Tapate la boca y quedate en casa
Podemos hacer el recorte que
queramos para ver la realidad que más que nos guste. El relato oficial, por
ejemplo, nos dice que en el 85% del país ya no rige una cuarentena sino un
distanciamiento social, y podríamos decir que, en efecto, Alberto no miente,
observa un dato de la realidad y lo inserta en el discurso de forma tal que
parezca todo mucho más suave de lo que es. En ese enunciado cuando el
presidente habla de país, está hablando de territorio. O sea, en el 85% del
territorio del país no rige la cuarentena. Ahora bien, también podemos
considerar que un país no es sólo su territorio sino que también lo es su
población, y si contamos la población de algunas provincias/ciudades en las que
aun rige la cuarentena (Ciudad Autónoma de Buenos Aires, provincia de Buenos
Aires, provincia de Códoba y la provincia de Chaco) nos encontramos con más con
de la mitad de la población de todo el país, o sea, es cierto que en Argentina
la cuarentena no rige en el 85% de su territorio pero en el 60% de la población
del país vive en el 15% del territorio en el que aun rige algún tipo de
cuarentena, cada una con matices. Por lo tanto, podemos decir, sin mentir
tampoco, que más de la mitad de la gente que vive en territorio argentino va camino
a tener la cuarentena más larga del mundo, incluso un mes más que Wuhan, el
lugar donde se originó el virus.
Una sutileza en la percepción de
los datos nos puede cambiar bastante la percepción de lo que estamos viviendo.
Lo que no podemos hacer es enojarnos con los datos. Tampoco deberíamos
enojarnos cuando estos datos se exponen, porque ante el mínimo atisbo de
nombrar nuestra cuarentena como “la más larga del mundo” desde el gobierno
revolean muertos como contra argumento. Irrita que se cuestione la cuarentena. Como
si viviéramos en el régimen de la novela “1984”, se indica que sólo hay que
consumir información oficial, algo así como lo que sólo la información válida
era la que brindaba el “Gran hermano” y toda la otra de alguna forma pretende
atentar con la paz del régimen. Por lo tanto deberíamos pensar que si decimos
que el 60% de la población que vive en Argentina aún está confinada es un acto
meramente golpista.
Entre sutileza y sutileza el
discurso oficial (el único que se “recomienda” consumir) intenta poner como
único responsable a la pandemia de la caída económica y de nuestras angustias
cuando repiten como un mantra “La culpa no tiene la cuarentena sino la
pandemia”, lo cual también es una verdad a medias dependiendo donde se pone el
ojo. Es cierto que el mundo entero va a sufrir una crisis económica, de hecho, los
países más desarrollados estimaron de cuánto será y cuánto tiempo llevará
reponerse de ella, acá esperamos cada 15 días un anuncio del que ni siquiera se
puede estimar un horario de comienzo y en el que la única previsión es hacer
todo igual mediante el famoso modo de trabajar argentino “vamos viendo”. Lo que
también es cierto que para paliar las crisis que se avecina y la angustia que
le provoca a un animal social como el ser humano estar encerrado, cada país
adoptó distintos tipos de cuarentenas con distintos resultados, algunos más
exitosos y otros no tanto. También sabemos que nuestro modelo de cuarentena no
es el más exitoso (eso sí fue una mentira del gobierno) ni tampoco el país que
mejor sostuvo a los marginados del sistema.
La pandemia es una realidad que,
entre otras cosas, dejará una crisis económica fenomenal; la cuarentena es un
método de para afrontar la pandemia como existen otros también, y como existen
otros tipos de cuarentena que atienden en mayor o en menor medida otras
disciplinas como la economía, la salud psíquica, los marginados, etc. En
nuestro país hace meses se adoptó, y se mantiene a la fecha, un método que no
atiende otras disciplinas que no sean las meramente epidemiológicas, que en
efecto, es la más importante, pero no la única.
Poder plantear la discusión, o
abrir el debate sobre el método adoptado no puede ser un atentado a la vida
humana como se lo quiere mostrar desde el discurso oficial. Si al mínimo planteo
la respuesta oficial es recordarnos las imágenes de las fosas comunes, se
cierra el debate. Se adoctrina mediante el miedo, que es una realidad, algo así
como decir que sólo podemos elegir el método propuesto por el gobierno o la
muerte y en el medio no hay más nada, ni siquiera la posibilidad de debatirlo.
Cuando ese mensaje se baja desde
la máxima figura gubernamental, genera a un ejército talibán que sólo ve el
mensaje oficial como única opción posible y a todo aquel que se “atreva” a cuestionarlo
como un asesino social en masa. En un país que vive una circunstancia
particular en la que todas las libertades personales se ven coartadas
momentáneamente no es sano además quitarle a la gente la libertad de
pensamiento. Claro está en este país rige la libertad de expresión y estamos
lejos de ser una dictadura (o al menos esa es mi visión) pero existe una forma
de anular el discurso opositor que no es prohibiéndolo sino amedrentándolo,
asfixiarlo, y qué mejor que plantear como asesino o irresponsable o nazi a todo
aquel que no acuerda con el discurso oficial.
