El clóset ideológico


Para todos aquellos que pertenecemos a llamada comunidad LGBTIQ (Lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex, queers), ya sea porque siempre lo supimos o bien porque nos dimos cuenta con el tiempo, seguramente un momento clave en nuestras vidas fue la salida de clóset. Ese momento en el que negamos todo lo que esperan de nosotros para ser simplemente nosotros.
Acá voy a escribir desde mi posición que es la que conozco, pero podría asegurar que cualquiera que pertenezca a esta comunidad sintió algo parecido.
Como nací varón la gente asumió en mí una serie de gustos, inclinaciones y preferencias que consideraron inherentes a mi género. De chico me preguntaban si ya tenía novia, me inculcaban el gusto por el futbol (incluso desde el colegio) y hasta alguna vez un docente de taller en el secundario me dijo claramente que si no me gustaban los motores de los autos no tendría que haber ido a un colegio de varones sino de chicas. Aparentemente el hecho de tener colgando un pito entre las piernas me otorgaba una series de cualidades a las que no me podía negar. Y si lo hacía, la amenaza era “No serás del todo hombre”. Es por eso que buena parte de nuestras vidas las personas LGBTIQ vivimos simulando eso que los demás esperan de uno porque, como en mi caso, “no se puede ser varón y que no te guste el fútbol”.
La salida del clóset, aunque es dolorosa en la mayoría de los casos, siempre es liberadora. Una vez que expresamos lo que somos y sentimos que no le debemos rendir cuentas a nadie, logramos una sensación de libertad apabullante. Salimos a calle con otra cara, nos movemos de otra manera y aunque el mundo todavía siga siendo un lugar hostil para nosotros, expresar lo que sentimos nos hace creer que ya nada malo nos puede pasar. Podemos ser nosotros mismos.
Si algo nos enseñó Game of thrones es que quien te rompe las cadenas para darte libertad puede con ese mero acto encadenarte tácitamente a sus filas. Como aquellos esclavos que liberó Daenerys poniendo a disposición sus vidas ante su liberadora, un sector de la comunidad LGBTIQ pone a disposición la libertad conseguida a un partido político específico. Quizás suceda como en la serie que juega ese sentido de deuda para con alguien que tanto le ha dado. Lo cierto es que como aquellos esclavos liberados que le regalan su libertad a la Mother of dragons, algunos que han transitados arduos caminos para lograr salir del clóset hoy ponen su libertad de pensamiento en manos de aquel partido que se colgó la cucarda por haber abierto las puertas del placard.
Parece que hoy pertenecer a la comunidad LGBTIQ hace que cierto progresismo argento asuma que tenemos conciencia social, que nos interesa la política, que estamos dispuestos a luchar por otros de nuestra comunidad y que por nada pero nada del mundo podríamos tener siquiera una leve simpatía por el liberalismo (aunque resulte paradójico ya ninguna ideología promueve más las libertades personales como el liberalismo). O sea, después de liberarnos del clóset de la sexualidad y el género nos vemos obligados a meternos en un clóset ideológico que nos dice cómo tenemos que vivir, pensar y sentir.
“Ninguna persona LGBTIQ puede votar a Macri” nos dicen cercenándonos la libertad de pensamiento, adoctrinándonos como si ser LGBTIQ fuera un movimiento partidario. Y lo repudio como alguien que jamás ha votado a Macri ni siquiera como jefe de gobierno, y como alguien que padece capítulo tras capítulo de Years and Years porque ve que el avance de las derechas en el mundo no es un invento de la serie. Lo digo como alguien que ha sufrido mucho cuando le han dicho quien tenía que ser y que pretende que esa libertad que he logrado vivir, la vivan todas las personas. Sobre todo la libertad intelectual, que es lo único que jamás podrán robarnos, ni siquiera con alguna ley.
Por eso cuando veo el spot que grabó la comunidad LGBTIQ rosarina donde dice que si sos puto, torta, trans, bisexual, intersex, etc, etc, etc, vas a votar la fórmula Fernández – Fernández no puedo más que volver a aclarar que el hecho de ser LGBTIQ no te condiciona a votar a nadie en particular, sólo quien tu conciencia te dicte. Aunque no gane, aunque te equivoques. La libertad es libertad, y a veces duele, y a veces cuesta, y a veces incomoda, y a veces te hace cometer errores. Pero es libertad.


Si algún grupo en particular quiere expresar su adherencia a la fórmula Fernández – Fernández o a cualquier otra fórmula presidencial, provincial o local puede hacerlo pero dejando en claro quiénes son, y no asumiendo que hablan por toda la comunidad porque lo único que hacen es incurrir en un totalitarismo. Se transforman en fascistas.
Algunos podemos no convalidar con un partido político que tiene tan buena relación con el Vaticano y con el presidente ruso Putin. Y lo hacemos desde nuestra condición LGBTIQ, porque podemos estar todos de acuerdo con lo pésimo presidente que fue Macri a nivel administrativo y sobre todo a nivel moral pero aun así estamos lejos de ser la Rusia de Putin que tiene a los homosexuales como delincuentes y se encarga de perseguirlos y ponerlos en campos de concertación. Y aunque la ideología del gobierno actual esté bastante cercana tampoco somos como el Vaticano que oficialmente cree que la homosexualidad es una enfermedad y que la palabra trans no ha sido pronunciada jamás entre los suyos. Y si lo creemos tenemos una visión distorsionada e hiperbólica de la realidad.
Tampoco es justo achacarle a los últimos cuatro años de gobierno la tan corta expectativa de vida de las personas trans. Simplemente es desconocer por completo la historia de la comunidad LGBTIQ y su lucha. Si nos vamos al pasado vamos a encontrar que en el año 1995 cuando se incorporaron las travestis a la marcha del orgullo ya se reclamaba por la expectativa de vida trans de 35 años. Y si nos vamos a la última marcha de orgullo, la del año 2018, vemos que ese reclamo desapareció para darle lugar a reclamos como “Macri es hambre” “Libertad a Milagro Sala” “No al FMI” o “Legalización de drogas simples”. O sea que en estos últimos 19 años sólo cuentan los últimos cuatro ¿O será que después de tantos años de lucha sin que nadie nos escuche, los últimos cuatro años nos corrimos del eje de los reclamos de nuestra comunidad para hacer política partidaria?
Cuando vemos al pueblo boricua levantarse en contra de los dichos homofóbicos de su gobernador, vemos a una comunidad se preocupa por derechos independientemente del partido al que pertenezca el agresor. Y no solamente vemos a Ricky Martin, que fue particularmente agredido por el mandatario, también vemos a Bad Bunny que canceló su gira por Europa sólo para ir a marchar con su pueblo aunque en lo particular no haya sido su condición sexual la agredida. Porque si hay algo que tenemos que aprender es que las creencias morales, religiosas, políticas o partidarias no son gobernadas por nuestra sexualidad o el género que adoptamos.

Ricky Martin liderando la movilización en Puerto Rico en contra de la homofobia y la misoginia


Crecí en una sociedad que me inculcó que si era varón me tenían que gustar las mujeres y por suerte logré liberarme de esa presión. Hoy vivo en una sociedad que me dice que si soy puto tengo que votar a un candidato específico y yo les digo que no, no voy a encerrarme en ningún encasillamiento, voy a seguir siendo libre. Salí del clóset para no volver a entrar nunca más. A ningún tipo de clóset.              

Publicado por Juani Martignone
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