De China con amor
Las noches son más silenciosas,
las placas tectónicas se mueven, las masas de aire frío y caliente se chocan y
se escuchan trompetas en el cielo. Algunos creen que son las trompetas que
anuncian el apocalipsis, ya que motivos no les faltan para creerlo; otros creen
que anuncian la llegada de los extraterrestres; y otros que marcan el fin del
capitalismo.
China está en boga; es el único
país, de los poquitos países en el mundo en los que gobierna un régimen
comunista, que tiene éxito y por lo tanto se lleva todas las miradas ¿Qué
esconde este gigante oriental que todos quieren imitar? ¿Cuál es el famoso
“modelo chino”? si hablamos del fin de capitalismo ¿Acaso es el comunismo el
que nos salvará del apocalipsis que venimos fogoneando hace décadas y del que
ni las lágrimas de Greta Thunberg nos hicieron tomar real conciencia?
El mercado de Wuham, de donde en
teoría salió el paciente cero del coronavirus, reabre sus puertas; China
anuncia que en estos últimos cuatro meses controló el virus en su extenso
territorio donde viven 1500 millones de personas. Caso de éxito, podría
decirse. Ahora el gigante comunista oriental está abocado a hacer beneficencia,
a demostrar que a diferencia de su archienemigo, Estados Unidos, el gobierno
popular chino es generoso con el mundo en medio de esta pandemia.
En nuestro país, por ejemplo,
periodistas y funcionarios se hicieron de pis de emoción en sus redes sociales
al ver cómo nuestro Estado que ya venía quebrado económicamente pone un avión
de la aerolínea de bandera en el aire, con el costo que esto implica, para
buscar los insumos que China tan “generosamente” nos regala, siempre y cuando,
lo vayamos a buscar, total para nosotros es a la vuelta de la esquina y sabemos
que “a caballo regalado no se le miran los dientes”. Parece que en esta nueva
Argentina peronista (usando el término de Tulio Halperín Donghi) son más
importantes 1500 camisolines y 300 barbijos que las 5 millones de personas (1,5%
de la población) que solicitaron el Ingreso familiar de emergencia y se
quedaron fuera del beneficio. O quizás necesitamos un poco de épica heroica al
ver a “nuestros pilotos de Aerolíneas” surcar mares y continentes en busca de
la caridad china para olvidar por un momento que la imprenta que se habían
comprado los amigos del ex vicepresidente y que luego la presidenta expropió
entre gallos y medianoche, está imprimiendo a troche y moche billetes sin
reservas de respaldo, pero eso sí, con la cara de Evita.
Podríamos ser desconfiados sin
tener que llegar al punto conspiranoide de creer que inventaron un virus para
ganar una guerra comercial que se venía recalentando y pensar que este modelo
de la china comunista no es más que el más cruel y vil capitalismo. Cómo se
explica sino el aprovechamiento de un contexto de pandemia para venderle al mundo
productos sanitarios de mala calidad si no es por una inescrupulosa ganancia
económica, casi al nivel del agua bendita anticoronavirus de $1000 del Pastor
Giménez; o como se explica que el pueblo chino pueda producir 1500 camisolines
a un centavo de dólar si no es con mano de obra esclava y derechos laborales
nulos. Parece entonces que el modelo comunista chino no es más que el más
rancio de los capitalismos.
¿Cómo unir dos modelos súper
antagónicos como capitalismo y comunismo? Es un chino. Algunos podrán asumir
esa teoría popular que dice que se debe tomar lo mejor de cada sistema para
conformar un sistema superador. Pues en China donde todo es al revés se tomó lo
peor de cada uno y armaron un gigante imparable que puso en jaque la supremacía
norteamericana: combinaron las leyes de mercado del más cruel capitalismo con
el control social y el adoctrinamiento del más cruel comunismo. Así nace el
modelo que pretende ser exportado al mundo con amor. Modelo que puede
sobrevivir a cualquier pandemia básicamente porque se suprimen lo que nosotros conocemos
como garantías,
cualquiera de las medidas que en china son normales acá se conocen como violencia
institucional. El control y el ocultamiento de la información a la
población es un básico que le da vitalidad al régimen; de hecho mientras acá
nos emocionamos con la caridad de los orientales, los países europeos le están
exigiendo explicaciones de por qué el gobierno popular chino ocultó la enfermedad
que puso en riesgo al mundo entero, y de la que se venía advirtiendo desde el
2007.
Quizás sea el hecho de no mostrar
debilidad lo que obligó al país con el paciente cero a ocultar la información
de la propagación exponencial de un virus hasta a su propia población, y eso
también es parte del modelo chino que todos quieren copiar. En Argentina
nuestro presidente en oposición a todas las reglas del decoro y buen gusto de la
geopolítica se atrevió a comparar nuestros números del coronavirus con los de
otros países, tomó todos valores absolutos y omitió con intención de dónde sale
cada número, en relación a qué se compara y por sobre todas las cosas, cómo es
que cada país mencionado mide sus números y cuál es la relación que se tiene en
cuenta. Es lógico que un abogado no tiene por qué saber de matemática y
estadística pero si dijéramos que Chile cuenta a sus muertos por coronavirus
como “recuperados” y Alemania no cuenta a los muertos por coronavirus si tenían
una enfermedad preexistente, creo que cualquiera podría darse cuenta que son
inconmensurables. Lo mismo nos ocurriría si vemos la cantidad de infectados en
relación a los testeos realizados: si testeas poco, tendrás pocos positivos; si
testeas muchos tendrás muchos positivos, sobre todo si sabemos que el 70% de
los infectados cursan la enfermedad de manera asintomática. Si la solución es
testar más o no, es algo que deberán decir quienes saben, lo que podemos decir
cualquier hijo de vecino es que comparar valores que tienen distintos orígenes
para demostrar que somos o mais grande do mundo, no es ético;
es casi como China erigiéndose como el país más generoso del mundo en plena
pandemia entregando insumos sanitarios deficientes.
Lo que queda claro es que el
modelo chino se exporta al mundo con eficacia porque los países lo adoptan con
gusto. El estado de emergencia constante es el más proclive a que se instale un
modelo donde se violentan todas las garantías desde el Estado bajo la excusa de
“cuidar” cuasi paternalmente a su población.
La tentación de los gobernantes a
parecerse al régimen chino es alta. A nivel nacional Sabina Frederic habló de
“ciberptrullaje” para “medir el humor social en redes sociales” y lo primero
que hicieron fue meter preso a un pibe que twiteó un chiste sobre saqueos; o no
entendieron el “humor social” o no supieron disfrazar el fascismo como bien lo
sabía hacer su antecesora Patricia Bullrich que al control dictatorial de
civiles en la redes lo llamaba “buscar posibles delitos” al estilo Minority
report. A nivel provincial el gobernador Gerardo Morales tiró una
propuesta ya usada por Hitler en la Shoá: marcar la puerta de las casas de los
infectados. Y para no quedarse atrás, en la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta
obliga a los mayores de 70 años a generar un permiso de un único uso para salir
a la calle a hacer alguna tarea, el Estado se fijará si lo aprueba y hará todo
lo posible para que no salga de su casa, algo así como ser un judío asquenazi
en la Alemania de 1940.
China contagia al mundo no solo
un virus que tarde o temprano se controlará, sino que contagia un modelo
social, cultural y político que a muchos emociona desde su iPhone y a otros nos
asusta. Nos asusta mucho.
Publicado por Juani Martignone
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