Desconfiar de los payasos


En el último capítulo de Years and years la abuela Muriel está frente al televisor viendo a un señor haciendo humoradas en un típico programa de entretenimiento inglés, todos ríen y la sabia abuelita sentencia “siempre tenemos que desconfiar de los payasos, siempre empiezan graciosos y después se transforman en los peores tiranos”. Esta escena se usa a modo de conclusión de una serie que nos mostró como año tras año un discurso de ultra derecha se fue metiendo en la escena política hasta terminar en una dictadura que nadie supo ver porque el tirano se encontraba detrás del maquillaje de payaso.
En la sociedad argentina estamos llenos de esos payasos que de apoco empiezan a meter cucharada dentro del discurso político como si el hecho de participar durante años del entretenimiento los habilitara a meterse en la arena.
Jorge Rial después de estar más de una década llenando la pantalla de culos y riñas de mujeres explotando su mayor alto de degradación, hoy se ha transformado en un faro de conciencia de un gran número de seguidores e incluso de un grupo de feministas capaces de dejar atrás toda su “teoría King Kong” con tal de que le entreguen algunos minutos de TV de aire.
Marcelo Tinelli ya hace un tiempo nos viene dando algunas señales de sus intenciones políticas de fondo, no sólo se está preparándose en ciencias políticas en una universidad privada sino que también aprovecha su fama, popularidad y estelaridad para meter pequeñas consignas políticas entre chistes y cuerpos voluptuosos. Basta con su timeline de Twitter para ver como entre las fotos del culo de Luli Salazar y las de la cara de Polaco entre las piernas de Noelia Marzol, Marce tira una consigna sobre el glisfosato.



Jorge y Marcelo pueden hablar de lo que quieran porque la libertad es tan jodida que nos tenemos que bancar que cada uno exprese lo que se le antoje aunque sea ignorante, rentado o partidario. Incluso podemos estar de acuerdo en que se deben introducir temas serios en las masas que miran a Rial y a Tinelli pero debemos comprender que los riesgos son altos. El riesgo de infantilizar los temas y/o banalizarlos está latente cuando se habla cortadito y con frases rimbombantes para llegar al gran público.
Dejar los payasos para circos, los intelectuales para las bibliotecas y los políticos para el ágora quizás suene conservador pero aunque muchos lo crean contrario, es democratizador. La democracia es el emblema de la diferencia y la diversidad, comprender en qué lugar está parado uno, cuál es su rol y cuál es su aporte al espacio social, es el real sentido. Creer que todos podemos cumplir todos los roles es una actitud de tirano, tirano que puede ser presidente, juez y legislador a la vez, tirano que puede entretener, educar y reprimir a la vez.
Hoy pareciera que habla muy bien de cómo un animador puede entretener y a la vez aportarnos conciencia social, nos da credibilidad. Hartos de una clase dirigente corrupta y autocentrada, los outsiders son la vedette de la política de principios de este siglo.
Creí que por las pruebas a la vista con quien hoy nos gobierna, nos había quedado claro que tener experiencia en presidir un club de fútbol no es lo mismo que gobernar una ciudad o un país. Sin embargo repetimos la fórmula. El único antecedente que figura en el CV de Matías Lammens es haber sido un ¿exitoso presidente de club de fútbol? (la interrogación no responde una ironía sino a una simple ignorancia personal sobre el tema fútbol del cual no escribo porque desconozco y sobre todo porque no es el sentido del texto).
Un presidente de un club grande puede tener grandes aportes sociales pero su función principal es la de entretener. Lejos está ese club improvisado en un barrio cooptado por el paco donde unos curas villeros intentan darle una mejor vida a un grupo de pibes a fuerza y constancia de patear una pelota y con cuentos de Sacheri. Cuando un club grande hace un movimiento social lo hace con espectacularidad, basta ver cómo el mismísimo Lamens convocó al barrio de Boedo a un show magnifico tras la recuperación de terrenos que le daban origen e idiosincrasia a sus socios.
De hecho podemos ver que la campaña del presidente de San Lorenzo es una campaña abocada exclusivamente al entretenimiento. Si la teoría política lo tuviera que definir es un típico caso de pop populismo: utiliza los elementos del pop art para llegar a masas. Afiches al estilo Warhol, redes sociales plagadas de contenido multimedia, expresiones artísticas como el flashmob y hasta una cumbia pegajosísima que cantan hasta los niños.



