Borges siempre garpa
Existe un mito bien argentino de
que Borges es un autor “difícil” y existe un mito bien peronista (por ende,
también bien argentino) que Borges es un autor “antipueblo” y “facho”. Lo
cierto es que pareciera que quienes salieron a rodar ambos mitos y quienes los
reproducen hasta el hartazgo son personas que nunca en su vida han leído a
Borges.
Básicamente, y para hacer una
simplificación, la literatura de Borges se divide en literatura fantástica y en
literatura gauchesca, aunque por momentos ambas se toquen y se mezclen entre
sí.
Tildar de “difícil” a la
literatura fantástica es algo extraño porque claramente lo onírico y fantasioso
no tiene un relato simple que podemos leer de corrido, porque justamente los
sueños tampoco lo tienen. Parte de esa fantasía y de ese sueño es no entender
si el protagonista de “El sur” está viviendo ese viaje a Adrogué o está en un sueño del coma
que lo había dejado el accidente anterior. Que nos resulte del todo
incomprensible qué es ese aleph que se encuentra el
protagonista al bajar al sótano y donde se reúne todo lo que el universo es con
su orden y su caos, es la gracia del cuento.
Cuando empezaba a leer mis
primeros libros en inglés, mi profesora me decía que no me detenga en entender
todas y cada una de las palabras porque era posible que no tenga el vocabulario
suficiente, me incitaba a que siga, a entender la main idea, el concepto
principal de lo que el párrafo, el capítulo, el libro me quería decir. Entender
y entretenerse con esa idea principal es la función principal de la literatura,
después los pequeños detalles de qué significa esa palabra, qué significa esa
frase o de donde vienen, lo harán más rico al texto pero en primera instancia
no es obligatorio, ni mandatorio para entenderlo.
Creo que este es “el problema”
que tiene la literatura gauchesca de Borges por lo cual se lleva el mote de
“difícil”: quedarse varado en la cantidad de datos pequeños y complejos que en
general no hacen a la idea principal, sólo la enriquecen. Borges concebía a los
gauchos como una conjunción de muchas culturas, desde la de los pueblos
originarios, hasta la española, italiana, inglesa, judía y árabe. Toda esta
conjunción la incorpora en sus textos para comprender la complejidad del
gaucho, del criollo argentino. Siempre que alguien me pregunta por leer o no a
Borges, le digo aquello que me decía mi profesora de inglés: que lea de
corrido, que no importan aquellos detalles que uno no entiende, lo importe es
seguir y al final tendrán una historia fascinante. Luego si quieren podrán
investigar todo lo que les resulte incomprensible y ahí se enriquecerán y
comprenderán la genialidad de Borges.
En cuanto al mito peronista sobre
el máximo escritor argentino podemos decir que se suma por un compendio de
cosas pero la primera es que Borges fue un manifiesto antiperonista, y como
bien sabemos, el peronismo clásico es un peronismo populista y para que existan
relatos populistas son necesarios los héroes y los villanos: todo aquel que no
adscribe a sus filas pasa a ser un enemigo, sin posibilidad de matices que
ensucie el relato.
Fue así que parándose sobre la
teoría de ser un autor “difícil” lo acusaron de “antipueblo”. Alguien que no
escribe sencillo para el pueblo pasa a ser un elitista, alguien que odia al
pueblo. En los populismos la cultura debe reflejar al pueblo tal como es, no
debe juzgarlo sino justificarlo y legitimarlo. En los populismos la cultura no
es un elemento para elevar la vara. Eso es el pecado imperdonable que le
endilgan a Borges. Él no tomó al pueblo tal como era sino que lo complejizó, e
incorporó el origen multicultural para justificar sus actitudes. Podríamos
decir que fue quien mejor analizó y comprendió al pueblo en su época.
En cuanto a la acusación de
“facho” también podemos decir que es por no suscribir las políticas nacionales
de su época, pero no las suscribía justamente por tiranas, dado que siempre se
consideró un liberal y consideraba fascista la hegemonía cultural del
peronismo, del mismo modo que lo hizo Cortázar pero sin exiliarse.
Los mitos de Borges perduran en
el tiempo, sólo que hoy es más difícil esquivarlos. Y aunque en el inconsciente
colectivo esté bien instalada estas ideas del autor lo cierto es que hoy leer a
Borges garpa. Respondiendo al mito elitista, un lector de Borges es un lector
de “alto rendimiento”, te eleva al nivel de ser “inteligente” por leer esa
literatura “tan difícil”. Lo cierto es nada de eso es real, mis análisis sobre
la literatura de Borges podrían agarrarlos cualquiera con estudios en el tema y
destrozarlos porque puede que no haya entendido nada, simplemente soy un lector
que disfruta de leer a Borges. Nada más. Porque después de todo de eso se trata
la literatura. Querer incorporarle toda una cuestión simbólica e ideológica es
algo que la literatura nos puede dejar como no, o bien, puede ayudar para
negarlo.
El nivel de “intelectual” al que
te asciende leer a Borges es el ansiado por todos los políticos aunque nunca lo
hayan leído, el problema es que desconocerlo puede hacer que el tiro les salga
por la culata y quedar como lo opuesto. Ya le había pasado a Larreta cuando en
los subtes de Buenos Aires llenó de frases que se las adjudicaba a Borges
cuando en realidad no eran de él. Y la última fue cuando el presidente de la
Nación, Alberto Fernández, en plena presentación del Plan nacional de lectura,
se refirió a las novelas que Borges había escrito. Borges escribió cuentos,
poemas, haikus, en inglés, en español, pero nunca escribió novelas. Bien
gráfico.
Parece que ser argentino y no
haber leído a Borges es un pecado como no saber bailar tango o hacer asados,
planteando nuevamente una hegemonía cultural a la que el mismísimo Borges se
opuso con vehemencia. Existimos los argentinos pataduras para el baile, existen
argentinos veganos y existen personas muy inteligentes que no les gusta o no
les parece atractiva o simplemente no han consumido la literatura de Borges. Y
está bien. El mejor homenaje que le podemos hacer a Borges (y a cualquier
autor) es no ensuciar su obra con nuestros prejuicios y equivocaciones, no
adjudicarles textos que no son de su autoría y no decir que escribieron géneros
a los que ni se acercaron.
Decir “no sé” es el acto más
inteligente que podemos hacer ante el desconocimiento. Pedir esa humildad a los
gobernantes debería ser normal y no pretender el paternalismo del Estado que lo
sabe y puede.
Muchos de los que se rieron del
error garrafal de Larreta hoy se ofenden y tildan de elitistas a quienes
también nos reímos del error garrafal de Fernández. Esos que acusan de “facho”
a Borges se vuelven fachos al decirnos de quien está bien reírse y de quienes
no. Hegemonizar la cultura siempre para una dirección.
Queda a las claras que la cultura
no es el fuerte de nuestros gobernantes, por eso es muy importante el
relanzamiento del Plan nacional de lectura, porque la cultura no siempre
ideologiza pero sí, siempre enriquece. Y es muy importante que las generaciones
venideras sean más ricas culturalmente. Para que el día de mañana un chico que
se crió en el seno de una familia de clase media, que transcurrió por todas las
instancias educativas incluyendo la universitaria transformándose en
profesional, llegue a hacer una carrera promisoria y obtenga así el puesto más
importante del país, como es ser presidente de la nación, y sepa muy bien que aunque
no comulgue con las ideas de Borges, éste nunca escribió una novela.
Publicado por Juani Martignone
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