El Estado está desnudo
Quienes tuvimos la suerte de que
nos hayan leído cuentos infantiles de niños sabemos que éstos sí son infantiles
pero nada inocentes, por el contrario, todos pretenden dar algún tipo de bajada
o enseñanza que, por supuesto, se corresponde con la época.
En “El traje nuevo del emperador”
Hans Christian Andersen nos cuenta justamente la historia de un emperador que
tras haber ganado grandes guerras y haber sacado de grandes hambrunas a su
pueblo (apenas comían, pero es mejor que nada) todos lo adoraban. No había
discusión alguna de que sin él, el pueblo no podría haber sorteado ninguna de
sus desgracias. Por este motivo cualquier cosa que hiciera o requería este
emperador era motivo de loas y alabanzas. Esta vez quería un traje nuevo, un
traje hermoso que demostrara lo maravilloso emperador que era; todo el pueblo
giró en torno a eso: había que conseguirle un traje nuevo al emperador.
Quizás lo dije muchas veces pero
ante errores repetitivos intento decirme a mí mismo los aprendizajes como si
fueran un mantra: si algo nos enseñó Star Wars es que las crisis son el
momento ideal para transformar las repúblicas en imperios. En épocas de crisis,
y sobre todo durante crisis graves, los pueblos tienden a conferirle capacidades
especiales y extraordinarias a un solo conductor para que los saque de esa
situación, sin cuestionamiento alguno. Cuestionar en épocas de crisis está
visto como interferir en la salida de la solución, cuando en realidad
cuestionar o criticar también aloja la posibilidad de darle multiplicidad de
visiones para que la salida de las crisis no sea una única salida, sino que sea
la mejor salida de la crisis. Sólo entregar loas y prohibirse la crítica nos da
una mirada única, la asunción de que el pueblo “no es digno de que entre en su
casa pero una palabra suya bastará para sanarlos” y por consiguiente el riesgo
y la tentación de quien maneja la situación pueda emborracharse de poder.
Hoy vivimos una crisis, una
crisis heredada, una crisis global, una crisis de la que no sabe cómo vamos a
salir, en definitiva, una crisis; y como pueblo le hemos dado al presidente
todos los poderes necesarios para que maneje esta crisis sin pedir permiso,
tengamos en cuenta que el congreso no sesiona y el ejecutivo gobierna mediante DNU
(decretos de necesidad y urgencia) ante la vista impávida de todos. La crítica
está vista como una traición a la patria ¿quién podría ser tan irreverente de
criticar a un gobernante en plena crisis? No sé, el pueblo que representa
quizás. También hemos aprendido de mano del politólogo Guillermo O´donnell que
la democracia es representativa, no es delegativa; o sea que no le delegamos
nuestro poder de pueblo a un gobernante para este haga lo que mejor considere mejor
sino que éste representa nuestros intereses; por eso la democracia es el
sistema en el que las minorías también están representadas.
Con el transcurso de la crisis y
con las loas que todos hicimos se empezó a ver que la épica del Estado
presente que dicta el oficialismo para que nos lo aprendamos aunque no
lo veamos empieza a mostrar su verdadera cara. Mostrar que todo cambió para que
nada cambie, o mejor dicho todo cambió para nada cambie pero manteniendo el
discurso de cambio y de esta forma darnos por satisfechos.
El discurso hace la diferencia. Como
el emisario de un emperador, no es lo mismo trasmitir un mensaje con pautas a
seguir que transmitirlo haciendo hincapié en que todo es posible gracias a un
ser supremo y todopoderoso, o bien que si no lo cumplimos vendrá este mismo ser
a hacérnoslo cumplir. En este caso el ser es el Estado encarnado solamente en
el presidente de la Nación. Para ser más concretos, podría haberse dicho
tranquilamente que la Argentina se postuló para que la OMS (Organización Mundial
de la Salud) realice las pruebas en nuestro país de las posibles curas del
coronavirus y realmente sería muy valorable; sin embargo un “pequeño” cambio en
el discurso transforma a un Estado que trabaja en pos de la gente a un Estado que
todo lo puede “Ahí va el Capitán Beto y su fiel compañero Dylan” dicen las
páginas de los seguidores del gobierno y el Estado deja de ser un sistema en el
que trabajan personas para pasar a ser un superhéroe que nos salva de todos los
males; por eso se dijo que la OMS eligió a la Argentina
para hacer las pruebas de la cura del coronavirus porque nuestro manejo de la
crisis es modelo en el mundo (sic)
Este modelo al que el mundo debe
mirar tiene un discurso muy bonito en el que nos hacen creer que el Estado está
presente en todo pero que en este caso en particular siguen gobernando
corporaciones como la política, la de la salud y la sindical.
