Principio de culpabilidad

A principios de la semana pasada la ciudad de Buenos Aires abrió la posibilidad de empadronamiento para la vacuna del coronavirus al grupo comprendido entre 18 y 45 años con enfermedades prevalentes que representaran algún riesgo al contraer el virus. Antes de terminar la semana ya los estaban vacunando. La provincia de Buenos Aires hizo lo propio, a diferencia de ir completando grupos etarios como lo hizo CABA y le permitió al día de hoy tener al 99% de la población porteña mayor de 60 años vacunada, este distrito optó por los empadronamientos masivos (aludiendo a falta de datos) por lo que, a principios de esta semana invitó a los bonaerenses mayores de 18 años, con o sin factores de riesgo, a empadronarse para la vacunación y desde el sistema provincial se asignarían los turnos dando prioridad a aquellos que declaren tener una enfermedad prevalente. También antes de finalizar la semana ya estaba vacunando a los más jóvenes.

 


Instagram se llenó de fotos de treintañeros o menores con sus carnets de vacunación. Lo curioso es que a las fotos triunfantes la acompañaban extensos pie de fotos que daban una explicación al detalle de por qué ellos eran merecedores de la tan preciada y escasa vacuna. Todos se sintieron en la obligación moral de exponer sus cuadros clínicos ante las redes básicamente para separarse de los veinteañeros que se vienen vacunando desde enero y que no pueden sostener un argumento serio que expliqué por qué ellos se vacunaron antes que alguien que corre riesgo. Lo que se llama: robo de vacunas; que en realidad es adelantarse en el lugar de alguien que lo necesita y que en un contexto de escasez hace peligrar la posibilidad de vacunación de los más vulnerables.

Aunque el gobierno cree que habiendo pedido la renuncia del ex ministro de salud Ginés González García, después de cantar fervientemente que salud es ministerio, el problema no terminó. En realidad rompió un fuerte pacto social que ligaba íntimamente a la población con la vacunación. Sólo en Perú y en Argentina se vacunó a personas antes de lo que le correspondía, en algunos casos a escondidas y en un contexto de pandemia donde todo el mundo tambaleó. Ante un virus repentino que se desperdigó con una gran potencia por todos los puntos del globo y afectaba especialmente a adultos mayores y gente con algún factor de riesgo, sólo en Perú y Argentina hubieron grupos de privilegiados que pasaron por encima de todos los más vulnerables para salvarse ellos mismos con la única esperanza que es una vacuna creada en tiempo record.

A pesar de esta mancha que nos muestra al mundo como egoístas y reproductores de las desigualdades que, ya de por sí desnudó la pandemia, en el gobierno parecen no creer que se trate de un problema sustancial, de hecho no lo reconocen como tal. Vimos a Zanini decir en televisión, con total impunidad, que algunas personas son más importantes que otras y por eso deben vacunadas antes que los más vulnerables. Es por eso que no vio problemático que se haya hecho pasar por personal de salud para vacunarse él y su mujer. El mismo Ginés sintió que era una explicación lógica decir que Verbitsky tenía miedo al virus y por eso se vacunó antes y en la oficina pegada a la de la actual ministra de salud, como si los demás ciudadanos no tuvieran miedo. Y hasta Duhalde que se vacunó él, su mujer, sus hijas y sus asesores consideró que la merecía por haber sido presidente en algún momento. Del mismo modo que él considera que es el motivo por el cual se vacunó Cristina Kirchner (no atiende que cumple el segundo rol más importante a nivel ejecutivo del país) y aclaró que si Menem estuviera vivo también merecía ser vacunado por haber sido el primer mandatario en los 90. De Macri no habló, pero siguiendo su lógica él también debió haber sido vacunado por el Estado argentino y no hacer el acto infame de exponer todos sus privilegios, yendo a vacunarse al exterior.

