El que calla, otorga


Al ser consultado por la situación ocurrida en Venezuela, Juan Grabois afirmó que se trata de un gobierno desarticulado que sufre un golpe de Estado ilegal, según lo indicado por las leyes venezolanas, fomentado por intereses extranjeros que si se lo sigue alimentando terminará en un baño de sangre y una guerra civil. Asegura que la única salida a esto es el diálogo.
Al ser consultado específicamente por el gobierno de Nicolás Maduro y situación de los derechos humanos en ese país dijo no estar informado del tema, ya que el tema Venezuela no es un tema tan importante como creemos sino que es la agenda que los medios nos bajan.


La ex embajadora de Venezuela durante el kirchnerismo, Alicia Castro, opinó que lo sucede en ese país es un golpe de Estado ridículo, de los horrores más grandes que ha visto en la historia, que cree en el principio de no intervención, la autodeterminación de los pueblos, las salidas pacíficas de los conflictos y la búsqueda de consensos.
En cuanto a la situación de los derechos humanos dijo que existen otros países en los que se violan y que puede gustar o no gustar pero que es algo que tienen que dirimir los venezolanos.


El periodista e intelectual venezolano Modesto Guerrero aseguró que el problema de Venezuela surge porque es un gobierno con números desordenados, casos de corrupción, la embajada de Estados de Unidos y muchos problemáticos dentro del país.
En cuanto a la cuestión humanitaria dijo que no existe gente con hambre reclamando por comida, medicamentos y elecciones justas, limpias y plurales sino que es la oposición que violenta y entonces el gobierno debe actuar en consecuencia: con mucha más violencia. A consultarle si lo cree correcto, tibiamente dice que quizás podría ser un error (si, con todos esos potenciales).


La periodista y política argentina Gabriela Cerruti escribió un tweet en contra de la autoproclamación de alguien como presidente asumiendo que el descontento para con el actual gobierno venezolano es sólo de la oposición, desconoce a un pueblo entero en una manifestación multitudinaria. Quizás porque si lo reconociera serí más parecido a la “gesta” tan venerada por Gabriela del año 2001 en el que un pueblo entero a pesar de haberlo votado exigía la renuncia de un presidente que no gustaba con multitudinarias marchas, represión y muertos (unos cuantos menos muertos).




Cuando los venezolanos tanto en Argentina como en Venezuela le respondieron en esta gran ágora llamada Twitter, minimizó sus historias con ironía y puso el foco en otros lugares y otras situaciones de vejaciones de derechos humanos. Hasta la fecha no hay tweet ni declaración de Cerruti repudiando la situación humanitaria de Venezuela.



Si de derechos humanos hablamos existen varias ONG´s que se encargan de retratar las situaciones de los países en donde se violan. Human Rights Watch es una de las más prestigiosas, que para la tranquilidad de Alicia Castro y Gabriela Cerruti se especializan por sobre todas las cosas en las violaciones a los derechos humanos en Estados Unidos para la cual crearon una comisión especial y es lo primero que puede verse en el feed de su página web. Sin embargo hace muchos años (más de 15, o sea que incluyen al hoy ídolo Hugo Chávez) se encargan de la situación crítica que vive Venezuela a de nivel derechos humanos. Denunció el acoso, proscripción, persecución y encarcelamiento de todo pensamiento opositor. Denunció las redadas nocturnas, los juicios arbitrarios, las torturas y abusos una vez encarcelados incluso con picanas eléctricas. Se preocupó por la situación alimentaria y de salud del país y se opuso a la directiva de Maduro de negarse a recibir ayuda humanitaria.


