Puto de nacimiento
“Voy a hablar del puto y la lluvia. Porque el puto se comporta de
manera diferente ante la lluvia. Ustedes lo que no entienden es que el puto es
un ser anormal” decía Roberto Flores allá a fines de los
90 o en los early 2000 y que hoy lo podemos re escuchar en los podcast
que reviven aquel mítico programa radial. Sólo alguien como Fernando Peña podía
hacer un personaje así, que caricaturizaba el mundo gay de modo que resultaba
amigable y cercano pero a la vez desagradable y chocante. Así con la
complejidad misma que tenemos las personas.
Trataba con humor las
problemáticas banales de cómo ir vestido a un boliche pero también las más
heavy como aquellas de vivir con SIDA. Usaba el sarcasmo y la ironía
para exacerbar los prejuicios alrededor del mundo gay. Prejuicios de afuera y
de adentro de la misma comunidad. Su preferido era marcar las diferencias entre
homosexuales y heterosexuales, ahondar esa grieta en la que dos mundos se ven
bien distintos por el simple hecho de haber nacido con una
orientación sexual determinada: “Los putos y las mascotas” “Los putos y las
comidas” “Los putos y el baño”. Todo alimentaba esa idea que tienen los
heterosexuales de que por ser puto comes distinto, pensas distinto, te gustan
distintas cosas y que a su vez son las mismas que le gustan a todos los putos.
Pero también la idea del homosexual que busca diferenciarse del resto y ser
exclusivo, quizás por narcisismo o más bien por el escudo que debimos armarnos
en una época en la que no era muy habitual expresarse libremente, decir “soy
exclusivo” no era lo mismo que decir “soy distinto”.
A 10 años de su muerte, es más
sencillo subir a Spotify el podcast “Puto lindo” donde navega por todo este
humor ácido y sutil pero vale decir que mientras vivó, pocos lo entendieron. Hoy
tenemos más digeridas ciertas cuestiones, hemos avanzado y llegado a ciertos
acuerdos. Hoy muchos más que sus poquitos seguidores pueden reírse de aquella forma
de hacer humor.
Aun así, todavía proliferan
discursos retrógrados sin sustento científico que se caracterizan por ser
rimbombantes y populistas porque dicen lo que la gente está esperando escuchar.
Hoy gente como Nicolás Márquez o Agustín Laje llenan auditorios marcando esas
diferencias entre personas de distintas orientaciones sexuales y se
escandalizan y le encuentran explicaciones tan alocadas que pueden llegar al
judaísmo (¿?). Como Roberto Flores, aseguran, en otras palabras, que un puto es
una persona anormal o que adopta mascotas porque sabe que es un fracasado por
no poder procrear.
La diferencia de Nicolás Márquez
y Agustín Laje (tan sólo por mencionar dos ejemplos conocidos) con Fernando
Peña es que ellos no están haciendo humor, lo dicen bien en serio. Ni tampoco
son unos incomprendidos, basta con ver la cantidad de replicadores que tienen.
En este contexto en el cual la
ciencia y las sociedades avanzaron de manera tal que ese humor de Peña de los
early 2000 empieza a no resultar chocante, de repente surge un rebrote de
arcaísmo. El fascismo, el nacionalismo, el proteccionismo, la homofobia o el
determinismo biológico resurgen como si nunca hubieran muerto.
Como una especie de ciclo que se
repite pareciera volvemos a aquella década infame donde en el mundo ya había
explotado el movimiento feminista, Marx ya había publicado “El capital”, la
revolución bolchevique ya había estallado, en nuestro país la generación del 80
nos había dado el voto universal y el Estado moderno, Yrigoyen derechos
laborales y de repente la crisis del 30 nos trajo discursos que retrotrajeron
todos los avances y le dieron paso a personajes como Hitler, Franco y
Mussolini.
En esta circunstancia en la que
esas ideas empiezan a resurgir y se transmiten a mucha mayor velocidad a través
de las redes es muy importante que alguien pare la pelota, que alguien nos venga
a explicar. Y si hay una voz que hasta el más retrogrado respeta, es la voz de
la ciencia.
Por eso, aunque al principio me
pareció chocante, siento que fue necesario que se realice el estudio para
confirmar si existe o no el gen de la homosexualidad. Es cierto
y es obvio que muchos ya sabemos que los deseos y que las inclinaciones en la
personalidad no están marcadas por nuestro genoma pero hasta la fecha ningún
estudio duro lo confirmaba.
Como en algún momento la Organización
Mundial de la Salud tuvo que eliminar a la homosexualidad de la lista
de enfermedades para evitar discursos falsos, es importante que hoy científicos
de alto prestigio confirmen que no existe evidencia científica de que la
orientación sexual esté determinada genética o biológicamente.
