Más no es mejor


La TV pública para paliar la falta de educación en una cuarentena que va camino a durar al menos 4 meses, puso en su programación “Seguimos educando” donde maestras (si, sólo mujeres maestras) de todos los niveles de la educación primaria enseñan en vivo contenidos referidos a matemática, lengua, geografía, historia y algún que otro contenido didáctico de utilidad. La polémica surgió cuando algunas cuentas de Twitter detectaron errores graves en las enseñanzas que las maestras daban por TV, como errores al multiplicar por centenas simples, de fracciones, o errores básicos de ortografía.






Como toda polémica que surge en este país, la discusión se volvió una disputa maniquea en la que de un lado tenemos gente que nos dicen que las maestras son todas burras y del otro que fueron apenas unos errores que puede tener cualquiera. Ni lo uno, ni lo otro.
Osvaldo Bazán twitteó “Nos quieren burros” mientras posteaba el video con los errores de las maestras y la verdad, suena descabellado. Entiendo que históricamente el peronismo se ha caracterizado modificar contenidos educativos para adoctrinar pero creer que cuando una maestra de grado se equivoca al multiplicar por 10 o por 100 es un plan sistemático para sucumbir a la población en la profunda ignorancia es una de teorías conspirativas más alocadas que se escucharon de la oposición. Y si no quiso decir eso, su mensaje y el uso de sus palabras sí lo dijeron de modo encubierto. Es difícil señalar la estupidez siendo estúpido.
En cuanto a aquellos que minimizaron el tema del error como algo inédito que le sucede a cualquier ser humano, los invito a ver el video completo de la maestra explicando. No se equivoca sólo cuando multiplica por 100, sino que también se equivoca cuando multiplica 10, cuando divide 10 y por sobre todas cosas, más allá de mirar lo que escribe en el pizarrón, los invito a que escuchen de qué modo explica cómo se multiplica por centenas o decenas: arranca explicando el movimiento de las comas, después habla de lugares, confunde decenas con centenas, se empasta en su propia explicación y termina por decir “bueno este es el resultado” porque es el de la calculadora. Realmente nadie puede aprender con esa explicación aunque haya habido “errores de tipeo”. Los errores son entendibles, no hablamos del 100% de los maestros, los nervios son lógicos pero cuando la cosa es sistemática, estamos hablando de un problema que va más allá de una eventualidad.


Este tema debería analizarse con un poco más de profundidad. Si hay algo bueno que nos dio el programa “Seguimos educando” es que por primera vez nos pudimos meter en un espacio que hasta ayer era un pozo negro: lo que sucede en un aula cuando un docente explica. Sólo hay que haber transitado alguna vez algún ciclo educativo para saber con certeza que hay docentes que no sólo no están capacitados para explicar sino que además ellos mismos no saben el concepto que pretenden enseñar. Por cuestiones corporativas de la profesión nadie puede meterse dentro de lo que sucede dentro de un aula entre un docente un alumno, ni los padres, ni otros docentes, ni los directivos y ni siquiera el Estado porque dentro de cuatro paredes pueden incluso no seguir el programa estatal de estudios.
Un claro ejemplo de esto es no existen juicos por “mala praxis” de un docente; si el 90% de los aspirantes a entrar a una universidad falla en el examen de ingreso, la culpa está en los chicos que no estudiaron lo suficiente, en los programas educativos estatales que no los preparan para el futuro, o en la exigencia de la universidad, nunca se baraja opción que es posible que esos chicos hayan sido educados por gente que no está capacitada para educar.
Entre otras cosas, también se encuentra la nula autocrítica que hace el cuerpo docente ante estos problemas. Estos videos y sus repercusiones fueron repudiados por igual por todo el arco docente sin importar su cercanía partidaria.
Pero los que se elevan en una escala peor son aquellos que justifican esta situación aludiendo a la cantidad. Laura Sirotzky, la funcionaria encargada del ciclo dijo “Produjimos más de 1200 horas de radio y televisión con contenido educativo, a razón de 14 horas por día de TV y 7 de radio. En 64 días de producción en vivo hubo 6 errores” Poniendo el énfasis en la cantidad y no tanto en la calidad, ya que consideró que es muy apresurado cuestionar la formación docente ¿Desde cuándo más es mejor? ¿Acaso más cantidad de horas de escuela (virtual o presencial) es tener una mejor educación? Hoy no estamos en la época de Sarmiento en la que hay que llenar de escuelas un país, que desde el año 2000 sólo baja cada vez más en las escalas internacionales que miden la calidad educativa y que da cuenta que más de la mitad de los chicos que salen de un secundario no saben hacer cuentas simples ni comprender textos de nivel medio.   


