Algo más que homosexual
En su versión digital el diario
más grande de la Argentina tituló “Siri Hustvedt, la esposa de Paul Auster,
gana el premio princesa de Asturias a la mejor escritora 2019”. Habrán pasado
apenas 24 horas cuando bajaron la publicación y la cambiaron por una en la que
mencionaban su situación conyugal recién en el tercer párrafo. Esto respondió a
reclamos (feministas, sí) que manifestaban la no necesidad de aclarar que era
la “esposa de…” cuando Siri tenía brillo propio, tanto, que este año era
galardonada con uno de los premios más importantes de la literatura universal. La
noticia es que Siri Hustvedt gana un premio por su literatura de corte
feminista y después de publicar más de una decena de textos entre novelas,
ensayos y poesías. Que este casada con el escritor de fama internacional Paul
Auster, con quien además se diferencian en el estilo escritura, es un simple
dato de color.
Entiendo que la vida privada de
propios y ajenos es el atractivo que vende pero también es la semilla que
siembra la especulación. “¿A Siri Hustvedt le dieron el premio porque es buena
escritora o porque es la mujer de un gran escritor?” “¿No será que es Paul
Auster es que le escribe y le enseña a escribir a escribir a una novata como
Siri Hustvedt?”
La vida privada enchastrando la
vida pública no es sólo un terreno que afecta a las mujeres y por la cual las
feministas deben enojarse, es algo que no afecta a todos por igual. De hecho el
caso del gobernador Gustavo Melella, es bien ejemplificador.
El otro diario grande de la
Argentina tituló sobre un político “El gobernador electo por Tierra de Fuego
reveló que es gay” y toda la nota hace referencia a su vida íntima y respecto
de su sexualidad. Que vive o no libremente su sexualidad, que cuánto tiempo
lleva en pareja, que como salió del closet, que como es llevar un cargo público
siendo abiertamente homosexual.
En una sociedad donde el 10% de
la población es homosexual podríamos inferir que el 10% de los artistas son
homosexuales, el 10% de los futbolistas son homosexuales, el 10% de los
sindicalistas son homosexuales y también por qué no inferir que el 10% de la
clase dirigente es homosexual. Sin embargo, salvo por los artistas, estos porcentajes
no se asemejan ni un poco a la realidad o a la realidad que se hace pública.
Por lo tanto la noticia de La Nación cobra relevancia en una
política tremendamente heteropatriarcal.
Ahora bien si lo que nos interesa
es el desarrollo como actor social de políticos, sindicalistas artistas o
futbolistas ¿qué tan importante es conocer su vida sexual? ¿Acaso el hecho de
compartir la cama con alguien de su mismo sexo (o simplemente con alguien) hace
al hecho de gobernar o patear una pelota? ¿Debería importarnos la vida privada
de los políticos o deberían importarnos sus políticas?
Los medios de comunicación suelen
encontrarse con un límite que es débil y difuso entre vida pública y vida
privada cuando hablan de personas públicas. No todos los datos de la vida
privada son de interés público. Si tratamos ciertos datos de la vida privada
como de interés público cuando en realidad sólo son chusmerío, se está haciendo
prensa amarilla.
Saber diferenciar cuando un dato
de la vida personal tiene relevancia pública es tan sencillo como comprender
cuánto ese dato afecta directa o indirectamente a la sociedad. Si no lo hace
sólo nos estamos metiendo entre sus sábanas.
A poco de terminar su último
mandato como presidente de Francia, Françoise Mitterrand, mantenía bajo el
ámbito privado dos datos que cualquier periodista de la escuela de Rial se
hubiese muerto por contar en la prensa nacional e internacional. Mitterrand
tenía dos familias, una oficial y pública y otra extraoficial y oculta.
Mitterrand también tenía cáncer de próstata con un mal pronóstico. Hasta donde
se sabe al día de hoy, el entonces presidente de Francia no destinó fondos
públicos para mantener económicamente a su segunda familia, por lo tanto, si
Françoise Mitterrand es era un bígamo mujeriego que le faltaba el respeto a su
mujer legal es un asunto que debía resolverlo en seno de su familia. En cuanto
al diagnóstico de su enfermedad que podía dejarlo sin vida en plena presidencia
era un asunto de Estado, una noticia de interés público. Sino recordemos como
Hugo Chávez mantuvo en secreto su enfermedad, ganó las elecciones y un tiempito
después de un día para el otro murió sin que ninguno de sus votantes supiera de
la situación por la que estaba pasando y a qué se enfrentarían posteriormente,
y bueno, se enfrentaron a Maduro y así están.
