Lo que mata es la ignorancia


Los que usamos Twitter a diario sabemos que todos los días nos desayunamos con nuevo debate que separa las aguas armando eso que los argentinos hacemos tan bien: grietas. Aunque abundan aquellos banales, casi siempre se está discutiendo y repiqueteando sobre los conceptos básicos que nos ponen a un lado u otro, en todos los temas de la coyuntura. Todos queremos decir si estamos o no de acuerdo y además queremos explicar por qué.
Como sucede en toda polarización, los debates suelen ser muy sencillos y maniqueos, sí o no, sin posibilidad de matices, de complejizar o de ser sutiles en el pensamiento. Aun así estamos rodo el tiempo leyendo a desconocidos que por RT nos acercan un argumento que quizás jamás habíamos pensado. A diferencia de Facebook donde leemos a nuestros amigos y conocidos, Twitter te enfrenta a los argumentos de alguien que no conocemos y probablemente nunca conozcamos porque su nombre y foto son fake. Lo cual te obliga a pensar el tema si es que realmente te interesa y no echarlo por tierra por saber “de quien viene”
El último gran debate interesante lo planteó un twittero muy conocido por sus modos, su arrogancia, su superioridad moral y su espíritu fascista al emitir su opinión, si no pensas como él sos un idiota. Esto no quita que aunque las formas sean reprobables, los debates que plantea quizás no. El último tema que trajo a la palestra de los 280 caracteres desnudó una realidad que duele: los argentinos somos unos perfectos ignorantes ante el VIH y el SIDA.



Confundir VIH con SIDA, creer que la epidemia sigue siendo “la peste rosa”, igualar VIH a muerte, no tener idea de qué se trata tener una carga viral indetectable, no conocer las posibilidades de contagio ni los métodos, pero sobre que toda esta ignorancia en el tema, lo peor es que les da pie a muchos a creerse con el derecho suficiente para violentar la intimidad de una persona que vive con VIH con el único fin de discriminarla.
El usuario @DamAguirreOK expuso una situación de clara discriminación por su condición de VIH+. Conto en una serie de tweets que tiene el virus hace años, que está bajo tratamiento, que hace mucho tiempo se encuentra con su carga viral indetectable, que tiene sexo casual con otros varones pero siempre lo hace usando preservativo. Aun así una pareja ocasional luego de tener sexo con él, se enteró de su condición epidemiológica y le reclamó por qué no había advertido antes de tener relaciones.



¿Para qué quería saber de antemano esa pareja ocasional si Dam Aguirre era VIH+? Para hacer lo mismo que expresaron todos los que se pusieron a favor del joven ocasional: si hubiesen sabido antes que una persona con la que se va a tener sexo con protección tiene VIH probablemente hubieran preferido no tenerlo, aludiendo a que no quieren estar expuestos a un riesgo innecesario.
Aquí está el problema: creer que una persona que vive con VIH nos pone en una situación de riesgo de contagio.
Desde que pasamos a la barrera del año 2000 en Argentina, ni con ministerio ni con secretaria de salud, se puso al VIH como una política de Estado. Aún tengo recuerdos de cómo en los años 90 nos machacaban la cabeza una y otra vez con el uso de preservativo. Eran épocas donde el contagio era fuerte y las personas infectadas caían como moscas. Pero el problema de que estos últimos 20 años no hayamos tenido campañas agresivas con un tema sensible logró que a la fecha la tasa de contagio no haya bajado ni un poco, es más, subió. Y que sobre todas las cosas, todos creemos saber del tema y después cuando se nos presenta una situación como la del twittero y su pareja de ocasión, no sabemos si está bien o si está mal porque todavía dudamos hasta qué punto corremos riesgo.
Primero que nada es importantísimo saber que el preservativo previene en un 98% el riesgo de contagio. Por esta razón es que antes de saber cuál es el status serológico de alguien con quien nos vamos a acostar sólo una noche, lo primero que debemos hacer es protegernos. Supongamos que Dam no sabía de su infección por lo tanto no le podría haber advertido ¿aun así se hubiera enojado? ¿Aun así no debería hacer lo que hizo que es usar un preservativo? Ahora bien ¿Qué hubiera pasado si le avisaba de antemano pero le proponía hacerlo como lo hicieron con la protección adecuada? Seguramente se hubiera negado por ese 2% de posibilidad de contagio. Porque el VIH asusta.
Lo que más miedo da es lo desconocido. No saber exactamente sobre los riesgos de VIH nos asusta y nos paraliza y ante la duda preferimos tener a los portadores de virus bien lejos, no vaya ser cosa que pase algo raro.
Lo segundo que deberíamos saber es que el VIH no es como en los 90, hoy se ha transformado en una enfermedad crónica con el tratamiento adecuado. De la misma manera que un diabético insulinodependiente que depende de una medicación para vivir pero que con eso al día puede hacer una vida exactamente igual a los de todos no que no tienen la enfermedad. Sin embargo a nadie se le ocurre levantarse a alguien por ahí, querer tener sexo casual pero antes nada consultarle si tiene o no diabetes, o colesterol alto o es hipertenso.
Lo tercero que deberíamos aprender es que el VIH no se transmite como se puede trasmitir una gripe, es un virus de débil, de baja adherencia. Por esta razón es que no se contagia por besos, por compartir vasos, si por sudor o lágrimas, sino que para transmitirlo es necesario llegar al torrente sanguíneo, por eso es una enfermedad que habitualmente se transmite vía sexual. Las relaciones sexuales producen pequeñas mico fisuras en los genitales haciendo mucho más fácil el camino para que el virus llegue al torrente sanguíneo ¿Por qué siempre es más alto el número de varones homosexuales infectados? Justamente por este tema, el sexo anal produce muchas más fisuras que el vaginal por tamaños y por lubricación natural de zona.
Los tratamientos con antiretrovirales utilizados en el día de hoy son tan efectivos que le bajan la fuerza al virus haciéndolo cada vez más débiles. Cuando una persona infectada se encuentra en el status de “indetectable” no significa que no tiene el virus sino que es tan débil que aun llegando al torrente sanguíneo del otro, no lo contagia. Por lo tanto alguien indetectable es alguien que no transmite el virus, con o sin preservativo. Alguien que conoce su estado viral y sigue un tratamiento no contagia el VIH, se corta la cadena. Debemos decir que en este caso el portador del virus era indetectable pero como se trataba de sexo ocasional debía cuidarse de todos modos y lo correcto es hacer lo que hicieron: cuidarse.
¿Entonces por qué sigue habiendo contagios a pesar de que con un medicamento se corta la transmisión y mantiene el sistema inmunológico del infectado como si tuviera el virus? Por una cuestión muy sencilla, el 30% de los infectados con el virus del VIH no sabe que lo tienen. Eso sumado al no uso del preservativo hace que el virus se siga difundiendo, de ahí reside la importancia de usar preservativo siempre en las relaciones ocasionales ¿Y por qué no lo saben? Por el mismo motivo que circunda a todo lo relacionado con el VIH: por miedo. Nadie quiere enterarse que se va a morir y como relacionan al VIH con la muerte prefieren no hacerse un test. Quizás producto de aquellas campañas tan agresivas en los 90 fue que quedó asociado el VIH con la muerte.


