Las señoras quieren ser feministas


El feminismo parece ser gobernado por un monopolio que tiende a transformar al movimiento en algo cada vez más exclusivo, dónde sólo algunos pueden participar o no, dependiendo de cómo caiga en gracia la persona que quiera expresar el feminismo. Parafraseando a Orwell podríamos decir que todas las feministas son iguales pero hay feministas más iguales que otras.
Parece que Gustavo Beaverhausen tenía razón al elaborar la teoría del feminismo de Schrödinger. Éste feminismo que no puede emitir empatía por una víctima hasta no abrir la caja opaca y ver si esa víctima profesa o no su misma ideología, de la misma manera que el gato de Schrödinger está vivo o muerto hasta descubrir el interior la caja.
Las víctimas esta vez fueron 2 señoras entradas en años (una más que la otra pero señoras mayores al fin) que hasta ayer sólo eran los íconos del mundo fancy y glamoroso de la farándula argentina, una especie de miembros indiscutibles del jet set local. Su imagen es de mujeres de clase alta, glamorosas y banales, algo estúpidas que viven al margen de todo en su burbuja de cristal donde sólo le dicen lo hermosas que son.
Aunque algo de razón puede haber en estas apreciaciones, lo cierto es que cuando Mariana Nannis fue al living de Susana Giménez, fue a exponer una realidad que viven muchas mujeres que no tiene su dinero y su fama pero que en efecto la viven. Desde el mega éxito de la serie Monzón y quizás un poco antes cuando se debatió la propuesta de legalizar el aborto, Susana se expresó en un intento de sororidad para con el movimiento feminista como puede hacerlo una señora de sus 74 años. Sororidad que nunca fue recíproca.


Aunque a muchas feministas de Schrödinger les cueste aceptarlo, Susana es un símbolo de empoderamiento femenino en nuestro país, de hecho sólo tenemos que decir su nombre de pila y ya todos sabemos quién es, no hace falta que nos recuerden si es mujer de, o hija de, incluso hasta muchos pueden no saber quienes fueron sus parejas pero sí quien es ella. Aunque muchas veces quieran insistir que se casó o se relacionó con tal o cual hombre, es indiscutible que siempre trabajó, que es millonaria gracias a su esfuerzo y a su inteligencia, que nunca se quedó en su casa esperando que la mantengan y salió a ganarse el imperio que hoy construyó en un ambiente que si hoy se respira machismo podrán imaginarse lo que fue en los 60, 70 u 80.
Como toda mujer se tuvo que enfrentar al patriarcado cuando le preguntaban por qué no estaba en pareja, soportó las frases del estilo “lo jodida que será esta mina” tras cada ruptura sentimental, luchó día a día por mantener un cuerpo hegemónico porque sabría que al día siguiente todos titularían “está más gorda” y a pesar de su independencia, de todos sus millones, su fama, sus brillos y su glamour sufrió en carne propia violencia de género, situación que pudo asumir hoy a casi 40 años de haber sucedido.
Hay mucho para criticarle a esta mega estrella, podríamos sí, decir como dijeron que no llevó la entrevista como el manual del buen feminismo dice que se debe llevar, pero lo que no deberíamos dejar de hacer es poner en contexto a esta mujer. Yo tengo 37 años y Susana Giménez tranquilamente podría ser mi abuela, y si lo fuera sería muchísimo más progresista de lo que mi abuela es, aún con todos sus pifies garrafales. Insisto en la auto referencia y digo que yo aún no llegué a la mitad de la vida y me encuentro aprendiendo un montón de cosas nuevas del feminismo, y reviso cosas que dije o hice hace dos minutos nomás y me encuentro super machista. Pero a mí se me permite estar en un proceso de deconstrucción, a Susana no.
Ella tuvo que vivir una vida en la que el mundo le cambió varias veces. Un día llegó un invento nuevo llamado televisión y el mundo le cambió, un día los hippies coparon el discurso y el mundo le cambio, un día llegó el hombre a la luna y el mundo le cambió, un día llegó la liberación sexual y el mundo le cambió, un día llegó una dictadura sangrienta y el mundo le cambió, un día llegó la democracia y el mundo le cambió, un día llegó la pizza con champagne y el mundo le cambió, un día cayeron las torres gemelas y el mundo le cambió, un día llegó una década populista y el mundo le cambió. Y por fin un día llegó la revolución de las mujeres y el mundo le volvió a cambiar pero no podemos aceptar que esta vez no se adapte tan rápido como nos gustaría. Bastante poca empatía para con una mujer mayor.



