Nuestro Chernobyl


Antes que se emita su último capítulo, los usuarios de IMDB ya la habían coronado como la mejor serie de toda la historia liderando el podio con Band of brothers y Breaking bad. Chernobyl, la última joya de HBO, nos contó en tan solo 5 capítulos un pasaje de la historia contemporánea con tanta realidad y crudeza que nos hacía helar la sangre con cada capítulo. A diferencia de historiadores como Pacho que te seduce con su voz o de Pigna que te engancha con el morbo del chisme, esta miniserie te cuenta la historia de manera tal que te inquieta, te da miedo, te hace tener pesadillas ¿Cómo pudo haber pasado que miles de personas en los años 80 hayan vivido un real cuento de terror?
Si de algo nos sirve aprender la historia es para no volver a repetir los errores ¿Acaso el accidente de Chernobyl puede enseñarnos de errores que cometemos en la actualidad? Si vemos a la serie como un muestrario de victimas de radiación o de físicos intentando contener un desastre nuclear, probablemente no, salvo que vivamos en Fukushima. Ahora bien, si tenemos la capacidad de ver, ayudados por la serie, a operarios de servicios públicos que llevan al límite esos servicios deficientes y a un Estado que pretende demostrar su magnificencia pero que en realidad no es más que el mismo Estado pobre que vende cartón pintado poniendo en riesgo a poblaciones enteras, entonces lo sucedido en Chernobyl debería ser una enseñanza para tener presente hasta el día de hoy.
La serie grafica muy bien la moraleja en el capítulo en el que se celebra el juicio a los operarios y jefes de la planta nuclear. La declaración del físico Legasov es bien contundente: Dyatlov (el operario a cargo de la planta) violó todas las normas. Llevó al reactor al borde de la destrucción. Hizo estas cosas creyendo que había una protección. El AZ-5, un sencillo botón para apagarlo todo. Pero en las circunstancias que él provocó no las había. El sistema de apagado final tenía una falla fatal. A la 1:23 y cuarenta, Akimov (otro operario de menor rango) enciende el AZ-5. Las barras de control completamente salidas comienzan a reinsertarse en el reactor. Las barras son de boro que reduce la reactividad. Pero no las puntas. Las puntas son de grafito, que aceleran la reactividad. – entonces el juez le pregunta por qué – por la misma razón que nuestros reactores no tienen edificios de contención alrededor, como los de occidente. Por la misma razón que no usamos combustible correctamente enriquecido en nuestros núcleos. Por la misma razón que somos la única nación que construye reactores refrigerados por agua y moderados por grafito, con un coeficiente de vacío positivo. Es más barato.” Cualquier semejanza con la realidad actual no es mera coincidencia.
Hace menos de una década en nuestro país durante un gobierno que hoy muchos veneran gracias a la persistencia de un relato que mantiene un recuerdo simbólico pero no real, sucedió algo que se puede enmarcarse en los conceptos en los que se produjo el accidente nuclear de Chernobyl. El accidente de Once de 2012 fue, entre otras cosas, una combinación explosiva de operarios que llevaron negligentemente al límite un servicio público deficiente y un Estado que vendía una imagen de magnificencia armada con materiales baratos y con tan poca o nula mantención que ponía en riesgo a una población completa, dejando como resultado una tragedia. Los mismos conceptos del drama soviético de 1986 que nos cuenta la serie.
Para entender a qué me refiero con el concepto calcado podríamos decir que “El motorman llevó al tren al borde de la destrucción. Lo hizo creyendo que había una protección. El freno es un botón sencillo que hace detener completamente la unidad. Pero en esas circunstancias no las había. Los frenos manuales al accionarse detienen la unidad por completo en el lugar que esté en el momento que se accionan. Pero un freno desgastado no. Un freno desgastado puede hacer que la unidad tarde mucho en frenar, incluso no frenar nunca. – alguno podría preguntar por qué estaban desgastados – Por la misma razón que los trenes no reciben mantenimiento de los años 50. Por la misma razón que el mantenimiento se hace cuando los elementos fallan y no antes. Por la misma razón que el mismo año hubo 2 accidentes por falta de mantenimiento y nadie tomó nota. Por la misma razón que somos la única nación que considera que redistribuir la riqueza es dar futbol gratis a todo el mundo y tarifas bajas a la zona metropolitana pero no así darle mantenimiento al transporte que usan los trabajadores y pobres que vienen de la zona más retrasada como La Matanza para la capital del país porque es el único lugar donde pueden conseguir un trabajo. Es más barato.”
¿Podríamos decir que sólo el accidente de Once puede enmarcarse en estos conceptos? Aunque un no hay veredictos oficiales de lo sucedido con el ARA San Juan, muchos inferimos que se trató de una tragedia provocada por falta de mantenimiento o mantenimiento barato. Apenas 5 años después la historia parece haberse vuelto a repetir.
Si queremos encontrar otra joya en la tan venerada Chernobyl podemos hablar de cómo toda la historia se desarrolla en plena guerra fría, en la hermeticidad de la unión soviética, en un Estado persecutorio de civiles para que no salgan a luz las debilidades de una nación pobre que se mostraba como poderosa. Esta tensión que crece en una calma aparente, ya sea por la radiación en el aire o por el Estado ocultador y persecutorio en una “nación libre”, vuelven a esta serie un thriller sin igual.
Y aquí también queda bien expuesto cuando el profesor Legasov decide dejar de callar y exponer el modo en que el Estado soviético miente: “Nadie en la sala esa noche sabía que el botón de apagado podía funcionar como detonador. No lo sabían. Porque se les ocultó (…) Le mentí al mundo. No soy el único que guardó secretos. Hay muchos. Cumplíamos órdenes. De la KGB, del comité central. Ahora mismo, hay 16 reactores en la Unión Soviética con la misma falla fatal (…) – Profesor Legasov, si insinúa que el Estado soviético es responsable de lo ocurrido le advierto que está pisando terreno peligroso.- Ya pisé terreno peligroso. Estamos sobre terreno peligroso ahora por nuestros secretos y mentiras. Son prácticamente lo que nos define.”
Acá otra vez podemos hacer una analogía con la tragedia de Once. El gobierno kirchnerista vivió siempre en una guerra fría, una guerra sin armas pero con claros enemigos: el FMI, el campo, Clarín, el poder judicial y hoy es Macri. En definitiva todo aquel que sea oposición. Cada uno fue funcional en algún momento. Para poder sostenerse durante más de una década tuvo que construir un relato para ganar una batalla cultural. Nos hicieron creer un país grande e importante mientras unos barcos extranjeros nos daban energía, un fiscal de la nación aparecía muerto de forma dudosa luego de denunciar a la presidenta, el 70% del conurbano vivía sin red cloacal y subirse a un tren para ir a trabajar era un arma mortal. Como la URSS, nos mostramos al mundo como un coloso haciendo volar a Fuerza Bruta por la 9 de julio durante el bicentenario mientras el 25% de la población era pobre y los precios subían un 30% todos los años.
Hoy los rusos quieren hacer su propia versión de Chernobyl contando que fue un sabotaje de parte de Estados Unidos, pues el kirchnerismo también insinuó que la tragedia de Once había sido un sabotaje del enemigo de ese momento, el grupo Clarín. Incluso la presidenta dijo sin ponerse colorada en plena cadena nacional que el motroman no frenó cuando debía frenar poniendo cara de “todos sabemos que lo hizo a propósito”. Como la KGB investigó a quienes buscaron la verdad de lo sucedido en desastre nuclear, los conductores de tren testigos de la tragedia aparecieron muertos en circunstancias dudosas.
Hoy sabemos que la URSS debía mostrarle al mundo que eran una potencia y que no escatimó en armados y estrategias para mentir y ocultar cuanta falencia tenía su sistema. Nosotros por nuestra parte como estábamos endeudados y nuestros intereses dependían de las estadísticas de crecimiento del país no se escatimó en desarticular cuanto organismo de control se precie de tal y se mienta, oculte y dibuje toda cifra desfavorable. De hecho a meses de terminar su mandato la presidenta Cristina Kirchner en la FAO dijo con total naturalidad tener mejores índices que Alemania: que había menos del 5% de pobres y que se había erradicado el hambre.


