Les hermanes descontextualizades
Varias cosas definen nuestra
argentinidad, el mate, el asado, o el fútbol son elementos que podemos nombrar
casi con seguridad y aunque nos gusten más o menos, son casi innegables. Si de
literatura se trata, sin dudas “El gaucho Martín Fierro” es la obra de género
gauchesco que define a la argentinidad, tal es así, que el nacimiento de autor,
José Hernández, dio como resultado nuestro actual “Día de la tradición” todos los 10 de noviembre. Leopoldo
Lugones dirá del Martin Fierro que es el libro nacional argentino, por eso es
un texto insoslayable para todo aquel que cursó sus estudios primarios o
secundarios en la Argentina: es un libro que alguna forma uno lo lee o se
acerca a él en la escuela.
El texto es importante porque por
primera vez se escribe una historia en la que el protagonista es puramente
argentino. La historia de los gauchos no es la historia ni de los
conquistadores, ni de los inmigrantes, ni de los pueblos que originalmente
habitaban esta tierra: es la historia de esos hombres que nacieron de las
mezclas de los europeos con los originarios en un país en el que recién
afloraba la identidad argentina; los gauchos podían tener en su cultura, en su
lenguaje, en su modo de vida, la base española, pero conservaban fuertes
resabios de las culturas originarios, aun así no se identificaban ni con unos,
ni con otros, se identificaban con los que eran: la mezcla producto del choque
de ambas culturas, esa mezcla llamada Argentina.
Claramente el Martin Fierro es un
libro muy venerado, pero también siempre fue un libro polémico. Desde su
lanzamiento generó críticas porque el lenguaje utilizado no cumplía con las
reglas del español de la época, justamente, Hernández había querido retratar la
realidad argentina de las llanuras pampeanas y para ello utilizó el lenguaje
que ya estaba instalado en la población, esto abrió las puertas para que las
academias comiencen a tomar noción de que en Argentina, el español se hablaba
“a la argentina”. Por otra parte, el libro cuenta la historia de un gaucho, que
movido por la injusticia social, se vuelca a la ilegalidad. Mostrar casi como
un héroe a un gaucho que se mueve fuera de la ley es un tema complejo, incluso
para la escuela misma, por eso del paso por escolaridad uno siempre se lleva
apenas un par de versos.
En esta época donde la normalidad
pareciera ir transformándose a vivir en cuarentena, la escuela debió adaptarse
al modo virtual para educar a todos aquellos niños que tienen acceso a las
herramientas para la virtualidad, a todos aquellos que no, esta pandemia vino a
acentuar la marginalidad en la que ya vivían. Para estos últimos, el gobierno
nacional dispuso un programa de TV en la TV de aire llamado “Seguimos educando”
donde brindan contenidos educativos. Habrá que discutir luego cuanto impacto y
alcance tiene la TV de aire en las capas bajas que no tienen acceso a la
virtualidad; lo que si podemos discutir hoy son los contenidos allí vertidos:
en qué punto refieren a contenidos educativos y cuando atraviesan la barrera de
lo ideológico, quizás fundado en la historia de la educación y los contenidos
ideológicos del partido político de pertenencia del actual gobierno.
El pie justo para inaugurar este
debate se dio cuando la profesora de Lengua y Literatura Mariel Maita y el
filósofo, conductor de “Seguimos educando”, Darío Sztajnszrjber plantearon la
invisivilización y discriminación de género que vertía el gran texto nacional
llamado “El gaucho Martín Fierro”. Para esto propusieron una nueva versión de
uno de los versos más conocidos que rezaba “Les
hermanes sean unides porque esa
es la ley primera, tengan unión verdadera, en cualquier tiempo que sea, porque
si entre elles pelean, les devoran les de afuera”
Partiendo de los estudios del
lingüista Santiago Kalinowski que lucha a favor del lenguaje inclusivo como una
manifestación política (y del mismísimo Sztajnszrjber), es que podemos afirmar
el Estado divulgando una forma de expresión política mediante el lenguaje; no
da cuenta a un contenido educativo sino ideológico, si es que en ese mismo
programa no se da el espacio para que los detractores puedan manifestar su
punto de vista en un debate sin llegar a los discursos de odio. Por eso si
desde la televisión estatal el contenido que se dice educativo es un contenido
de una única expresión política, solamente refiere a impartir doctrina y no
fomenta el debate público y del alumnado de un tema, que es de por sí
controvertido; porque por más que les pese a los defensores del lenguaje
inclusivo, sólo es usado por una elite que es ilustrada, urbana y cosmopolita.