Es cierto lo que dice Sirotzky que no hay que desprestigiar el trabajo de la docencia, pero cómo se puede darle prestigio a los docentes si no hay una buena autocrítica, si no discutimos cómo se forman los docentes, y por supuesto si no discutimos seriamente cómo son remunerados esos docentes y qué status le damos en la sociedad. Si ser docente es una salida rápida para asegurarse relativamente un futuro, económicamente hablando, la calidad no entra en esta discusión y cuando vemos errores en maestras entendemos que es más que una eventualidad sino algo más común de lo que nos imaginamos. Un twittero conocido tiene como regla que si no tenes un pariente docente o uno policía, realmente no conoces tanto la clase popular como decis. Como sucede con la policía quien no tiene tantas oportunidades al alcance de la mano elige ser docente porque tiene una capacitación mucho más leve que cualquier carrera universitaria o terciaria, te provee de un trabajo precariamente remunerado pero asegurado y sobre todo la posibilidad y la certeza de acceder a una jubilación también precaria pero segura y con más facilidades que cualquier otro trabajador. ¿En serio creemos que meter a una persona dos o tres años a formarse sin saber muy bien cómo lo hace, para luego dejarla frente a un aula con alumnos, pagándole salarios paupérrimos, sin posibilidad de saber que sucede allí dentro y sin posibilidad de autocrítica después no tenga errores básicos?
Discutir cuestiones básicas como salud, educación y seguridad sin hacernos planteos serios, nos va a llevar a pensar o que los médicos, los docentes y los policías son todos malos o que los médicos, los docentes y los policías son todas personas intocables. Velar por la calidad de lo que brindan no es desprestigiarlos, es ocuparse de ellos y de su trabajo; y entender, sobre todo, que más cantidad no nos brinda más calidad si no tomamos seriamente estas discusiones dejando de lado el corporativismo o la sensación de ataque.
La teoría de que más es mejor se replica y lo peligroso es que queda ausente la calidad en la discusión y eso lo podemos extrapolar a muchísimas áreas. Hemos criticado hasta el cansancio cuando se achicó el ministerio de salud al rango de secretaría ¿pero qué afecta el rango ministerial o el tamaño del ente si a la hora de hacer un cuadro de doble entrada de datos comparativos incurren en errores groseros que nos llevan a tener problemas con todos los vecinos allí mencionados? Por supuesto lo deseable es tener ministerio, más aun en este país tan burocrático, pero es justo que la discusión sobre todas las cosas pase por la calidad de profesionales que trabaja en ese ente y con qué eficiencia y eficacia lo hacen. Un ministerio lleno de gente que no sabe hacer cuadros es lo mismo que una secretaria que no sabe hacer cuadros.
Lo mismo ocurre cuando se habla de tener un Estado bien grande y bien presente, pero ¿acaso no es deseable tener un Estado eficiente por sobre todas las cosas? Tener un Estado en todos los rincones pero sin capacidades de solucionar problemas es perder el objetivo real; y eso ocurre porque en la discusión no entra la calidad, se reclama más Estado, no se reclama un mejor Estado, entonces nos pasa como hoy que el Estado está más que super presente en nuestras vidas (porque nuestras libertades hoy dependen de un permiso estatal) y sin embargo después de 100 días no pudo resolver eficazmente un problema generalizado y nos llevó al 60% de la población argentina a hacer un retroceso de como veníamos sin fecha cierta de salida. Seguir cumpliendo al pie de la letra todas las indicaciones y todos los permisos otorgados por el Estado para estar peor debería ser un punto para cuestionarnos más sobre la calidad y no tanto por la cantidad.
Una casa con buenos cimientos siempre tiene la posibilidad de agrandarse, una mansión de paja siempre puede volarse en segundos cuando haya un viento más o menos fuerte. Apuntar a ser mejores nos hará más “grandes” que si apuntamos a ser grandilocuentes.          

Publicado por Juani Martignone
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