Cuando el presidente dice con voz
de macho que nos va a explicar cuántos pares son tres botas, que “Les tocó la
hora de ganar menos” uno bien intencionado podría entender que esta crisis nos
igualaría, distribuiría la riqueza de forma más equitativa y todos festejaríamos,
sin embargo cuando se refirió a esos “Muchachos” no se refirió a cualquiera,
sino al millonario Paolo Rocca por los 1000 despidos de Techint, como si el resto
de los que más ganan no existieran, o como si tampoco existieran otros despidos
de personal en plena crisis sanitaria. Esto se hizo más evidente cuando se tocó
a la intocable corporación política. El capitán Beto se muestra enojado cuando
se refiere a Rocca pero ni siquiera menciona los más de 100 despidos del PAMI
que firmó Luana Volnovich el 18 de marzo, un día antes de declararse el
aislamiento obligatorio.
Si hablamos de los sectores del
país que más ganan nuevamente la política queda exenta. $200.000 mensuales de
promedio el poder legislativo; $300.000 mensuales de promedio el poder
ejecutivo y $600.000 mensuales de promedio el poder judicial quizás debe ser un
vuelto para un país que venía hambreado y ve obligado a detener actividades
mientras una enfermera de hospital público sostiene un sistema sanitario
precario cobra un poco menos de un 10% de lo que cobra un legislador. El
discurso decía que era solidario y que era con todos pero bien sabemos que
“todos los animales son iguales pero hay animales que son más iguales que
otros” (Rebelión en la granja, George Orwell) ¿Y cuál es la explicación
discursiva? Que quien se queja de los altos sueldos de los funcionarios de un
sistema estatal enorme y carísimo en un contexto en el que todos vamos a salir
ganando menos (todos menos la clase política) en realidad está defendiendo los
intereses de Paolo Rocca ¿Acaso no se puede pedir para que Paolo Rocca gane
menos y que los funcionarios también? ¿Acaso uno es excluyente del otro? Pero
hay más explicaciones. Tuvimos que ver ejércitos de defensores seriales y
serviles del poder, justificar que los políticos viven de su sueldo y que
trabajan incansablemente para nuestro bienestar. Sí, el argumento fue capitalismo
y meritocracia. Los que ayer corrían por izquierda a un gobierno de derecha hoy
justifican sus preferencias partidarias corriendo por derecha a quien se atreve
a poner en cuestión sus privilegios, como si los trabajadores comunes no
viviéramos también de nuestro sueldo y como si el hecho de trabajar mucho te
hace más meritorio para que no se te toquen ninguno de los privilegios que
gozas.
Algunos otro empresarios
distintos de Rocca, como Claudio Belocopitt, el dueño de la empresa de salud Swiss
Medical, también quedó fuera de ese “Muchachos, les tocó la hora de
ganar menos” ya que ante la posibilidad barajada de que todo el sistema de
salud pueda pasar a ser dirigido por el Estado en una situación de emergencia
sanitaria, como está sucediendo en otro países incluso muy capitalistas, el
empresario se plantó y nada cambió; para la tranquilidad de todos los que pagan
fortunas para acceder a algo tan básico como la salud pero con buen servicio de
hotelería, sin hacer largas colas y con un psicólogo a disposición para
preguntarle si le parece bien que abandone la facu.
Entre los grandes exentos también
se encuentra la corporación sindical que muchos también son grandes empresarios
como por ejemplo Hugo Moyano. En la tercera inauguración del Sanatorio
Antártida el presidente se refirió a él como un sindicalista ejemplar
¿Ejemplar por qué? ¿Porque para construir semejante sanatorio eligió sin
licitación alguna a la constructora de su mujer? ¿O porque quien le provee de
insumos hospitalarios y de blancos también son empresas de su mujer? ¿O porque
ayudó a darle épica al gobierno de Cristina Kirchner inaugurando un sanatorio
que no inauguró? ¿O porque ayudó a darle épica al gobierno de Mauricio Macri
inaugurando un sanatorio que no inauguró? ¿O porque aprovechó el contexto de
pandemia para que Horacio Rodriguez Larreta le dé la habilitación a un
sanatorio que no cumple con las reglas de sanidad que requiere la ciudad pero
aportará con las camas que necesita Axel Kicillof porque tiene 3.000.000 de
habitantes en La Matanza y sólo 2.500 camas? La explicación a todo esto es la
base del populismo: los camioneros lo quieren porque les consigue cosas. No
importa a qué costo las consiga, las consigue. Esta lógica es la que, por
ejemplo, le permite gobernar holgadamente a Donald Trump, los yanquis lo
quieren porque les consiguió trabajo, hablar de sus métodos y sus modos es un
lujo burgués, parece.