Por otra parte con este planteo
que desde la TV pública que pretende ser educativo, entra en juego cuál es el
uso y la mirada que tenemos hoy de la historia, de qué manera tenemos que leer
en pleno siglo XXI un poema narrativo gauchesco escrito en 1872, hace casi 150
años. También acá entra una alerta respecto del partido gobernante adepto al
revisionismo histórico enalteciendo a figuras como José María Rosa quien en su
momento le diera una mirada contemporánea a los gobiernos de Juan Manuel de
Rosas, que luego le dieron sustento ideológico a la conformación del grupo
guerrillero peronista “Montoneros”, como así también lo pudimos ver plasmado en
los dibujos animados de “Zamba”. Ese revisionismo histórico que trae hechos del
pasado y los juzga con la moral actual permite contar una historia simple y
caricaturesca donde sólo intervienen héroes y villanos para transformarlos en
héroes y villanos de actualidad. Esto le permitió, por ejemplo, al historiador
Felipe Pigna (públicamente encolumnado en la corriente revisionista de la
historia) a afirmar que si Evita vivera sería abortera o que Mariano Moreno fue
la primera víctima del terrorismo de Estado.
Lo cierto es que hace 150 años
los planteos de género y diversidades sexuales no estaban en el debate público
de la época, traer esos textos a la actualidad para sojuzgarlos es al menos
injusto, pero sobre todos las cosas, es incorrecto; porque evita datos del
pasado para ver la historia como una simple foto y no como un proceso compuesto
por una cultura y una moral determinada.
El texto del Martín Fierro hoy
puede ayudarnos a pensar cómo es que cambió o evolucionó, si se quiere, la
sociedad actual. Puede servirnos como disparador para pensar la actualidad y
cuanto dista de aquella en la que José Hernández sintió la necesidad de contar
las injusticias y las andanzas de un hombre nacido de indios y españoles que se
sentía hijo de su propia tierra, al que la moral española de ese momento lo
obligaba a destruir todo vestigio de los pueblos que originariamente allí vivían
por considerarlos bárbaros.
Discutir con la historia es un
gran ejercicio si comprendemos qué es la historia, la ponemos en contexto y
sabemos cuáles fueron las motivaciones y las circunstancias para que esa
historia sea de ese modo y no se otro, incluso con una obra nacional como el
Martín Fierro. Ejemplos sobran. “La vuelta del Martín Fierro” es un giro más
intimista e incluso en cierto modo crítico del libro original y fue escrito por
el mismísimo José Hernández. Jorge Luis Borges, uno de los escritores
argentinos más excepcionales, que siempre estuvo atravesado en su literatura
por la gauchesca, también discutió con el Martín Fierro y escribió un último
capítulo con lo que él consideró que debía ser mensaje final del libro tanto en
esa época como en el impacto cultural posterior. Viniendo a la actualidad en el
año 2017 una de las escritoras argentinas más brillantes de actualidad,
Gabriela Cabezón Cámara, escribió “Las aventuras de la China Iron” que se
enfoca en la historia de la mujer a la que Martín Fierro abandonó en medio de
llanura pampeana y junto a una inglesa emprenden un road trip que las
empondera. Gabriela logra contar en una novela gauchesca ubicada en la época
decimonónica una historia de amor lésbico y de liberación femenina que se
desprende de la gran obra nacional “El gaucho Martín Fierro”; sin necesidad de
un lenguaje inclusivo que la ampare, habla de género y de diversidad sexual en
una lógica que algunos acusan de ser machista por TV de aire; razón por la cual
La china Iron entró en los 10 elegidos del International Booker.
La historia no debe ser un busto
al cual adorar ni tampoco una serie de hechos para cancelar y condenar, podemos
y debemos discutir con esa historia pero con el respeto que merece, que no es
más que ponerla en contexto histórico. Borges o Gabriela Cabezón Cámara lo
hicieron de maneras muy creativas, existen otras que son más represivas: las
condenatorias, las que corrigen los originales, como si hubiera que corregir el
pasado para darle paso a un nuevo orden moral. Si esto sucede aquella distopía
escrita por Ray Bradbury llamada “Farenheit 451” se volverá realidad: los
llamados reaccionarios recalcitrantes deberán esconderse en sótanos para
compartir las obras clásicas como si se tratara de pornografía infantil.
Si entendemos que las distopías
son lo opuesto a las utopías debemos condenar que Estado las fomente.
Publicado por Juani Martignone
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