El efecto pareja
El lunes pasado uno de los
diarios más respetables del país, publica una nota política y las redes
estallan al grito de “machismo”. Luego de blanqueada la noticia de la historia
de amor entre la ex gobernadora María Eugenia Vidal y el periodista deportivo
Quique Sacco, los medios y la política no paran de hablar y de adjudicarle a
esta pareja circunstancias de todo tipo y color.
Habiendo sido destrozada en las
últimas elecciones y tras haber sido sucedida por un gobernador que se muestra
iracundo desde el minuto cero y que hasta ahora sólo comunica pálidas y hace referencias
constantes a lo que antes se llamaba “la pesada herencia”, Vidal sigue en centro
de los comentarios públicos a pesar de estar de vacaciones de su rol de
política y de ejercer su rol de “persona común”.
Para analizar la situación, el
periodista Franco Lindner de Perfil, dijo que esto ocurría
gracias al “efecto Quique Sacco”. De modo irónico dijo que a la ex gobernadora
se la ve más linda y más presidenciable desde que está de novio. Los twitteros,
conocidos paladines de la corrección política, pusieron el grito en el cielo y
acusaron al periodista de machista y reclamaron al primer diario argentino en
tener editora de género, cómo no percibió este acto de “micromachismo”.
El problema de Twitter y de todas
las redes sociales y de casi todos los medio de comunicación en general es el click
bite: esa frase rimbombante que nos llama la atención para entrar a la
nota. Aun así este señuelo no logra prender como quisieran y con lo que se
quedan el 90% de los consumidores de todos estos medios, es con el título, con
esa frase que hace ruido y por consecuencia todas las repercusiones son en
torno a esa frase. Serán muy pocos los que entren a leer el contenido y a sacar
su conclusión de la lectura completa.
En este caso, este feminismo que
pretende ser moralizante leyó con esa frase que una mujer como Vidal comienza a
verse linda cuando está acompañada de un varón como pareja y ese es el “efecto
Quique Sacco”. El mismo feminismo que siempre fue muy injusto con la primera
mujer en la historia del país que rompió con un esquema machista enquistado en
lo que respecta a la conducción de la provincia de Buenos Aires y a las
provincias argentinas en general y que cuando Axel Kicillof dijo sin pelos en
la lengua que ella era una irresponsable por estar en Paris con su novio cuando
ya no ocupa ningún rol político estatal, se quedaron bien mudas antes semejante
frase misógina y machista. Indirectamente se volvió a la vieja excusa que las
mujeres que disfrutan del amor y de su sexualidad son irresponsables con sus trabajos
porque “no les da” para llevar ambas vidas y ningún SJW (social justice
warrior) se inmutó.
Sin embargo si entramos a la nota
para leerla por completo (que de hecho es extremadamente corta) nos damos
cuenta que Franco Lindner justamente en ese texto intenta criticar a aquellas
personas que cambian su percepción sobre alguien cuando ese alguien se
encuentra en pareja, como un efecto que logra en ellos ante los ojos de la
sociedad que los hace ver de un modo más respetable, más bellos y con proyección.
Franco no tuvo una frase machista, Franco cuestiona a esta sociedad que se cree
feminista pero desde que nos enteramos del noviazgo de una mujer adulta
separada con el viudo de una querida periodista, no hacemos otra cosa que
hablar de eso sin leer a la María Eugenia política o peor aún, sin leer al
actual gobernador que a los gritos y con cara de enojado (típica táctica
machista) borró de un plumazo los ministerios de ciencia y de cultura.
Lo triste de toda esta situación
es que es muy probable que el hecho de tener un noviazgo cuasi mediático sea el
efecto que hace que la carrera política de Vidal no esté muerta tras terrible
derrota y empecemos a ver en ella una figura resiliente. Esto confirma una vez
más esa teoría que ronda por mítines político partidarios que para aspirar un
puesto gubernamental, estar en pareja, abre puertas. Podríamos decir que a esto
la excepción fue la ex presidenta y actual vice presidenta Cristina Fernández
que explotó hasta el hartazgo su condición de viuda y se bañó de ese manto de
resiliencia, de quien se repone a los golpes duros, tan duros como la muerte
del mismísimo marido.
Si hacemos un ejercicio simple y
pensamos cuantos presidentes o presidentas que nos gobernaron llegaron a
semejante puesto siendo solteros, no vamos a encontrar a ninguno. Porque esta
teoría demuestra que vivimos en una sociedad tan machista que no discrimina por
género y que los perjudica a ambos por igual ¿Desde cuándo Alberto Fernández
blanqueó su noviazgo con Fabiola Yáñez? ¿Por qué después de su derrota en 2015
se supo que Daniel Scioli acordó por contrato que Karina Rabollini actúe como
su pareja a pesar de estar separados hace mucho tiempo? ¿Acaso Carlos Menem
esperó a ganar las elecciones presidenciales para luego echar a patadas de su
casa a una Zulema Yoma con la que ya no lo unía relación alguna? ¿De dónde
salió esa teoría que dice que Raúl Alfonsín y Lorenza Barreneche vivían
separados pero bajo el mismo techo para no perjudicar la gobernabilidad?
La respuesta a estas preguntas
está en que somos una sociedad tan machista que no confiamos en aquellos que no
tienen pareja ¿Qué pensaríamos de hombre sesentón como Alberto Fernández si
después de años de estar divorciado no volvió a formar pareja? ¿Qué será un
insoportable o un putañero viejo verde? ¿O quizás dudamos de su sexualidad? ¿Y qué
pensamos de una mujer cuarentona que lleva 4 años de divorciada, que es linda y
vital como María Eugenia Vidal, si todavía no rehízo su vida? ¿Pensamos que es
una jodida de esas que te “hierven el conejo”? ¿Pensamos que se acuesta con
hombres más jóvenes pero no lo dice para que no se manche su imagen como en
algún momento también se dijo de Cristina? ¿O también vamos a dudar de
sexualidad?
Lo cierto es que acá no estamos
preparados para darle poder a una señora sesentona fea, sin hijos a la que se
sabe que está casada pero que nunca se la vio con el marido en la arena pública
como la premier Ángela Merkel, porque al argentino le gusta el político con
pareja. Porque la pareja crea un efecto en la sociedad que da tranquilidad a la
hora de votar, sabemos que no va a estar boludeando en Tinder y se va a ocupar
de la responsabilidad que le encomendamos, sobre todo, porque no concebimos,
tanto para los políticos como para nosotros mismos, una vida adulta en
soltería. Y eso no es más que un rasgo de la sociedad patriarcal de la que
tanto estamos cansados de denunciar.
Por eso, decir que las parejas de
los políticos crean un efecto proselitista en ellos, no nos habla del machismo
de quien lo dice, nos habla de la sociedad machista en la vivimos. Pero claro,
no nos gusta que nos echen la culpa.
Publicado por Juani Martignone
Todo el contenido, como las responsabilidades derivadas es
propiedad de quien firma.


Comentarios
Publicar un comentario