En épocas de dictadura en Argentina quien contaba al mundo el flagelo que se vivía respecto a los derechos humanos fue Amnesty (Amnistía Internacional). Llevó la voz de madre y abuelas de Plaza de Mayo al mundo y denunció una y otra vez hasta el cansancio. Primo Levi, famoso escritor sobreviviente de Auschwitz, destacó a Amnesty como quien mejor reflejó las situaciones vividas en los campos de concentración en la Alemania Nazi. Y si venimos más cerca en el tiempo fue Amnesty también quien se denunció la detención ilegal de opositores como Amado Boudou y Milagro Sala. Y tiro este curriculum para nadie pueda pensar que esta ONG se encuentra del lado de las grandes potencias que quieren quedarse con el petróleo, sino que tiende a ser equidistante. Aun así en 2013 un primer informe y en 2017 un segundo informe de Amnesty sobre Venezuela pone la piel de gallina: persecución política, detenciones arbitrarias, torturas, violencia sexual contra manifestantes y hasta 77 niños de entre 8 y 12 años detenidos y abusados en las cárceles.




¿Quién quiere una guerra civil? ¿Quién cree que las ocupaciones extranjeras son buenas? ¿Quién puede negar el interés del mundo por el petróleo? ¿Pero todo esto nos exime y nos obliga a hacer la vista gorda respecto de los derechos humanos? Tenemos en claro, porque la historia nos los cuenta, que por ejemplo la ocupación de los Aliados en Alemania no fue buena y que corrieron ríos de sangre, pero aun así ¿eso nos lleva a desconocer el Shoah? El término genocidio surgió (antes era una palabra inexistente) luego de que se conoció que el Tercer Reich había llevado un plan sistemático de eliminación de judíos y opositores al régimen que terminó con la vida de 11 millones de personas ¿O sea que si repudiamos la ocupación extrajera en Alemania para terminar con el régimen nazi tenemos que mirar para otro lado cuando se habla de Holocausto?
Algunos dirán que para que termine un proceso de régimen de abuso sistemático de derechos humanos no importa el método, yo soy de los convencidos de que no, siempre tenemos que apostar al diálogo y repudiar las guerras, incluso cuando del otro lado tenemos a un tirano autoritario como Nicolás Maduro. Pero también estoy convencido que la violación a los derechos humanos debe repudiarse siempre, fuerte y enérgicamente.
Sé que hay un sector que siempre cree que estamos hablando lo que los medios nos dicen que tenemos que hablar, pero en mi caso que vivo en la ciudad de Buenos Aires me es imposible no ver a Venezuela, en los miles de locales de comida que venden arepas, en las dietéticas que exhiben la harina PAN, en la tonada de los que te atienden en los bares, en los kioscos, la que te depila, el uber que te lleva a tu casa. Y también, por más que le duela a Gabriela, en los ingenieros de las empresas grandes que tengo como clientes y en los profesionales de todo tipo de las mismas empresas en las trabajé estos últimos años.
Como sucedió con la palabra genocidio, el fin del holocausto judío también inventó el término “diáspora” que nos es más que una inmigración grande no planificada, un escape. No refiere a quienes están en un país y se van en malones a otro, como quizás acá pasó con Europa en el 2001, sino que es mucha gente yéndose a donde puede, al primer lugar que encuentra que lo acepten. Y en Venezuela más del 10% de la población emigró a lugares variopintos. Por eso es que en cualquier país del mundo no hace falta prender la TV o leer el diario para saber lo que pasa allí, hace falta caminar la calle y hablar con los venezolanos que se fueron en esta diáspora, o sea, que se escaparon.
Puede que Grabois no esté al tanto, que para Castro sea una cuestión de gustos los derechos humanos, que para Guerrero sea la teoría de los dos demonios, que para Cerruti no sea tan así, o que para la ex presidenta que hizo oda de los derechos humanos hoy sea mejor callar.
Sé que estamos más acostumbrados a que la derecha sea quien los viole pero cuando la izquierda lo hace la opción no puede ser callar, porque los derechos humanos son para todos los seres humanos, sean de izquierda o de derecha. Y callar es una manera de avalar que no está tan mal que se violen los derechos humanos de personas que no están en mi ideología política.
Porque todos sabemos que el que calla, otorga.                   

Publicado por Juani Martignone
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