No dejaremos los pañuelos
Aunque muchos lo vean como algo
trendy que pegó ayer en las adolescentes y actrices, se trabajó mucho para
llegar hasta acá. Ni que hablar para las abogadas, juezas de la corte suprema,
doctoras en filosofía, médicas, psicólogas, activistas y políticas que hace 12
años vienen escribiendo éste proyecto de ley. Algunos como yo, entramos mucho
más tarde, allá por el 2015 cuando el movimiento feminista nos interpeló y nos
obligó a recurrir a los libros y a todo lo que encontráramos para ver de qué
iba esto. Pero fue recién entre enero y febrero de este año que, como diría mi
cuñada, esta “organización de no organizadas que se organizan juntas” decidió
apoyar la octava presentación del proyecto de IVE (interrupción voluntaria del
embarazo) en el Congreso de la Nación y fue a partir de ahí que empecé a
empaparme de este tema que hacía muchos años me desvelaba.
Fueron 8 meses intensos de investigación
y de profunda escucha. Leí textos de todos los tiempos y en todos los idiomas,
recurrí a las feministas clásicas de antaño y me abrí a las nuevas, y a pesar
de considerarme feminista me atreví a criticar
aquello a lo que no le encontré asidero. Estudié con la mayor atención
que pude cada uno de los puntos que propusieron y me negué a aceptarlos tal
como venían. Aquí dediqué textos enteros a aquellas cosas con las que no
concordaba y a pesar de todos los pronósticos, nadie me cerró las puertas, ni
por ser varón ni por detestar a Male Pichot, ni por no hablar el lenguaje
inclusivo. Aun así cambié un montón, tanto en opiniones como en modos de tratar
y de vivir el mundo y creo que fue porque nunca me dijeron “ya vas a cambiar”
simplemente nos concentramos en aquello que
nos unía: terminar con el patriarcado. Eso que no sabía muy bien qué era
pero cuando lo descubrí entendí el porqué de algunas cosas vividas, como dijo
Florencia Etcheves “Es como cuando alguien apaga la música de fondo y ahí te
das cuenta que era eso lo que te molestaba”.
Desde la multitudinaria marcha de
“ni una menos” en 2015 a hoy, el miércoles fue la primera derrota. Y digo
derrota porque se trabajó muchísimo y nos volvimos a casa con nada. Nada de
nada. Ni un poquito, ni siquiera algo cambiado. Todos los argumentos todos,
todos los estudiosos todos, todos los motivos todos fueron rechazados sin más,
sin contrapropuesta para seguir como antes de todo esto. Aunque no exactamente
igual porque hoy sabemos que estos “no organizados” de todos los colores y de
todos los partidos e incluso los que no suscribimos a ninguno, podemos
organizarnos al menos con un fin concreto sin ambiciones de gobernar u ocupar
bancas o tener que afiliarse para pertenecer, simplemente para cambiar el statu
quo y para que cada vez más minorías nos sintamos representados, tener igualdad
de oportunidades y vivir todos un poquito mejor.
Por supuesto que con este
resultado salieron todos con el diario del lunes a opinar. Hoy. No en Febrero
cuando posteamos nuestras fotos en Instagram con nuestro pañuelo verde
en el Congreso, sino hoy nos vinieron a contar en qué nos habíamos equivocado.
“Como se comportaron/manifestaron/comunicaron” “Las referentes” “El lenguaje”
“El relato” “La simbología” “Los argumentos pobres” “La falsedad de las
actrices” “Muy politizado” “El proyecto mal redactado” “Muy inflexibles” “Para
nuestro país es un debate demasiado elevado” “Es un reclamo burgués” “Hay
problemas más graves” “No ganan nada juntándose en un plaza”.
En resumen parece que los
senadores consideraron que el aborto debía seguir siendo clandestino porque
quienes piden legalizarlo son burguesas que están en una plaza pintadas con
purpurina verde, dicen “chiques” y lo hacen por ellas mismas sin importarles si
una pobre puede pagarse un aborto clandestino. Por eso.
No me llama la atención que lo
digan hoy y no en febrero cuando se abrieron las puertas a todo aquel que
quiera participar para delinear una ley que nos ataña a todos, porque esos
motivos que señalan como equivocaciones sólo demuestran el profundo
desconocimiento que tienen de lo que es y de cómo se llegó a eso.
140 oradores en total
manifestaron esos “argumentos pobres” a favor de la legalización del aborto en
las casi 20 audiencias públicas que se llevaron a cabo en el Congreso de la
Nación. La mayoría, médicos e investigadores, cantidades de docentes, abogados,
juristas, constitucionalistas, alumnos, filósofos, psicólogos, activistas por
los derechos humanos, biólogos, embriólogos, periodistas, ex funcionarios
públicos, intelectuales, escritores, sólo tres actrices una de las cuales fue
en representación de muchas más. Todos los ministros de salud vivos pasaron
también por ahí y todos sin importar de donde vienen se manifestaron a favor,
casi implorando la necesidad de la legalización.
Quizás se debió llamar a gente
más lúcida porque parece ninguno pudo dar un argumento sólido. Quizás la
fallecida jueza de la corte suprema Carmen Argibay no debió redactar tan bien
un proyecto de ley. Quizás no se debió elegir el pañuelo verde como símbolo
porque emular a la revolución feminista en Irán llamada revolución verde no
tiene punch en los senadores, en cambio si viene alguien toma la idea del
pañuelo pero lo cambia al celeste, pega como loco. Quizás las actrices tengan
que ir a la mesa de Mirtha Legrand sólo a hablar de última película o de algún
escandalete porque esa es su función social.