Esta vez no hay dudas, un estudio
publicado en la prestigiosa revista científica Science confirmó que no
existe tal gen, es imposible biológicamente ser homosexual desde el nacimiento.
El estudio involucró a más de medio millón de personas del mundo de diversas
orientaciones sexuales y fue llevado a cabo por científicos de Estados Unidos y
el Reino Unido de prestigiosas instituciones como la Universidad de Harvard,
el Massachusetts
Institute of Technology (MIT), el BioBank inglés y 23andme,
un poquito más creíbles que el abogado local Nicolás Márquez.
Si se lee el informe completo (en
la medida en la que uno sepa inglés) nos vamos a encontrar con que existen 5
variantes genéticas que pueden asociarse con el comportamiento homosexual, esto
quiere decir que los genes que heredamos de nuestros antepasados al exponerse a
ciertas conductas pueden tender a la homosexualidad, lo que no indica que si o
si serán homosexuales sino podrían llegar a serlo dependiendo del ambiente en
el que se desarrolle.
Para poner un ejemplo más claro,
si dos gemelos (que son genéticamente idénticos) se crían en países bien
distintos con familias bien distintas, el 99,9% de la probabilidad es que sean completamente
distintos aunque existe esta ínfima posibilidad que reaccionen en 5 variantes
de la misma manera ante el mismo estímulo externo. Cosa que para la ciencia es
completamente despreciable.
A pesar de toda la carga y de
todo el prejuicio que pueda generar un estudio de esta índole, estos resultados
tiran por tierra todas las discusiones de antaño que se quieren volver a
plantear. Un gen puede determinar el color de los ojos pero no así cuando será
el momento en el que uno necesite lentes. De la misma forma un gen puede
determinar un genital pero no así cuál será su orientación o el género con el
cual se identifique.
La personalidad, el género, la
sexualidad, la ideología, nuestra forma de tomarnos el mundo no depende de la
biología, es una construcción social. Por si no quedó claro lo que dijeron los
científicos más importantes del mundo: la ideología de género es una completa
falacia. Los Marquez, los Laje y todos sus seguidores estuvieron hasta ayer
peleándose con la realidad misma. Ya no nos pueden correr más con eso, que
vayan a leer Science.
Querer torcer la realidad para
explicar nuestras creencias infundadas, lo único que hace es obligar a otros a
acatar. Usted nació con pito, usted es varón. Usted nació varón, usted debe
procrear con una mujer. Usted es puto, usted debe bailar comedia musical. El
problema es que en ese afán nos olvidamos de vivir en libertad, de dejar que los demás sean libres de ser la persona que quieren ser sin molestar al de al lado.
Hace un par de días en el festival
de cine más antiguo, el Festival de Venecia, la presidenta
de jurado, la genial directora salteña Lucrecia Martel, le entregó el León
de Oro a otro genial director manchego, Pedro Almodóvar. Pasó a ser
parte del “olimpo de leones” al que ya pertenecen joyas del cine como Buñuel
este director que en los años 80 ya nos hablaba de la ley del deseo, de
distintas maneras de sentir el sexo y la sexualidad, de personas que no
respondían al canon esperado por el genital que portaban, de mujeres que se
emponderaban para salir a ganarle al patriarcado unidas en su diferencia, de
varones que ser permitían llorar con una canción de Caetano. Desde hace 40 años
que Almodóvar nos habla de la libertad de ser uno mismo, lo que uno desea sin
atarse a lo que otro nos diga.
Al recibir el galardón, en su
discurso, justamente habló de esto: “No
he pretendido cambiar el mundo, nunca he sido tan pretencioso, pero sí he
tratado de explicar el mío, el pequeño mundo en el que he vivido, y lo he hecho
siempre con absoluta libertad, independencia e inocencia. En mi mundo las
personas sufren, pero también gozan sin prejuicios, son apasionadas, diversas,
defectuosas y generosas, con enorme capacidad de sobrevivir, pero frágiles y
vulnerables, y todas ellas gozan de una gran autonomía moral. Como artífice de
sus historias era lo mínimo que podía regalarles: la misma libertad que yo he
disfrutado”
Cuando Fernando Peña a través de
Roberto Flores obligaba a todos los putos a ser de una forma específica,
justamente se estaba burlando de todos aquellos que no viven con la libertad
suficiente, que no se dejan llevar por la ley del deseo que nos propone
Almodóvar, aunque a veces duela ser lo que uno es.
Porque para vivir en libertad hoy
ya confirmamos que ni siquiera hay genética que nos obligue. Nadie nace
condenado a nada.
Publicado por Juani Martignone
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