Lo que nos enseñó Star Wars
El sábado pasado estuve más de
horas parado en El paraíso del teatro Colón para ver el episodio IV de la saga Star
Wars con la orquesta sinfónica tocando su música en vivo. Revivir esa
primera entrega me hizo recordar lo que amaba esa saga, lo que me ayudo a
formar esa línea conceptual que va de la república al imperio pasando una
guerra (de galaxias, en la película) y como mantener esa guerra es el
combustible necesario para que no muera el imperio en el que uno de sus jefes
militares es el malo malísimo Dath Vader.
Ese concepto se ve más tenue
quizás en las primeras películas, los episodios IV, V y VI, los personajes cual
alien y los efectos especiales que imagino que en los tardíos ´70 habrán sido
toda una novedad deslumbrante se comen toda la profunda crítica política de la
película y por lo tanto es motivo por el que muchos no elijan verla. La ciencia
ficción sigue considerándose un género menor, un género de niños, un género que
sólo intenta mostrar los cambios tecnológicos. Sin embargo es imposible
imaginar qué algunas de últimas series que todos podemos ver como Black
mirror, Westworld o Ad vitam o películas como Ex machina
sólo se traten de eso y no sean profundas críticas al statu quo actual.
La segunda entrega de la saga Star
Wars, los episodios I, II y III fueron más explícitos, explicaron cómo
en un gobierno interestelar, con complicidad y ayuda de algunos senadores,
diplomáticos y personajes de alto poder, deciden transformar la república bien
conformada en la que viven, en un imperio. La técnica es sencilla: plantear una
situación de crisis que en el caso de la saga es una amenaza fantasma (Título
del episodio I) para prescindir del poder del congreso, algo así como que si
algo muy grave acecha a la república no hay tiempo para “purismos” de debates
en los que todas las galaxias participen, hay que ser rápido y pragmático y por
supuesto no hay nadie mejor que el gobierno para tomar esas decisiones.
George Lucas, el creador de la
saga, explicó varias veces que el anclaje real de esta historia son los
gobiernos democráticos que lentamente se vuelven todopoderosos para hacer y
deshacer a su gusto porque ellos acusan ser mejores que nadie para hacer
deshacer, y el pueblo y el congreso les otorga ese poder. Siempre se compararon
los primeros episodios emitidos con la guerra de Vietnam y los últimos emitidos
con la de Irak no sólo por la coincidencia temporal en las emisiones sino por
el contenido en sí. El hecho de que un gobierno democráticamente elegido
plantee ir a una guerra, plantee una situación de emergencia, de crisis
constante para de esta forma evitarse los debates y gobernar sin pedir permiso
y consenso es lo que motivó al autor. La idea de separar dos lados bien
marcados, el lado oscuro y el lado “bueno” de La Fuerza para obligar a
la gente a escoger uno, lo que acá
diríamos “fíjate de qué lado de la mecha te encontras” es lo que le ayudó al
gobierno a conseguir el apoyo popular. Anakin Skywalker (spoiler alert) que
luego se transformará en el malísimo Darth Vader le dirá a su maestro “Si
no estás conmigo, eres mi enemigo” algo así como cuando George Bush hijo dijo “O
están con nosotros o son terroristas” y taparon el Guernica en la sede de la
ONU y todos le aprobaron que se invada Irak. Será en el episodio III cuando Anakin
en una crisis de ideología se acerca al maestro Yoda y éste cerrará las
grietas que abren los políticos para gobernar como emperadores diciendo en
todos está lado oscuro y el lado bueno de La Fuerza, lograr un equilibrio
entre ellos es la misión de todo buen jedi. Lucas dirá que escribió pensando en
Vietnam y le sirvió para Irak.
