarazo. Aprendimos que cada
quien puede decidir lo que quiere pero depende de la decisión que tomes serás
tomado como un ciudadano con derechos o un ciudadano de segunda.
Del otro lado escuchamos que
medicas forenses juntaban manitos y piecitos de una palangana, que Rockefeller
le paga a activistas en el mundo para promover el aborto y reducir la población
mundial, que van a salir todos a abortar como salieron los putos a casarse, que
es el fin de la familia, que se usará como anticonceptivo, que además habrá que
pagárselo a los extranjeros, que los hospitales públicos no tiene
infraestructura para recetar Misoprostol, que cuando no tenemos argumentos para
defender una idea podemos copiar textual una charla TEDx y cambiarle los
conceptos por los contrarios, que si nuestra perra queda preñada y regalamos
los perritos podemos hacer lo mismo con nuestros embarazos no deseados, que la
adopción no es la búsqueda de un hogar para un niño sino una opción para
alguien que no quiere tener hijos, no lo dejan abortar, tuvo un accidente,
quedó embarazada y no sabe dónde tirar ese pibe, que se pueden construir
cementerios para fetos, que Galileo Galilei apoyaba “las dos vidas”, que los
senadores se molestan cuando el pueblo para el que trabajan lo interpela, que
el domicilio de un feto es el vientre de la madre, que todavía hay gente que
cree que el síndrome de down es una enfermedad incurable, que el SIDA se
contagia como el VIH y que nada te protege de ese SIDA, incluso la porcelana.
Seguramente y después de tanto,
todos ya tenemos una posición tomada y es difícil que la modifiquemos a tan
poquitos días de la decisión final y aquí reside la importancia de los debates.
No importa cómo llegó cada uno, lo importante es que después de 12 años nos
dieron la posibilidad de hablar del tema, para ser celebrados o perdonados,
pero hablar y escuchar y aprender y definir.
Hoy la palabra aborto está todos
lados como nunca antes, en el Congreso, en los medios, en la calle, en las
oficinas, en los colegios, en las casas, en las preguntas de los que no saben
qué es eso. Lo cierto es que a pesar de creer que no estábamos aptos para
hablar de esto, después de este debate, salga o no la ley, ya no somos los
mismos por eso sería muy poco representativo del pueblo que dejen tal como estábamos
antes de esto.
Publicado por Juani Martignone
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