Decir basta
El fin de semana pasado la clase
dirigente obligó a la población a participar de una elección adelantada a la
que llamaron PASO. Este desbarajuste de la república y de las garantías
democráticas provocó un descalabro político que como era de esperar se tradujo
en una crisis difícil de controlar. En lugar de definir entre los precandidatos
quienes serían los candidatos que podían presentarse en las elecciones
generales de octubre, nos empujaron a definir de manera adelantada a los
próximos gobernantes.
Fiel crítico de la población que
no se quejó de verse obligado a participar de una pantomima que hicieron pasar
por elecciones primarias, en el fondo me sentí confortado por el resultado. Y
no por el ganador de esta mega encuesta que determinó casi casi al próximo
presidente a quien jamás voté y jamás hubiese votado, sino porque a la clase
política entera le salió el tiro por la culata.
Todos los partidos le negaron al
pueblo la posibilidad de elegir internas partidarias para someterse a un fiel pero
caro resultado de intención de voto y hoy se encuentran, tanto el oficialismo
como oposición y/o futuro oficialismo en la encrucijada de llevar adelante la
transición más larga entre presidentes que cualquier democracia normal en el
mundo haya atravesado alguna vez.
Mauricio Macri se ve en el
aprieto de mantener calma una crisis para intentar dar vuelta un resultado casi
imposible de cambiar, o bien para no irse antes de tiempo y coronar su
presidencia como una de las peores de la última democracia. Alberto Fernández
por su parte se ve en el aprieto de no ser lo suficientemente opositor e
intentar ayudar al oficialismo a mantener una calma crisis para no recibir un
país más envuelto en llamas de lo que hoy se encuentra. Y todo esto en cuatro
largos meses.
Cuatro meses que en Argentina son
equivalentes a cuatro años porque el día a día cambia día a día y la previsión
no es algo con lo que los argentinos sepamos lidiar. Acá se vive el hoy porque
somos bien conscientes que mañana puede explotar todo por los aires de manera
inesperada. Cuatro meses en un montón pero fueron los políticos solitos los que
se pusieron ahí al adelantar una elección en vez de darnos la posibilidad de
las PASO.
Aun así, y aunque pocos nos
quejamos de este flagelo a nuestra calidad democrática, el pueblo habló y dio
un mensaje más que contundente. Lejos del maniqueísmo con el que la mayoría de
los fanáticos de uno y otro lado ven estos resultados. El pueblo dijo basta.
Contradiciendo a aquellos que
creen que las sociedades votan por su coyuntura personal, esta vez el pueblo
dijo basta a una forma de hacer política que ya no va más y que parece que
pocos políticos se dan cuenta.
A pesar de que a muchos
cambiemitas les moleste, el macrismo hizo todas aquellas cosas que se quejó del
kirchnerismo, sólo que con buenos modales. Tan sólo para citar algunas, se
creyeron dueños del Estado cuando le condonan una deuda multimillonaria a la
familia Macri que habían contraído con el correo estatal, algo así como que la
aerolínea estatal utilice las instalaciones del hotel familiar Kirchner.
Fortalecieron al grieta desde lo moral pero comportándose como en un partido
que hay que matar o morir, algo así como el “nosotros” y “ellos” de Cristina.
Crearon un batallón militante al que llamaron “defensores del cambio” al estilo
de “los soldados de Perón”. Utilizaron información privilegiada del Estado para
favorecer sus fortunas personales al comprar bonos de la deuda argentina del
mismo modo que Néstor compró 2 millones de dólares un día antes de devaluar la
moneda. Al igual que el kirchnerismo pretenden gobernar por más de 12 años en
CABA. Realizaron campaña política en los cortes publicitarios de los partidos
de fútbol emitidos por la TV pública al mejor estilo “Futbol para todos”. Se
enojaron con aquellos que les mostraron la cantidad de pobres y acusaron que
eran actores pagos, de la misma manera que podría haberlo hecho Aníbal
Fernández cuando aseguraba que había menos pobres que en Alemania. Tuvieron a
un jefe de gabinete tan vertical e inflexible como Coqui Capitanich. Reeditaron
el “vamos por todo” con un “Ni muertos nos sacan de Olivos”. Y de la misma
forma que Unidad Ciudadana lo hiciere en el 2015 plantearon una campaña
electoral que predica la importancia de la continuidad porque un cambio puede
ser catastrófico.
Pareciera ser que esté quien esté
en el poder no puede evitar envalentonarse. Y a eso fue a lo que el pueblo dijo
basta. Está claro que después de la derrota del 2015 y el tremendo fracaso del
2017 la gente no quería más a alguien con los modos de Cristina Fernández, los
mismos modos que también adquirió Mauricio Macri para esta campaña 2019 y que
claramente fueron reprobados, sumados a una crisis fenomenal donde nos prometen
que en 4 años más no nos vamos a inundar más sin percatarse que capaz no
llegamos a comer a fin de éste mes.
En sociedades que le temen a la
participación ciudadana porque les preocupa que mucho en qué estado pueda
quedar una plaza, el voto es la forma que tienen de expresarse. Y el domingo
pasado dijeron que no quieren a Macri pero tampoco a Cristina. Salvo el núcleo
duro, el resto vio en Alberto una posibilidad de moderación, un intermedio
entre dos polos terriblemente opuestos que creen que para llevar a cabo sus
ideas, si o si hay que ir al mango. Quizás también porque a Cristina la
tuvieron bastante oculta, ni siquiera fue al búnker electoral y también porque
le corrigieron cuanta guasada dijo porque quien tuvo la posibilidad de
escucharla en la presentación de su libro o bien leer su libro sabrá muy bien
que Cristina no cambió nada, está peor que nunca.
Debemos decir que en esta
contienda electoral las grandes perdedoras fueron las ideologías. Los partidos
que representan a la izquierda y a la derecha no sacaron más del 20% si sumamos
a todos, lo que crea la falsa visión de que un gobierno de centro con
tendencias liberales como el de Macri es la derecha sin percatarse que existen
Espert o Gómez Centurión y que un gobierno de centro con tendencias
proteccionistas al estilo Trump como lo fue el de Cristina es la izquierda sin
percatarse que existen Del Caño o Manuela Castañeira.
Porque si hay algo que debemos
comprender es que las democracias son los gobiernos del pueblo, y los pueblos
no son todos de un lado o del otro, son todos juntos a la vez, las minorías se
representan y la moderación es clave.
Quizás lo estemos aprendiendo, o
quizás es sólo una expresión de deseo.
Publicado por Juani Martignone
Todo el contenido, como las responsabilidades derivadas es
propiedad de quien firma.

Comentarios
Publicar un comentario