Las historias como las de Star
Wars trascienden los tiempos y los límites de los gobiernos
norteamericanos. En Argentina, por ejemplo, la mejor manera de concentrar poder
cual emperador son las crisis. Crisis que en efecto suceden pero que ponen
tanto a la sociedad como a los gobernantes en estado de alerta. Cuando hay una
crisis en este país no puede pedir debates, consensos y convivencia de
distintas políticas ideológicas. Hay que ser pragmáticos, hay que resolver,
dicen. Y para que nos quede bien claro el presidente de la Nación, Alberto
Fernández, lo explicitó en su último discurso en la apertura de las sesiones
ordinarias del Congreso: “En las crisis, las banderías políticas deben ceder”
Con esa simple frase, Alberto nos
dice que no podemos habilitar los debates entre políticos porque hay crisis. No
podemos expresar oposición porque hay crisis. Y de esta forma tenemos que
sucumbir ante las decisiones del poder gobernante. La crisis justifica el no
uso de las reglas de república, algo así como cuando en Star Wars había una
guerra que justifica los actos autoritarios del imperio. Y de hecho, la crisis
empieza a justificar los modos de gobernar cual imperio. El Congreso debía
ceder facultades extraordinarias al presidente durante el debate del mes de
diciembre (facultades más extraordinarias aun que la de la crisis del 2001)
porque hay crisis. Los jubilados deben ceder sus aumentos trimestrales que se
hacían en forma automática (con una fórmula discutible) para pasar a un sistema
en el que el presidente decide cuándo y en qué porcentajes se les aumenta,
porque hay crisis. El debate en plenario como aquel que vimos sobre el aborto
donde todos pudieron expresar sus posiciones y donde se hizo partícipe a la
población hoy se puede evitar cuando hablamos de cambiar de raíz todo el
sistema de jueces federales, porque hay crisis. Y más aún, el quórum puede
darse flojito de papeles con un diputado que es diputado pero ejerce un rol
diplomático porque será diplomático e incluso no sabe para qué da quórum,
porque estamos en crisis. Los aumentos y suba de impuestos a la clase media y
trabajadora se pueden dar tan sólo porque el presidente lo decide porque sólo
él, como un emperador todopoderoso, sabe quién gana más, porque estamos en
crisis y si la solidaridad no es voluntaria (concepto raíz de la solidaridad)
que sea obligada.
Las crisis justifican los
imperios pero al pueblo hay que convencerlo de que eso en lo que se viven no es
un imperio o bien, que es necesario que sea un imperio. Y entonces, tal como
hizo Macri, Alberto Fernández elije gobernar con el relato de la grieta. Esta
vez revive una vieja grieta que nos dividió por muchos años entre el lado
oscuro y el lado “bueno” de La Fuerza: la crisis con el campo. Se nos vendrán
temporadas de gente que lo más cercano a la vida en el campo que vivió fue un
fin de semana en un country de Pilar desplegando todo su odio contra el campo,
y gente que a razón de haberle metido la mano en el bolsillo sistemáticamente y
sin pedir permiso desde el 2001 los hicieron creer el sostén del país, desplegando
todo su odio para los ellos llaman mantenidos. Mientras, la marcha imperial
suena. El pueblo, al que no le dieron la posibilidad de un debate justo, se
peleará levantando banderitas y mientras tanto la república gobernara como un
imperio. Como Star Wars.
“El miedo a caer en el lado
oscuro, sólo te lleva más profundamente al lado oscuro” le dijo el maestro Yoda
a Anakin
Skywaker y no se equivocó. Su afán de gobernar siempre para el lado
“bueno” lo llevó a ir por la vida sin pedir permiso, lo transformó en el más
malo de malos, lo llevó al lado oscuro de La Fuerza.
Viendo el episodio IV donde un
grupo de rebeldes se niega a comerse todo el cuento del imperio y exige tener
participación en el debate público, y a vista de los que viene sucediendo en
nuestro país, creo que es un buen momento para volver a ver completa la saga de
Star
Wars.
Publicado por Juani Martignone
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