Para tomar como ejemplo, podemos
decir que el documento presentado por 300 personalidades que consideraron que
vivimos en una “Infectadura” fue perseguido de manera tal que obligó a varios de
los firmantes a bajarse del mismo debido al escarnio sufrido por colegas, por
periodistas que se jactan de la libertad de expresión y por politógos que
defienden la pluralidad. Insisto en que mi percepción es que estamos demasiado
lejos de una dictadura pero eso no me habilita a intentar callar con hordas de
ejércitos troll a quienes sí lo piensan.
Otro ejemplo que se pasa de
castaño oscuro fue cuando en el canal de ciudad directamente se censuró y no se
le permitió a Nicolás Lucca participar de un debate sobre la cuarentena por no
coincidir con el discurso oficial del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta.
En los debates lo único que no
colaboran son las ideas extremistas y en la Argentina de las grietas constantes
parece que esto no es posible. Mientras algunos reclamamos revisar algunas de
las restricciones para que nos ayuden a atravesar un tercio del año confinados,
otros aprovecharon para llevarlo al mango y pedir que todo se levante:
agregaron que la pandemia no existe, la teoría conspirativa, que la tierra es
plana, que hay que salvar las dos vidas, que todo está financiado por Soros y
por supuesto tirar algunos mensajes de odio contra las feministas, los
homosexuales, el peronismo y por supuesto el judaísmo. Los medios cuya línea
editorial se condice con la del gobierno se encontraron con el sensacionalismo
servido en bandeja justo para construir al adversario ideal para el discurso oficial:
todo aquel que cree que las medidas del gobierno son exageradas es
“pro-muerte”.
De la misma manera que ocurrió
con el debate del aborto se hace muy difícil mantener una discusión sensata si
del otro lado tenes a alguien que sólo entiende que tu postura es a favor de la
muerte, te cierra la discusión sin siquiera poder intercambiar algún argumento
sensato.
El tema es que algunos venimos
desde mediados de Marzo sin salir de nuestras de nuestras casas; al
supermercado o a alguna otra compra esencial vamos una vez por semana o cada 15
los días que el número de DNI nos permite salir; desinfectamos más veces de las
que comemos; sufrimos las desgracias ajenas desde la distancia y a través de
una pantalla de celular; cuando alguna actividad laboral se nos permitió vamos
de la casa al trabajo y del trabajo a la casa como un autómata pero nos
seguimos acostando con la angustia de ver como nuestros viejos perecen solos,
como nuestros chicos crecen lejos, como nuestros trabajos penden de un hilo y
no sabremos si en el futuro vamos a poder pagar Netflix para pasar una
cuarentena piola, y lo hacemos en pocos metros cuadrados y lo hacemos mientras que
otros cada tanto cometen pequeñísimas infracciones yendo a ver a un ser querido
asegurando que lo hacen con todos los recaudos mientras a vos te repiten
ciegamente “quédate en casa”.
Para estos casos con muy poco se
puede dar un salto de calidad enorme. Distinto es el caso de la mujer que vive
en el mismo techo con su abusador, basta con ver que los casos de femicidios
durante la cuarentena son los más altos desde que en el 2015 los comenzó a
medir La Casa del Encuentro porque el ministerio de la mujer esta para
cosas más importantes como que en adelante los entes estatales escriban
“jubilades” o “adultes mayores”. Distinto también es el caso de aquel que tiene
una peluquería como la ley manda y no aplica a ninguna ayuda que no sea
endeudarse al mismo tiempo que te vaticinan una crisis mundial y que tampoco
recibe ningún tipo ingreso para quedarse en su casa en pijamas haciendo masa
madre, viendo una maratón de series y tocando temas del flaco Spinetta. Y peor
son aquellas 9.000.000 de personas a la que el Estado le dio ayuda de un tercio
de lo necesario por mes para no caer en la línea de pobreza pero para dos meses
y medio. Y aún más grave son al menos esos 3.000.000 de personas que no
aplicaron a ninguna ayuda o que tenían un trámite de ayuda estatal en curso y
no recibieron nada porque desde el gobierno consideran que ANSES no es un servicio
esencial mientras vemos en la tele que Tinelli tras recorrer impunemente todo
el país vuelve con el Bailando y sentís que se te cagan de risa en la cara.
Todos estos argumentos que no son
los de ir a toserle en la cara a los viejos de un geriátrico no entran en el
debate porque para estar en contra de esta cuarentena hay que ser “pro-muerte”.
La empatía que pedían hace unos cuantos meses atrás ya no se practica, quedó de
modé.
Acá se hace lo pide Alberto, el
patriarca que nos cuida. Si no te gusta o tenes otras necesidades nadie te va a
escuchar y si lo hacen te tratarán como un asesino de masas. Mejor comprate un
lindo barbijo tapate la boca y quédate en casa.
Publicado por Juani Martignone
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