Sin lugar para la decepción
Recién había empezado el
secundario cuando conocí (a través de su música, por supuesto) a Alanis
Morissette con lo que fue su primer disco de alta repercusión: Jagged
little pill. Estaba fascinado, una cantante canadiense que hablaba de
amor, despecho, cultura neo hippie y adolescencia tardía en un ritmo pop con
unos tintes de rock que emponderaban a esas letras que otro modo hubiesen
quedado como de una niña tonta. Podría decir que era medio fan de ella,
cualquier cosa que hiciese a mí me iba a gustar de antemano. Pero el tiempo
pasó Alanis se volvió mainstream, le hizo cortocircuito la cabeza y se fue a la
India a rezar y descansar.
Pensé que había sido el fin de mi
personaje de culto, hasta que por alguna Time out que podíamos rapiñar en esa
época, los “fans” nos enteramos que Morissette había vuelto y estaba preparando
un nuevo disco. Respiré y me alegré. Todavía recuerdo ese día en la cocina de
mi casa cuando sonaron las trompetitas del primer aviso de MTV en el televisor,
subí el volumen porque me imaginé lo que se venía y en efecto era lo que
esperaba: el primer corte de difusión su nuevo disco. El video mostraba a
Alanis Morissette desnuda caminando por las calles de una ciudad tipo Nueva
York cantando muy tranquila y parsimoniosamente su canción de agradecimiento a
India entre el quilombo citadino. Yo sabía, porque conocía su música, que en un
momento iba a explotar y nos iba a hacer a todos cantar a los gritos su nuevo
hit pegadizo, pero el tema terminó y nunca explotó. Ya no teníamos a nuestra
chica enojada con el mundo o con la ex de su novio, ahora teníamos una versión
paciente, calmada y agradecida al universo.
| Alanis Morissette en el video de "Thank you" el primer corte de difusión de su segundo disco conocido |
Al principio no me animé a
odiarla, quería encontrarle la vuelta, el truco la parte que no estaba viendo,
pero no, me resultaba imposible. El odio llegó cuando el disco llegó a la
disquería de mi pueblo y lo pude escuchar por completo. Lloraba, no entendía. Después
con el tiempo de amigué aunque no del todo y aprendí a convivir con eso. No
volví a amarla. Pero la cosa es que más allá de todo este drama frívolo y
adolescente, a mis 16 años por primera vez experimenté la decepción (al menos
la primera vez que puedo recordarlo) y fue lo que me ayudó a recorrer un camino
lleno de decepciones, de las más chiquitas a las más grandes. Hoy agradezco que
mi primera gran decepción haya sido algo tan pavo como un cambio de rumbo
musical de mi cantante favorita.
Está claro que atravesar
decepciones no es lo más lindo del mundo y que uno por lo general uno lo evita
pero creo que son profundamente necesarias. Las decepciones nos acercan los
pies un poco más a la tierra, nos ayudan a no idealizar, a hacer borrón y
cuenta nueva, a estar preparados para una experiencia, a comprender que del
otro lado hay seres humanos no perfectos que pueden gustarnos más o menos, que
podemos amarlos y al otro día odiarlos ya sea porque nos llevó tiempo conocerlo
o bien porque, como nosotros, cambió. Y lo más importante de todo es vivir sin
remordimientos ante esa decepción.
Estos últimos días con la
explosión de lo que dicen podría ser el lavajato argentino estuve viendo a
un sector de la sociedad defendiendo a capa y espada aquello que pareciera que
no tiene defensa más que encontrarle una justificación más o menos bonita a una
serie de delitos, que los investigue quien los investigue se caen de maduros. He
escuchado que tal o cual no puede ser delincuente porque “tiene cara de bueno”
o a gente sufrir porque alguien debe atenerse a derecho como cualquier
ciudadano. Gente que agarra cualquier cosita por más chiquita que sea para
defender a alguien que sólo conocen por las pantallas de TV y los diarios al
punto de ponerla en el lugar de un semi Dios que no tiene por qué ser como
cualquier otro ser humano como si eso que se robó no te faltara a vos o no le
faltó al mantenimiento de un tren que cargó 52 almas de laburadores, o a las
obras hídricas de La Plata que se llevó a no sabemos cuántas vidas porque se
dio la orden de “no contar más”. Entiendo que pudo enamorarte alguna vez por la
oratoria pero calificar de buen político a alguien por su oratoria es como
calificar a Christian Sancho de buen actor por sus abdominales. También
entiendo que pudo enamorarte alguna de sus políticas pero al ver todo esto ¿no
existe al menos un pequeño lugar para la decepción?
Ahora bien, en este país separado
por un abismo de aparentes opuestos ¿Qué encontramos del otro lado de la
grieta? Exactamente la misma abnegación. Entiendo que venían cansados del
autoritarismo de los últimos años porque yo también estaba harto y entiendo que
uno debe dar un voto de confianza y darle tiempo, pero llevamos 3 años donde
todas las noticias son malas, donde siempre estamos un poquito peor, donde
fruncimos el culo siempre un poco más para ver las cosas cada vez peor, donde
todo lo que se prometió que no se iba a perder, se perdió, donde le dimos todas
oportunidades de hacer, deshacer, corregir y volver a hacer y todavía no
aprendió, donde todo lo que marcaron como error de los anteriores lo hacen de
la misma forma y descaradamente. Se llamaban Cambiemos y no cambiaron nada.
Porque Cristina bailando en la 9 de Julio con Moria y Sofía Gala mientras
mataban tucumanos es lo mismo (en concepto) que Michetti diciendo “Vamos
todavía” cuando mueren dos chicas por abortos clandestinos mal practicados. Esa
antítesis que decían ser no es más que un reflejo. Pero algunos consideran que
todavía hay que dar un poco más de tiempo, más chances porque parece que para
ellos tampoco quedó apenas un lugarcito para la decepción. Quizás les alcanza
con la metáfora de un flan que les renueve las esperanzas.
Vivimos en el país de la cultura
del aguante por eso no nos permitimos decepcionarnos, antes le encontraremos
algún justificativo elegante y quedamos ahí estancados sin comprender que
quizás ese disco malo de Alanis Morissette nos hace reconocer que por ahí no
era tan buena como pensábamos sin olvidar aquellas mieles que nos enamoraron y
estar preparados para conocer a nuevos cantantes.
Publicado por Juani Martignone
Todo el contenido, como las responsabilidades derivadas es
propiedad de quien firma.

Comentarios
Publicar un comentario