Desde adentro
Se acercaban los Latin
Grammys y era obvio que uno de los protagonistas indiscutidos junto a
Ricky Martin sería el cantante boricua Bad Bunny. Su lucha pacífica por el
quiebre de un sistema misógino y homofóbico en Puerto Rico fue un hito no sólo
en el mundo de la música sino que a nivel político global. Por eso también los
ojos iban a estar puestos en ellos.
En los días previos a la
ceremonia una noticia corrió por fandom y los medios de noticias dedicados a la
música: Bad Bunny analizaba no presentarse a la ceremonia. Su último hit
“Callaíta” tiene un estribillo que la academia consideraba inapropiado cantar.
“Ella es callaíta pero en el sexo es atrevida. Marihuana y bebida. Gozándose la
vida” al mejor estilo MTV le pedían blurear las palabras sexo y marihuana
o bien reemplazarlas por palabras “aptas para toda la familia”. Y el cantante
se negaba a esto.
Finalmente se presentó acatando
las “normas del buen gusto” impuestas y al consultarle qué le hizo cambiar de
opinión hizo referencia a una declaración de Susan Sarandon. En ella la actriz
comentaba que había sido una de las fervientes opositoras a que se celebre la
ceremonia de los Oscars cuando hacía pocos días había estallado la guerra de
Irak, aun así se celebró igual. Entre participar y no participar para demostrar
su disconformidad eligió ser parte del evento, sólo que agregó algunos detalles
para su voz se haga evidente. En plena transmisión en vivo mientras la cámara
recorría el escenario plagado de las ganadoras a mejor actriz, Susan mostró un
símbolo de la paz, pequeño pero que en ese contexto y en un evento donde estaba
prohibido hacer comentarios sobre la guerra, se volvió enorme. Sarandon diría
luego “Siempre es preferible usar los espacios de difusión, aunque estos nos
quieran decir qué tenemos que decir. De alguna u otra manera podemos salirnos
con la nuestra. En cambio no utilizar estos espacios es perder un gran foco de
difusión por el cual podría pasar nuestro mensaje”
Participar de los eventos aunque
no estemos de acuerdo con su idea justamente para manifestarlo desde adentro. Y
fue entonces que el cantante puertorriqueño Bad Bunny siguió los pasos de la
actriz norteamericana Susan Sarandon e hizo de su exposición un pequeño acto de
rebeldía contra el sistema preestablecido. Acató la censura de su tema que le
proponían pero a cambio él les censuró al evento nada más y nada menos que su
cara. Entró al escenario precedido por una orquesta de cuerdas vestidos todos
con lentes y un tercer ojo al estilo del boricua y cantó “Ella es callaíta pero
parece atrevida. Mar y mar y bebida. Gozándose la vida”. A primera impresión
podría ser el tema pero también podría ser que no. De esta misma forma cuando
irrumpió en el escenario lo hizo con un saco rojo oversize muy a su estilo, una
capucha cubriendo su cabeza y una máscara malla entera de cristales Swarovsky
cubriendo toda su cara.
¿Era Bad Bunny o no? A primera
impresión podría ser él pero también podría ser que no. Cuando una fan le
preguntó por redes sociales no confirmó ni negó sólo dijo “Estos son los
efectos de la censura, no dejan ver su contenido original” Podemos escuchar su
voz, y si lo conocemos bien podemos ver que es su look, su forma de caminar y
moverse, incluso las facciones de su cara, pero algo molesta, algo no nos
permite ver del todo, algo está blureado, algo fue censurado.
Si señoras y señores, el hombre
que canceló una millonaria gira europea para luchar por que en su país no
exista el sexismo y la homofobia, lo hizo de nuevo, Bad Bunny lo hizo otra vez.
Este reguetonero que elige el oversize en su vestimenta porque “no
importa mostrar o marcar el cuerpo” y que aparece en sus presentaciones con
uñas pintadas con nailart o incrustaciones de piedras, hace una feroz crítica a
una industria machista y puritana con sutiles actos y siendo parte de la misma
industria. La hace explotar desde adentro.
