El goce de la desgracia ajena


Casi 9 minutos estuvo ahogando con su pie el policía blanco de Minneapolis a George Floyd, 9 minutos que le valieron la vida ¿El motivo? El afroamericano Floyd habría pagado con un dólar falso. En Estados Unidos pagar con dinero falso es incurrir en un delito gravísimo pero levanta más sospechas si sos negro. Si sos negro es más probable que duden de la veracidad de los billetes con los pagas y mientras lo comprueban te pueden reducir asfixiándote durante 9 minutos en plena calle, a plena luz del día y mientras una señora que por allí pasaba filmaba toda la escena. En otras palabras, esas prácticas de policías blancos para con ciudadanos negros se pueden realizar con total impunidad, ahora ¿se pueden realizar con complicidad del pueblo norteamericano? Los hechos posteriores nos van a demostrar que no.



Las imágenes de Floyd clamando por su vida recorrieron las redes e indignaron a todos pero también activaron el oportunismo de otros a los que la muerte por cuestiones raciales no les conmueve sino que le ayuda y le da soporte a su discurso político. El relato que plantea que las bondades norteamericanas son una puesta en escena de Hollywood para encubrir a una nación desigual se ve beneficiado cuando un negro es asfixiado en plena calle por un policía blanco. Los amantes de este relato se ataron la servilleta al cuello e inundaron las redes con imágenes y leyendas que no repudiaban el acto en sí, sino que pretendía desnudar un modelo perfecto con cierto beneplácito.
¿Cuál es la intención de desnudar un modelo aparentemente perfecto? ¿Hacernos creer por oposición que nuestro modelo es mejor? ¿O simplemente es un goce de la desgracias ajena, cuando ese ajeno es, en teoría, un enemigo? ¿O pretende indicarnos que ese no es el modelo a seguir? ¿En serio alguien más o menos interiorizado en el tema puede creer que el modelo argentino es comparable con el modelo norteamericano? ¿En serio creen que el modelo norteamericano puede instalarse en Argentina en un periodo presidencial cuando ni 10 años de Menem lo lograron? Y si creemos que sí, que este modelo es posible en Argentina o ya está instaurado ¿está bien disfrutar de su caída gracias a muertes violentas y racistas?
Las comparaciones son odiosas pero inevitables pero tampoco se pueden hacer cualquier tipo de comparaciones y de cualquier manera. Es lógico que lo primero que pensemos es que nuestro país es comparable en cuestiones políticas con Estados Unidos cuando vemos que después de tanto esperar un ente estatal que se encargue de la salud con rango ministerial nos arma cuadros comparativos en los que muestra valores absolutos sin relativizarlos, sin ponerlos en contexto. Esto mismo pasa cuando creemos que un modelo norteamericano puede instalarse en Argentina con tan solo firmar un DNU presidencial, y que a partir de ese momento tendremos Georges Floyds desparramados por las calles argentas bajos las botas de la policía local.
Eso me lleva a pensar si es que los argentinos aun sin ese modelo racista y de exclusión yankee no tenemos brutalidad policiaca, racismo, clasismo y un sistema completamente desigual. Y entonces hay que salir a dar un paseo por las provincias, y no porque en la región metropolitana no exista, con sólo decir “Chocobar” o “policía bonaerense” tenemos más que suficiente, pero considerando que la mitad de la población argentina vive en el conglomerado llamado AMBA, los números comparados relativamente (porque así se comparan valores) son bastante menores. Para ponerlo en ejemplo claro, si tenemos un policía llamado Chocobar proclive al gatillo fácil en un ciudad en la viven 3.000.000 de personas y circulan unas 6.000.000 personas diariamente como la Ciudad de Buenos Aires, es por lejos mucho menor a que haya dos policías en una provincia de 400.000 habitantes como San Luis que cometan dos crímenes para aleccionar a dos personas que no cumplieron la cuarentena. Esto significa que en San Luis la brutalidad policiaca se da 30 veces más que en la Ciudad de Buenos Aires.
