Serás peronista o no serás nada
Sin dudas uno de los grandes
historiadores que dio la Argentina, sino el más grande de los historiadores
argentino, fue Tulio Halperín Donghi, de gran trayectoria y prestigio a nivel
nacional pero también de aquellos que conquistó el mundo. Muchos californianos
pudieron estudiar en la cátedra Haperín Donghi de la universidad Berkeley.
Sus estudios fueron varios pero
como todo hombre de su época (nació en 1926) dos temas lo obsesionaban como
objeto de estudio: el peronismo y el comunismo. Habiendo tenido que exiliarse por
cuestiones ideológicas y alegando que siempre le resultó más difícil ser “contrera”
(forma elegante que tenían los peronistas para llamar a sus opositores) que ser
judío, Tulio proporcionó una vasta literatura que, aunque tiene una clara marca
ideológica, es ecuánime y bien argumentada.
Su teoría siempre rondó la idea
que en la Argentina sólo se puede ser peronista. Manejar otras ideas resulta
mucho más difícil e implica luchas más largas y más obstáculos por atravesar.
Al final de su vida en una entrevista a Carlos Pagni diría ya cansado a sus 82
años “Ya me acostumbré a la idea de que la Argentina es peronista”
Para ejemplificar la Argentina
peronista de la que nos habla Halperín Donghi, el fin de semana pasado mientras
estaba viendo la obra teatral “Happyland” en el teatro San Martín, presencié
como hubo gente que se levantó a mitad de la función porque la obra “hería” el
orgullo peronista nacional. Este music hall que trata en torno de la figura de
Isabel Perón en tono de comedia, cuenta los días en que la primera presidenta
argentina estuvo presa en el Messidor, mechado con su pasado de
bailarina de cabaret y su afición por el esoterismo y la brujería. Antes de
arrancar y en el tono que caracteriza a la pieza completa, Alejandra Radano
(quien interpreta a la Isabel madura) advierte la necesidad de un escribano que
certifique que no son golpistas y que no están cometiendo delito alguno porque “Desde
el código romano la sátira es un derecho”. Pese a la advertencia quienes
estaban en la fila delante de la mía se levantaron indignados al ver el espíritu
de Eva Perón personificado por un varón. Meterse con Isabel era una cosa que
podía llegar a ser tolerable, meterse con Eva era inadmisible. Se levantaron y
se fueron, detrás los siguieron otras personas de otras filas.
Algo parecido ocurrió el jueves
pasado con el humorista gráfico Rep en la presentación de su libro “Evita.
Nacida para molestar” en el que bromea sobre los lujos, excesos, rol político y
toda la iconografía pop en torno a la mítica figura. En plena presentación un
grupo de manifestantes escracharon al humorista con leyendas que decían “Mazorca
al zurdo Rep” “Gorila” y nuevamente la máxima de la Argentina peronista “Eva no
se toca”
En la Argentina peronista, reírse
de la Argentina peronista es cruzar un límite ético y moral.
Entre las tantas teorías y
leyendas urbanas que dan vueltas alrededor de nuestra sociedad que permiten
estudiar por qué la Argentina es peronista y eso no se toca, existe ese axioma
que dice que “sólo el peronismo es el que amplía derechos” que a su vez es
contrarrestado por la denuncia de la izquierda que dice que “siempre el
peronismo se robó las leyes progresistas de otros espacios políticos para
hacerlas propias con fines electorales y colgárselas como logro”. Si lo ponemos
en la perspectiva de Tulio Halperín Donghi vamos a ver que la Argentina al ser
peronista no admite que otro distinto al peronismo sea quien amplíe sus
derechos. Ya sea por demanda social o bien por aquellos mecanismos creados por
el peronismo para las cosas funcionen sólo cuando ellos ocupan los lugares de
poder. Cuando ellos no están se vuelve tosco, complicado y hasta la fecha nunca
se ha podido llegar a cumplir con los plazos que la democracia propone. Si todo
sucede como hasta ahora, en 15 días Mauricio Macri se transformará en el primer
presidente no peronista en completar su mandato. El único logró por lo cual lo
reconocerá la historia argentina.
Si pensamos en el axioma de los
derechos sociales y el peronismo es fácilmente comprobable que es falaz cuando
revisamos cualquier manual de historia hasta de baja rigurosidad. El voto
universal, la educación laica y gratuita, la creación de los sindicatos y la
regulación de las jornadas laborales son derechos que no dio el peronismo y con
los que el peronismo contó desde su nacimiento. Si vamos a cuando el peronismo
estaba consumado, el divorcio y la patria potestad compartida tampoco fueron
sus logros e incluso se dieron en un país donde eran necesarios los acuerdos y
consensos para poder empezar a discutir.
Pero en la Argentina peronista
los derechos sociales son los que da el peronismo, los demás no son tenidos en
cuenta.