Claramente sería más sencillo y
mucho más esperado que quien critique al mundo de la música sean otras artes o
bien quien critique al reguetón sean los rockeros u otros estilos musicales, pero
de esta forma quedaría reducido a una rivalidad donde nos obligue a tomar
partido por uno o por otro. En cambio sí quien lo dice es alguien de las
propias entrañas de ese mundo cambia el sentido por completo. No es una
rivalidad para conseguir más adeptos, es plantear que pertenece a un mundo del
que no se quiere ir pero pretende mejorarlo.
Salvando todas las distancias,
algo parecido hizo la socióloga argentina Rita Segato cuando criticó
fuertemente el gobierno de Evo Morales en pleno estallido social y golpe de
Estado. La académica perteneciente al selecto grupo del progresismo argentino y
que al mismo progresismo le gusta consumir dijo “En mi compresión de los
sucesos, Evo cayó por su propio peso. Él incurrió en acciones lo largo del
tiempo que causaron un quiebre de la credibilidad y luego un quiebre en la
gobernabilidad. Para mí no ha sido víctima de un golpe, sino víctima del
descrédito general en que encontró en razón de varias de sus acciones (…) Y fue
un golpe oportunista que sucede a posteriori de ese vacío de poder que se
genera por los muchos errores y excesos del gobernante”
Rita, residente vitalicia del
mundo progresista se sentó en medio de la ronda de los que lloraban por el
pobre Evo discriminado por indio y negro e hizo explotar una bomba que dejó a
todos los suyos sin saber qué decir o hacer. Algunos la acusaron de haber
cambiado, otros de que fue tergiversada y otros más inteligentes como Santiago
O´donnell o Hinde Pomerianiec supieron leerla. Entendieron que hacer una
crítica desde adentro es siempre para sumar. Que pertenecer a un espacio no te
obliga a siempre estar deslumbrado con todo lo que sucede en él, también podes
criticarlo, no para que cambie del todo sino para mejorarlo.
Cuando le consultaron a Segato si
ante una situación tan violenta como un golpe era necesario criticar los
excesos del gobernante saliente, la socióloga referente feminista dijo “Yo soy
de la opinión que no puede perder esta oportunidad para hacer las críticas” De
la misma manera que Sarandon o Bad Bunny, no pierde el espacio, lo usa y dice
aquello que no se esperaba de ella para hacernos pensar un poco más fuera de lo
preestablecido ¿Qué sería de nuestra formación del pensamiento si siempre
estamos escuchando aquello que esperamos escuchar?
Alguna vez me he enojado con la Marcha
del Orgullo que promovía consignas como “No al FMI” o “Libertad a
Milagro Sala” porque corren el eje de las consignas estrictamente de la
comunidad o por tratarse de la defensa de referentes ultra homofóbicas por el
simple hecho de simpatizar con una misma idea político partidaria ¿Pero cómo
hago más por la causa? ¿Enojándome solo en casa y twitteando desde el sillón o
apareciéndome en el medio de la marcha con una remera con la cara de Brad Pitt?
En un ambiente donde se esperaba que fuera anti yanqui, me fui con un símbolo
bien norteamericano pero también de la comunidad gay, esa que quieren
invisibilizar creyendo que todos votamos a Cristina, queremos que Milagro Sala
siga libre para azotar homosexuales o que la política económica no sea ir al
FMI.
Criticar desde afuera es más
sencillo pero sólo genera binarismos, quizás es por eso que en este país
vivimos en grieta constante. En cambio criticar desde adentro nos propone una
nueva mirada introspectiva.
Estar atento y permeable a esas
críticas internas es estar dispuesto a mejorar.
Publicado por Juani Martignone
Todo el contenido, como las responsabilidades derivadas es
propiedad de quien firma.

Comentarios
Publicar un comentario