¿Acaso es ejemplar el
sindicalista de empleados de comercio, Armando Cavallieri, que decretó que
todos los comercios, que no son suyos claramente, cierren antes sus puertas en
sentido contrario a todas las recomendaciones de la OMS? ¿O el sindicalista de
La Bancaria, Sergio Palazzo, que al mejor estilo Vladimir Putin decretó que
todos los empleados de los bancos, que no son suyos claramente, gocen de
vacaciones pagas durante la cuarentena? Esto logró que tras un esfuerzo
inconmensurable que lleva 20 días, no sólo de la población común quedándose en
sus casa sino de PyMEs al borde de la quiebra que no pueden endeudarse a la
tasa del 24% que les propone el Estado como solución, se vea en total y
absoluto riesgo.
Ese Estado que dice cuidarte y
estar presente en 20 días no pudo programar un cronograma de pagos que evite
los conglomerados de personas en días de frío que además son las que se
encuentran en población de alto riesgo. Aunque le quieran echar la culpa a los
bancos quien determinó que los jubilados que debieron cobrar en marzo cobren
junto con los jubilados que cobran en abril y junto con los que cobran las
asignaciones sociales fue el organismo un Estado a cargo de Alejandro Vanoli:
la ANSES.
Los bancos que dicen que siempre quisieron abrir pero no pudieron ante la
definición del sindicato de La Bancaria no tuvieron ni siquiera el apoyo o la
obligación del presidente del Banco Central, Miguel Angel Pesce, para que éstos
se declaren un servicio esencial como se declararon las ferreterías.
Conglomerados de población que
debe ser la más cuidada en esta pandemia por quienes al grito de Estado
presente dicen cuidarlos quedaron expuestos ¿Y de quien fue la culpa?
De los mismos que tuvieron la culpa en Cromañon o los que tuvieron la culpa
en la Tragedia de Once, de la gente, del pueblo; el hilo siempre se
corta por lo más fino incluso en gobiernos que se autoproclaman populares. La
culpa es de los viejos que no quieren aprender a usar la tarjeta de débito,
como si los que dicen estar presentes para cuidarnos no tuvieron nunca un viejo
al lado y no supieran que aunque todo está bancarizado ellos prefieren tener el
efectivo; como si ninguno de los que dicen estar presentes para cuidarnos no
supieran que quien vivió el trauma del corralito bancario en el 2001 desconfía
ante la propuesta de dejar plata en los bancos en tiempos de crisis; como si
quienes dicen estar presentes para cuidarnos no supieran que este es el único
país en el mundo en donde los comercios (con el sindicalista Cavallieri a la
cabeza) prefieren el efectivo a la tarjeta de débito porque de esa manera es
más fácil evadir a un fisco poroso y débil que tiene este Estado presente; como si
quienes dicen estar presentes para cuidarnos no supieran que las tarjetas de
débito cobran precios abusivos y pagan a destiempo a comerciantes porque todo
está desregulado en este Estado que en los papeles dice estar presente pero no
cuidan a una verdulería de que VISA no se abuse ellos.
El emperador del cuento de
Andersen se topó con un vivo que le ofeció hacerle un traje nuevo que tan
hermoso que sólo la gente muy inteligente podría ver. Él no podía verlo pero no
lo decía y todos sus colaboradores aduladores pagos tampoco, pero todos decían
que era maravilloso. Cuando el emperador se presentó ante el pueblo con su
nuevo traje que sólo podían aquellos que fueran inteligentes, el pueblo tampoco
lo vio pero lo aduló igual, recibió alabanzas y loas, nadie se atrevió a
contradecir al emperador que lideró guerras y los sacó de hambrunas, hasta que
en el medio de tanta algarabía un niño gritó “El emperador está desnudo”
El 2 de abril, día del veterano
de Malvinas, las redes se llenaron de alabanzas y loas al presidente que nos
cuida, conmemorando su natalicio. El 3 de abril un montón de viejos indefensos
agolpados en las puertas de los bancos intentando cobrar la miseria que Estado
presente considera que les corresponde gritaron ante toda una sociedad
impávida “El Estado está desnudo”
Publicado por Juani Martignone
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