El problema que en los 70/80 presentó el pop art, fue el contenido. La idea original de Andy Warhol de popularizar el arte, de sacar a La Gioconda de los museos, terminó siendo cooptada por fines menos socialistas. Fue así como Andy terminó aportando todo su arte a vender un producto dedicado exclusivamente a llenar de azúcar nuestro cuerpo: Coca Cola.
Con el pop populismo político sucede lo mismo, tiene gran llegada a las masas pero el contenido nunca es del todo claro ¿nos quiere mostrar algo o nos quiere arriar como ovejas a comprar un producto sin saber muy bien qué es? Hoy vemos una imagen de Evita abortera y creemos que el peronismo es un emblema del feminismo, sin embargo pocos son los que leerán apenas algunos capítulos del libro escrito por la misma Eva, “La razón de mi vida”, para enterarse que ella misma se promulgó como la opción contraria al feminismo y que fomentó todos los valores conservadores que hoy llamamos “machirulos”.



Decir que van a dejar “todo lo que está bien” y cambiar “todo lo que está mal” y que al hacerles dos preguntas salga de repente un grupo a bailar en la ciudad un tema alegre y ultra bailable, no es política, es entretenimiento. El entretenimiento se hizo para entretener, cuando se usa el entretenimiento para hacer política tenemos que permitirnos desconfiar del contenido.
Desconfianza que se ahonda después del flagelo de las PASO que no fueron PASO porque cuando nos dan cinco meses para conocer a gente que ya se sabe que es vencedor o vencido empezamos a vislumbrar algo de lo que podría ser ese contenido que reclamo y que veo oculto detrás de una campaña de entretenimiento.
Cuando dejo de escuchar “si vos queres Larreta ya fue” al ritmo de Marika, escucho cosas de fondo que marcan mucho más la base ideológica de alguien de lo que la puede marcar la cumbia de moda. La persona que acompaña a Lammens en formula por la jefatura de la ciudad no dudó un instante en apoyar una CONADEP para periodistas, demostrando no sólo la ignorancia sobre lo que fue la Comisión Nacional de Desaparición de Personas que investigó crímenes de lesa humanidad al compararlo con el periodismo sino que también dejó ver que para ella esa libertad jodida en la cualquiera puede decir lo que se le antoje aunque sea ignorante, retado o partidario, no es una valor a defender, incluso desde su profesión de periodista.
Sólo Lammens repudió los dichos de Marziota, sólo Marziota se retractó, dijo no entender el concepto de la pregunta y responder rápidamente cuando dos preguntas antes, también en la modalidad de ping pong, se explayó con gusto cuando le preguntaron por un ministerio de la mujer. Nada diré de alguien que quiere hacer política y no piensa sus respuestas pero podría decir una sola palabra: Macri. Ahora saquen sus conclusiones.
Si vamos un poco más el entretenimiento se vuelve un contenido en sí cuando a la salida de un recital un grupo que se ubica en los vencedores toma por asalto una simple salida de un show familiar e introspectivo para transformarlo en un acto partidario marcando apropiación, para separar entre “nosotros y ellos” y para señalar quienes son los verdaderos merecedores de Caetano. Los demás, mierda. 
Esto nos hace prender alarmas porque hay una historia que nos avala para desconfiar, porque transformar los actos culturales en patotas partidarias y señalar a los que no piensan como ellos, ya lo vivimos, y lo vivimos hace demasiado poco tiempo como para olvidarlo.
Nos hace prender alarmar porque detrás de toda la campaña alegre y moderada donde los enemigos se reconcilian y cantan canciones de Bob Dylan con una guitarra criolla, leemos que Horacio González, el hombre que se encargó de darle un marco teórico a los 12 años de kirchnerismo para que los jóvenes de hoy lo consideren un movimiento igualador, nos pide que hagamos una reescritura de la historia para darle una valoración positiva a la guerrilla de los años 70. Y lo dijo sin ponerse colorado, porque los vencedores actúan con impunidad sobre los vencidos, como ya hemos visto durante esos 12 años de kirchnerismo, ya sea para cambiar la historia, para incomodar en un teatro o para perseguir a periodistas.
Aunque no soy un votante de Alberto Fernández no tengo ningún elemento para desconfiar de su moderación más que estos exabruptos (¿?) que no fueron repudiados con la fuerza que merecían, lo cual podría darme elementos para pensar que no han cambiado nada y siguen siendo los mismos de siempre sólo que están en pausa.
Aunque estemos viviendo una lógica de vencedores y vencidos seguimos en campaña y las campañas se hicieron para enamorar, para conquistar y los payasos logran en nosotros una rápida simpatía.
Por eso, aunque jamás los anularía ni cancelaría, tengo muy presentes los consejos de la sabia abuela Muriel. Sino, observen a lo que nos llevó la revolución de la alegría.             

Publicado por Juani Martignone
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