En el caso de Francia la prensa
actuó como la prensa venezolana o como la argentina, dio a conocer sólo la
noticia de la bigamia del presidente, no así su estado de salud. Las sabanas de
Françoise Mitterrand ocuparon las páginas de la prensa amarilla y a meses de
haber terminado su presidencia murió de un día para el otro dejando a la
sociedad francesa estupefacta con la noticia.
Pasaron casi 25 años de aquel
episodio y hoy vivimos en tiempos de redes sociales donde la mismísima vida
privada de cada uno se hace pública en cualquier story de Instagram y esto le da
fuerza a la prensa a tratar como de interés público la charla privada de Lázaro
Báez con su amante o el cosplay del hijo de Alberto
Fernández, cuando en realidad lo que debería importarle a la sociedad de ambos
es si Báez recibió beneficios con la obra pública y los devolvió en retornos a
la pareja presidencial y si los problemas pulmonares de Fernández son un dato
para preocuparse en alguien que debe gobernar los próximos cuatro años.
Este es el sesgo amarillista que
produce la noticia sobre la sexualidad de gobernador electo por Tierra del
Fuego Gustavo Melella ¿es de real interés público su vida privada? ¿Acaso
mantiene sus deseos homosexuales con dinero público como lo hacía el ex juez
Oyarbide? ¿Acaso su homosexualidad transforma a este ex miembro de la iglesia
en el estandarte de los derechos LGBTIQ? Ninguna de estas cosas sucede.
Lo que no se cuenta de Melella, o
se cuenta poco, es que tiene denuncias por presuntas extorsiones a empleados de
la construcción ofreciéndoles obra pública a cambio de favores sexuales. Una
noticia que claramente es un asunto de Estado y preocupación de la sociedad
porque si se comprueba que es cierto, ningún fueguino está exento de sufrir
estas extorsiones. Si no es cierto pasará a ser parte del bajísimo índice de
personas acusadas de abuso que son inocentes en la que la mayoría son varones
blancos heterosexuales.
Lo que debemos comprender es que
la sexualidad de Gustavo Melella no interfiere en cuestiones tales como ser un
buen político o un abusador, porque un homosexual no es más que una persona
común y corriente que puede ser bueno o malo, sólo que bajo sus sabanas y en el
ámbito privado realiza cosas que no realiza la mayoría pero lo hace sin obligar
ni lastimar a terceros. Por esta razón hacer una nota completa sobre la
sexualidad de Melella está de más ¿Acaso los “diarios serios” se encargan de
hacer notas completas sobre la pareja de un varón heterosexual, cuánto hace que
está en pareja, cómo le contó a la familia que estaba en pareja y cómo sus
amigos conocen y tratan a su pareja?
Insisto, en un país donde la
minoría homosexual no ve representada en la esfera pública, ésta no es una
noticia menor pero si es una noticia de color, quizás para la revista Hola.
O quizás se podría haber hecho una nota apuntada al cambio social que estamos
viviendo cuando vemos a una sociedad fueguina que votó a un varón pública y
abiertamente homosexual sin importarle lo que hace puertas adentro sino para
que le resuelva sus problemas político/públicos. Una sociedad que no se cuelga
leyendo notas sobre la vida privada de un político porque lo que le importa de
un político es su capacidad del quehacer público.
Porque en este país y en el mundo
entero seguirá siendo una rareza ser un homosexual ocupando la esfera pública
cuando nosotros desde los medios y la sociedad sigamos tratando estos temas
como una rareza.
Hoy marchamos porque estamos
orgullosos de lo que somos, no para que le agreguen el “homosexual” a eso que
somos, hay algo más que eso. Marchamos que vean que somos ese 10% de la
sociedad que a muchos les parece raro y consideran que deben hacer una nota aclarándolo.
Marchamos que vean que ese compañero de laburo, vecino, empleado de la vuelta
de tu casa, profesor, etc, también puede hacer cosas maravillosas o monstruosas
sin la necesidad de que te enteres que pasa en su cama, como hicieron con Siri Hustvedt
y Gustavo Mellela.
Marchamos por el orgullo, no por
la estigmatización. Feliz marcha.
Publicado por Juani Martignone
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