Quien sí tiene una función social
bien marcada es la clase política y ¿a quién recurrir si no es a ellos? ¿Se
puede hacer una ley sin la política para que no sea algo “politizado”? Yo creo
no. Y si politizado llamamos partidario también creo que no, me canso de decir
que en el grupo que traccionó esta ley hay una ultra PRO como Lospennato, una
ultra K como Cerruti, una de Libres del Sur como Vicky Donda y una de la “ancha
avenida del medio” como Malena Galmarini. Incluso yo que no milito para ningún
partido y hoy tengo la convicción de que no lo haré, no podría estar en un
movimiento que para darte un derecho que considero justo, a cambio tenga que
votar a tal o cual candidato. Esa idea de que “ese” derecho nos los otorgó un
presidente es completamente falaz si vemos quienes votaron a favor y en contra
por cada uno. Van a ver que cuando de derechos sociales se trata los partidos
políticos no piensan de manera homogénea, cada persona tiene su convicción y
vota en consecuencia, como ser social que es. Por eso los derechos los obtienen
los pueblos usando como herramienta la política (sea del partido que sea) los
políticos no te otorgan nada.
Decir que el movimiento por el
aborto legal es inflexible es desconocer qué se debatió en los últimos seis
meses. El proyecto sufrió grandes modificaciones y se estaba dispuesto a que
sufra muchas más aún. Silvia Lospennato dijo “queremos que modifiquen lo que
crean necesario porque queremos la mejor ley de todas”. Claudia Piñeiro dijo
“Les aceptamos cambios, lo que no les aceptamos es una nada como respuesta”.
Incluso en las instancias del senado se intentó acordar un dictamen de consenso
con quienes querían hacerle modificaciones al proyecto como los tres senadores
cordobeses, el movimiento popular neuquino o el senador Perotti. Pero el
movimiento “provida” anuló esa posibilidad de tender un puente entre el
proyecto presentado y la nada misma.
Está claro que no somos Suiza ni
Canadá y que todavía tenemos muchos problemas estructurales que resolver pero
considerar que porque somos bananeros sólo debemos tener discusiones bananeras
nos mantendrá en esa misma posición: robando bananas. Creer que no estamos
preparados para discutir este tipo de temas es subestimar la inteligencia del
pueblo y caer en esa frase fascista de “porque somos como somos, estamos como
estamos”. Somos mucho más de lo que creemos que somos, sólo que aún no nos
conocemos lo suficiente.
Subestimativo también es
aplicarle un rango de valor a un reclamo “este es importante, este no tanto”
“este es burgués, este no” “este es genuino, este se lo metieron en la cabeza
un par de locas”. Un reclamo puede ser más o menos justo, más o menos urgente,
lo que no puede ser nunca es ignorado porque si alguien reclama algo es porque
de algún modo no se siente representado y eso es una alerta suficiente.
Tampoco sé si copar una plaza con
canticos, purpurina y pañuelos es la mejor manera de reclamar, lo que entendí
es que es una manera de decir “acá estoy, mírame” porque todos suponemos que
muchos de los que deciden los destinos de nuestra sociedad responden a
intereses más poderosos que lo que le interesa a un simple empleado como yo.
Pero lo que no puede hacer es dejar en evidencia que ignoran al pueblo que
representan, por eso si somos muchos los que estamos ahí observando su trabajo,
no es presión, es simplemente para que no se olviden cuál es su función:
legislar para una sociedad que reclama.
Hace dos meses y medio con uno de
los chicos que trabaja para mi grupo venimos con un proyecto ambicioso pero
difícil, dibujamos una y otra vez los planos, corregimos tratando de mirar
todos los detalles y no dejar ningún cabo suelto y entregamos lo que creímos
que era el mejor proyecto de obra para telecomunicaciones. Hace 15 días lo
rechazaron y en los ojos de este chico de 22 años vi quizás la misma
frustración que las pibas en la plaza del 8 de Agosto. Ayer se nos dio la
posibilidad de licitar un nuevo proyecto ambicioso y difícil y sabía que antes tenía que convencerlo
“Vamos a corregir aquello que no gustó pero sin perder nuestro horizonte.
Rechazos van a haber muchos y yo ya estoy acostumbrado, a vos te faltan unos
cuantos, lo que sé es que con tus ganas y tu inteligencia vamos a poder hacer
un millón de buenos intentos hasta que alguno salga. Y te vas a sentir
confortado porque cuando veas en retrospectiva te vas a preguntar cómo fue que
en el primer proyecto no viste tales o cuales cosas. Bueno, así con todo en
esta vida”. Sonrió, se dio vuelta y empezó a dibujar otra vez.
Eso mismo le digo a todos los que
creen que esto se terminó. Es un aprendizaje. No dejaremos los pañuelos. Vamos
a seguir, como hasta ahora, por la vía de la democracia y en paz. Nosotros ya
nos caímos mucho y sabemos cómo es, pero ustedes son el futuro, quienes van a
construir un país mucho mejor que el que les dejamos, por eso llamamos a este
movimiento “La revolución de las hijas”.
Y podría decir muchas cosas más
pero Gandhi lo resumió hace mucho tiempo “Mañana tal vez tengamos que sentarnos
frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos
mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear”
No dejaremos los pañuelos porque tarde o temprano Será ley.
Publicado por Juani Martignone
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