Un caso muy distinto es el de Mariana Nannis pero aun así no es alguien que no merezca al menos una pizca de nuestra sororidad. Es que hay una rama del feminismo que no puede concebir la idea que hay mujeres que deciden sin que nadie les ponga una pistola en la cabeza ser las señoras de su marido. Y cuando lo hacen, bien o mal, entierran la posibilidad de un proyecto personal por un proyecto conjunto ¿en serio vamos a juzgar por qué toman esas decisiones?
Aunque el tono y el lugar no eran los adecuados, Nannis dijo un montón de cosas que son la radiografía de la sociedad patriarcal en la que vivimos. Cuando aclara que el dinero ganado también es en parte ganado por ella, visibiliza una situación muy real que todos nos hacemos los tontos y miramos para otro lado, que es que para que un varón pueda tener una carrera exitosa es necesario que tenga una mujer e hijos, que en apariencia sean una familia perfecta, aunque puertas adentro no suceda nada de eso ¿Cuántos varones exitosos de la edad de Caniggia conocemos que no estén casados o que nunca hayan estado casados o que ni siquiera hayan tenido hijos? El patriarcado nos habla mal de un señor que llegó a la madurez sin formar una familia y muchísimo peor si ese ambiente es el del fútbol. O sea que Caniggia nunca hubiera sido Caniggia sin una mujer que mostrar, papel que cumplió a la perfección Mariana Nannis y hoy le hacemos pito catán por ser tan superficial.
Otro punto de discusión que en la boca de Nannis suena obsceno es la violencia económica que ejerce el patriarcado sobre las mujeres. Ante la insistente pregunta de Susana “¿Por qué no te fuiste antes?” Mariana insistió en cumplir el rol de esposa perfecta que intentaba salvar a su marido de cocaína, cuando en realidad por otros comentarios que hizo dejó traslucir que nunca se fue por una cuestión económica. Que una millonaria que hasta ayer hizo gala de los excesos que el dinero le permitía diga que tuvo que soportar golpes, infidelidades y un marido cocainómano para poder seguir bañándose en champagne, es una cachetada para todos los que no estamos a ni a 20 mil leguas de su estilo de vida y soportamos a diario situaciones injustas por cuestiones económicas. Pero que el tamaño de la escala no nos tape el problema. Si una mujer que soporta una situación familiar violenta porque eso es lo único que la mantiene en la posición que le enseñaron a vivir pues entonces está sufriendo violencia económica por más que nos duela escucharlo de una mujer enfundada en un Oscar De la Renta rojo en el living de la diva de la televisión.
Las sensaciones de la entrevista son encontradas, es como ver a una chica Almodóvar luchar contra el patriarcado envuelta en un Chanel parada en un par de Narciso Rodríguez. Eso también son las mujeres. Emulando a Lucrecia Martel podemos decir que nada representa mejor a la mujer de hoy que una prótesis mamaria, un cucharon de cocina y un dildo todos puestos en el mismo estante de necesidades básicas de una mujer. Sólo que para el feminismo de Schrödinger si una mujer no se deja crecer los pelos debajo de la axila tan feminista no ha de ser.
Y han demostrado aún más esta teoría porque intentar hablar de feminismo y personas en deconstrucción desde un programa superficial, banal y que sólo se encarga de farándula puede ser aliade feministe o no una vez que abrimos la caja opaca: si dentro están Susana y Nannis, no; si dentro está Rial y Male Pichot, sí.
Claramente son distintos. Rial ha construido una carrera alimentando fuerte al machismo, un día tuvo una relevación y todas salieron a abrazar al “feminista menos pensado”. Susana ha construido una carrera de mega figura en mundo gobernado por el machismo, un día intenta acercase a la ola feminista desde su capacidad de comprensión y todas salieron a destruir a “la vieja machista que tanto daño le hace a las víctimas de violencia de género”. Es asimétrico, esconde intereses pero sobre todo es machista porque una vez más, le exigimos mucho más a una mujer que a un varón.
Podemos darle una oportunidad a estos programas de hablar de feminismo, a Rial se lo dimos y nos defraudó, ni siquiera la muerte de Beatriz Salomón le hizo revisar un milímetro de su pasado, incluso con este caso se volvió a comportar con la información de la misma manera que lo hizo con la fallecida “turca” al publicar un tweet capcioso y malintencionado que luego borró. Susana también twitteó algo que podríamos criticar pero que trasluce quien lo escribe: la víctima de los golpes de Mozón.
El problema de tratar estos temas en este tipo de programas tiene un alto riesgo: la banalización. Hoy que ya ha pasado mucha agua debajo del puente podemos ver como esta denuncia de violencia de género, violencia económica y hasta violencia institucional se transformó en carne para la carroña mal vil de los programas de chimentos. Cuanto cobró Nannis por ir programa, quién pagó los pasajes en primera clase, si devolvió o no los vestidos a Claudio Cosano, si hay o no audios de WhatsApp picantes de ambos lados. Como ahora todo pertenece al fango de la TV basura ya nadie toma en serio que Mariana Nannis no quiso hacer la denuncia antes porque Caniggia es amigo de Angelici o porque todos le van a creer al campeón y no a la loca que sólo sabe gastar dinero. Basta con leer las declaraciones de periodistas respetables como Gonzalo Bonadeo que luego pidieron disculpas pero que su primera reacción (y la reacción de la mayoría) fue “¿Cómo van a ensuciar al ídolo?”.
Con todas las diferencias que podemos tener con los personajes en cuestión, acá hay dos señoras golpeando la puerta del feminismo, pidiendo que les hagan un lugar, contando cómo desde su posición ellas también sufren el patriarcado y del otro lado le respondieron que la casa se reserva el derecho de admisión y permanencia.
Quizás sean estas actitudes las que nos lleven a transcurrir otros 150 años de feminismo de nicho.                        

Publicado por Juani Martignone
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