Del mismo modo que la URSS creó una imagen falsa de lo que eran para eternizar el sistema ocultando incluso desastres como Chernobyl, el kirchnerismo creó un relato falso para eternizarse en el poder ocultando pobres e incluso desastres como el de Once.
Pero tanto como la unión soviética como el kirchnerismo no fueron eternos, un día ambos cayeron por su propio peso. Y fue en ese momento que todo ese imperio fenomenal que dijeron haber construido se esfumó en años ¿cómo un Estado tan fuerte puede desvanecerse en apenas años? La historia universal nos cuenta que los Estados fuertes no caen tan rápido aun estando en manos del más malvado de los malvados ¿será que acaso no eran Estados tan fuertes y eran simples relatos? Al ver los esfuerzos que hicieron por ocultar su propia negligencia es lógico pensar que sí.
La serie Chernobyl nos muestra en entre otras cosas los esfuerzos que hizo una nación por ocultar sus errores para que el resto lo siga viendo como un gigante. Y como la historia es maldita y suele repetirse una y otra vez incluso en otros puntos del planeta, los juicios de la tragedia de Once demostraron que ese accidente fue producto de la negligencia que el gobierno anterior intentó ocultar a como dé lugar.

Pared de la estación Once luego de la tragedia

Mantener la memoria activa es una red de contención para que las sociedades no caigan en tragedias históricas ya conocidas y cuando los manuales no alcanzan y los actos por la memoria se transforman en militancia partidaria, buenas son las series. Recordar nos puede hacer replantear esa obsesión por defender a ultranza por un lado el trotskismo y por el otro ese egoísmo que cometemos al decir “es cierto que trucharon índices pero yo comía asados todos los domingos” mientras otros dejaron la vida por un Estado negligente y los que no comían ni asado estaban completamente invisibilizados.
La mentiras no son gratuitas y si viene de parte de un Estado se pueden pagar muy caras, ya sea explotando una central nuclear o estrellando un tren lleno en pleno centro de la ciudad capital. O mejor podríamos decirlo como el profesor Legasov “Cuando la verdad ofende mentimos y mentimos hasta que ni siquiera existe pero sigue allí. Cada mentira que contamos se endeuda con la verdad. Tarde o temprano, esa deuda se paga.”

Publicado por Juani Martignone
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