El conocimiento te salva. Conocer cuál es estado viral de uno puede hacer la diferencia entre vivir, morir, contagiar o no contagiar. Pretender conocer el estado viral de los demás es dotarse de una buena excusa para seguir estigmatizando la enfermedad, discriminar a los que la poseen y alimentar paranoias infundadas.
La intimidad y la privacidad es algo muy personal que no tenemos la obligación de exponerla por más que los demás nos lo exijan si no estamos poniendo en riesgo a nadie. No todo es lo mismo. Si en una relación sexual uno no quiere cuidarse, es obligación moral del infectado con dar a conocer su estado. En cambio si deciden cuidarse, no, porque no afecta en absolutamente nada. Tampoco es lo mismo tener una relación sexual casual en la que se cuidan y tener una relación de pareja estable. Hoy las parejas serodiscordantes (quien sólo uno de los dos tiene el virus) viven toda su vida sin contagiarse porque ambos saben el estado serológico, ambos saben la importancia de seguir el tratamiento y ambos saben que el riesgo de contagio puede desaparecer si todo se hace bien e incluso dejando de utilizar preservativos.
Lo que si debemos comprender es que las relaciones sexuales se hacen como mínimo de a dos y es completa responsabilidad de los dos de cuidarse y de saber su estado. No podemos exigir que otro nos cuide porque nosotros no tenemos ganas de informarnos.
Ni las empresas se animan a tanto. Hoy una ley antidiscriminatoria que rige en nuestro país protege la privacidad de las personas que viven con VIH. Ningún empleador podrá hacer un test sin el consentimiento de la persona, ni podrá despedirla por portar el virus. Por una cuestión sencilla: su condición viral no afecta en ningún trabajo. O sea que el Estado hoy protege a las personas que viven con VIH para que no sean víctimas de discriminación laboral basada en prejuicios, pero eso si, a la hora de tener sexo casual, como sociedad, queremos poder discriminar de antemano ¿en qué momento nos hemos vuelto tan fascistas? Es como saber que ser judío no tiene nada de malo pero por las dudas los queremos lejos. O como saber que un homosexual es una persona normal pero no quererlas en mí entorno. De esta manera es que queremos saber de antemano la carga viral de alguien, para decidir si la quiero cerca o la quiero lejos aunque no corra riesgo alguno. O sea, queremos saber para discriminar.
En vez de ir por la vida exigiendo a las personas que vayan con su estado serológico tatuado en la frente para darle a uno la libertad de discriminar si es que quiero, concentremos nuestra energía para saber cuáles son los riesgos reales a los que estamos expuestos y qué manera podemos cuidarnos de ellos.
No es peligroso ignorar el estado serológico de una pareja sexual, lo peligroso es ignorar los riesgos a los que nos sometemos en el sexo con cualquier pareja sexual. Peligroso es ignorar nuestro propio estado serológico por miedo a los prejuicios que nos inculcaron.
Porque lo hoy en día el VIH no mata, lo que mata es ignorar.             

Publicado por Juani Martignone
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