Pero San Luis no es la única, en Tucumán el caso de Luis Espinoza, asesinado por la policía por “romper la cuarentena” y del que se deshicieron del su cuerpo en Catamarca, también muestra un sesgo de racismo, clasismo y desigualdad en nuestro país. Y si de racismo hablamos no nos podemos olvidar de los pueblos originarios que esta última semana fueron otra vez noticia cuando la policía chaqueña volvió a cometer todo tipo de abusos con la comunidad quom a la cual siempre tienen bajo su yugo. Con la excusa de que un ladrón había pasado por su patio ingresaron de forma violenta y sin orden alguna a una casa de una familia quom en la vivían 6 personas, les pegaron, se llevaron ilegalmente a dos mujeres menores de edad ante la impunidad de un teléfono filmándolos y en la comisaría las rociaron con alcohol y las amenazaron con prenderlas fuego como método de tortura. El racismo se comprueba cuando en el video escuchamos que los policías se refieren a los quom como “indios infectados”; y esto tiene otra explicación, que por la desigualdad económica, cultural y social que sufren los pueblos originarios en Chaco (y en otras provincias también) fue esta comunidad la más afectada por el coronavirus en esa provincia que se lleva el tercer puesto de más cantidad de casos cuando tienen baja población y baja cantidad de viajeros al exterior que pudieran llevar el virus. Lo que demuestra que el sistema de salud es tan desigual, tan clasista y tan racista como el de Estados Unidos.
La Argentina entera está regada de Georges Floyds que no vemos porque elegimos no verlos. En 2017 con el caso de Santiago Maldonado y el de Rafael Nahuel algunos creímos que se venía a saldar, sobre todas las cosas, una deuda centenaria con los pueblos originarios y terminar de una vez con todos los sistemas policiales represivos, pero tras que el gobierno de turno no ayudó a cerrar esa brecha sino que la acrecentó, la oposición se colgó esas banderas para desnudar el modelo de ese momento, gozó con la desgracia de un gobierno ajeno como hoy lo hacen con Estados Unidos. Esto se comprueba al ver a esos personajes que ayer se sacaban fotos con caras de compungidos con la imagen de Maldonado, hoy hacer un silencio rotundo, porque exponer esos casos es tirarle tierra a sus propios amigos, lo que nos lleva a pensar cuánto es que realmente se sintieron afectados con los casos de brutalidad policiaca durante el macrismo o los usaron para mofarse de un enemigo como hoy lo hacen con Trump.
El presidente repudia y analiza muy bien el caso de violencia institucional estructural en Norteamérica y celebró con un tweet que los policías chaqueño estén presos, pero no se percató que los policías que mataron a George Floyd también lo están y no hay nada por celebrar. Alude que el problema argentino es una deuda de la democracia porque cuando se tratan de sus amigos es difícil decir al culpa lleva el nombre de un presidente, un gobernador o una ministra de seguridad y tampoco toma nota que en estos casi 40 años de democracia su partido político gobernó el país por 25 años.
Es necesario hacer acá también análisis de las prácticas estructurales de violencia institucional sin colores partidarios si es que realmente queremos solucionarlo en vez de querer sacar réditos políticos o gozar con la desgracia de los adversarios.
Ser negro en Estados Unidos implica tener menos posibilidades de ingresar a una universidad, menos posibilidades obtener una casa propia, menos posibilidades de obtener un trabajo digno, más posibilidades de ser alcanzado por una bala de gatillo fácil, más posibilidades de caer preso por delitos menores. En Argentina llegar a una universidad implica no tener que para la olla en tu casa; tener casa propia es un lujo burgués; obtener trabajos dignos implica los entornos en los cuales nos movemos; te alcanza una bala de gatillo fácil sobre todo si vivis en la marginalidad; y las cárceles están llenas de pobres que cometieron delitos menores y sin condenas firmes porque los ricos y poderosos siempre zafan; a todo esto hay que agregarle que peor se vive si sos mujer, homosexual, trans, de pueblo originario o con rasgos incaicos.
Poco goce me genera ver un crimen racial por más que venga a sustentar las ideas que tenga de ese país. Lo que sí me pasa cuando miro al norte, es que me genera orgullo ver cómo ante tanta desigualdad un pueblo se levanta en plena pandemia dispuestos a que eso cambie mientras yo vivo en un país que se mantiene en silencio para no perjudicar las dinastías que desde la vuelta de la democracia son cómplices de tanta desigualdad.       

Publicado por Juani Martignone
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