El voto femenino es uno de los
grandes logros peronistas que hoy pretende teñir de feminismo al peronismo,
feminismo que la mismísima Evita criticó en “La razón de mi vida” al decir que
el feminismo busca hacer parecer a la mujer a un varón y que por eso en
contraposición creó el “partido peronista femenino”. La lucha por el voto
femenino fue una lucha a nivel global. El llamado “movimiento sufragista” nació
a mediados del XIX en el Reino Unido, un siglo antes de que Argentina hubiera
voto femenino, y las encargadas de traer este movimiento mundial al país fueron
las mujeres socialistas como Cecilia Grierson y la creadora de la primera agrupación
nacional feminista argentina, Alicia Moreau de Justo. Mujeres no peronistas.
Julieta Lanteri se enfrentó a una cruzada monumental en 1988 al luchar para
ingresar al Colegio Nacional Buenos Aires (colegio solo de varones en esa
época) para después tener la puerta abierta a estudiar una carrera universitaria.
Lanteri se transformó en una de las primeras mujeres en entrar a una
universidad argentina, la quinta en recibirse de médica (la primera fue Grierson)
y la primera mujer que votó en 1911, cuarenta años antes de que el peronismo
legalice el voto el femenino. Y todo esto gracias a luchas faraónicas y pedidos
especiales porque en el país nada de estas cosas estaban permitidas. Sin
embargo, cuando el peronismo tomó la ley de Moreau de Justo, la reescribió y la
presentó como propia, el voto femenino fue una realidad.
En la Argentina peronista muchos
podrán luchar pero sólo si se es peronista se va a ganar. Y la historia sólo
recuerda a los ganadores.
Después de irrumpir en el año
1992 con la primera marcha del orgullo gay, Carlos Jáuregui empezó a escribir lo
que sería el primer proyecto de matrimonio entre personas del mismo sexo. En el
año 2000 fue Margarita Stolbizer quien retomó esa lucha y la presentó en el
congreso. Laura Musa volvió a retomar en 2002 y 2004 y luego Eduardo Di Pollina
en 2007. Todos sin éxito, todos no peronistas. En 2010 Vilma Ibarra, la entonces
mujer del presidente electo Alberto Fernández tomó el proyecto original, lo
reescribió, lo presentó, se debatió y se hizo ley.
En la Argentina peronista sólo
importa que fue el peronismo el que nos permitió casarnos a los homosexuales,
los 20 años de lucha no peronista que no pudieron llegar a puerto, no valen.
En la presentación del libro de
Ana Correa “Somos Belén” que investiga el caso de una mujer presa por tener
haber tenido un aborto espontáneo (en los países donde el aborto es delito,
como este, cualquier tipo de aborto merece cárcel) el futuro presidente de los
argentinos, Alberto Fernández, anunció que presentará un proyecto de ley para
legalizar el aborto, o quizás despenalizar, nunca es del todo claro en el
concepto aunque alberguen fenomenales diferencias.
Las preguntas son varias y
aludiendo a la historia que tanto estudió Tulio podemos pensar ¿Va a tomar el
proyecto que tantos años tardó en gestarse, que tanto costó debatir y tantos
consensos transversales costó? ¿O va a hacer la típica técnica peronista de
reescribir por sobre la sangre de la lucha de otros para llevarse un logro
electoral y partidario? Por otra parte, si hoy teniendo más mayoría antiaborto
en el congreso ¿Cómo haría posible que se convierta en ley? ¿O será que los
antiaborto se volverán pro aborto si el que plantea la discusión del aborto es
un peronista? Muy posible en la Argentina peronista.
A vistas de los últimos papelones
del gobierno nacional al derogar el protocolo de una ley centenaria como la ley
de ILE
(interrupción legal del embarazo que se da con dos causales) hay que hacer muy
poquito para ir a la izquierda de Macri, por ejemplo despenalizar para salvar a
las ricas que abortan y seguir escondiendo bajo la alfombra a la pobres que lo
hacen.
Esto no es una cuestión de rédito
político, es el miedo que sea estrategia electoral (el voto femenino y
matrimonio igualitario fueron y siguen siendo grandes tanques electorales) pero
sobre todas las cosas la invisibilización de una lucha que cuesta darla durante
muchos años siendo no peronista. Si para adquirir un derecho sólo hay que
mostrar el carnet de afiliado del partido peronista no estamos hablando de
derechos inclusivos aunque luego gocemos todos de ellos. Estamos hablando de un
axioma que se hace real para adoctrinar en el voto “¿viste? Sólo yo puedo darte
los derechos, me tenés que votar”.
A diferencia del brillante Tulio
Halperín Donghi no me acostumbré a que la Argentina es peronista, siento que
debemos trabajar para dar a conocer que existe una Argentina que también es no
peronista, que lucha desde hace mucho tiempo por los derechos y tiene que ser
posible que también pueda ser protagonista de la historia.
Publicado por Juani Martignone
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