En definitiva, todo el arco dirigente no percibe que lo hicieron estuvo muy mal sino que además de justificarse aludiendo a teorías que demuestran más cuán alejados de la población general están, tampoco nunca le pidieron perdón a un pueblo que con sus aportes les dio la posibilidad de que vayan a comprar vacunas, se las pongan antes que nadie y de yapa se aumenten el salario un 40% cuando la mejor paritaria no superó el 35%. Descontando todos los que se empobrecieron más y más con las restricciones eternas, o los monotributistas que hoy, de buenas a primeras, se enteraron que le debían mucho dinero al fisco a pesar de estar al día porque la política creó un aumento retroactivo para recaudar la plata necesaria para vacunar a los que corren riesgo y todavía esperan a que le pinchen el brazo mientras le pegan un sticker en la frente que dice que “El Estado está presente”.

Todo esto que ellos ven como simples equivocaciones, en el mejor de los casos, creó en el país un estado de sálvense quien pueda y a como dé lugar. Todos los días, absolutamente todos los días, nos enteramos de una persona en un municipio de alguna provincia que se vacunó robándole el lugar a alguien que lo necesitaba, desde intendentes, concejales, choferes del poder, o amantes de algún caudillo provincial y sin distinción partidaria. Si el gobierno nacional lo hizo y no pasó absolutamente nada, por qué no habría de hacerlo un intendente de un pueblo de 2000 habitantes que seguramente tiene proporcionalmente más dosis de la que puede tener una megapolis.

La desigualdad se acentuó con los métodos de reparto de vacunas y la política recontra liberal que optaron para que cada distrito las aplique de la forma que quiera. Esto generó, por ejemplo, que distritos de poblaciones envejecidas siempre estén a la falta y distritos de poblaciones jóvenes tengan superávit de vacunas para vacunar hasta un bebé. Por eso, tenemos pueblitos perdidos en los que ya está vacunada toda la población mayor de 40 años mientras que en grandes ciudades todavía queda gran parte de la población mayor de 70 años sin vacunar. No importa tu edad, tus enfermedades prevalentes, si sos argentino o si residis en el país, lo que importa es el distrito que figura en tu DNI, sólo eso te dará más o menos posibilidades de salvarte, dependiendo del cacique de tu tribu, obvio.

Termina siendo injusto que si naciste de un lado de La General Paz te pidan un certificado médico que justifique que efectivamente sos un paciente de riesgo a pesar de tener 18 años, mientras que del otro lado declarando que uno tiene alguna de las enfermedades prevalente que elaboró el ministerio de salud pero libera a que cada distrito las use como le plazca, ya es suficiente para recibir el pinchazo que te salvará. Eran increíbles las justificaciones que se leían de quienes fueron vacunados sin presentar una prescripción formal de un médico, todo quedó librado a su autopercibimiento de persona con riesgo. Mientras otros con riesgos reales aún esperan.

Todo este sistema de distribución y criterios de vacunación tan liberal no abre un abanico de posibilidades (salvo para aquellos que viven en un distrito pero  tienen domicilio en otro donde hay menos controles y se pueden dar el lujo de elegir dónde vacunarse, o bien los que tienen el dinero suficiente como el ex presidente Macri, Jorge Rial o Matías Martin para subirse a un avión y vacunarse antes que nadie) sino que te empuja a dar gracias a vivir en donde vivis y a ser gobernado por quien sos gobernado. Empuja a la sumisión y al agradecimiento de personas sin percibir que la salud es un derecho, no un favor; más allá de que muchas personas que le pongan el cuerpo y merezcan nuestro agradecimiento, no debemos perder el foco que nadie regala nada en cuanto a derechos se trata.    

La oposición que al principio de la pandemia fue colaborativa y luego se puso en el rol de fiscal de un gobierno que no para de cometer errores para sacar provecho de la situación excepcional, también ha tenido responsabilidad en la ruptura de este pacto social, cuando algunos de sus dirigentes salieron a decir que las vacunas eran veneno o llamando a no vacunarse. Como nunca antes, tuvo que armarse una campaña en la que muchas personas se ponían como referentes para mostrar la efectividad de la vacuna (recordemos el caso que a Beatriz Sarlo le ofrecieron vacunarse para este acto publicitario) como si fuésemos Estados Unidos que tiene un 30% de la población que es antivacunas y tuviéramos que transformar todos nuestros actos, incluso los referidos a la salud, en un producto digno de publicitarse. Nuestra larga tradición sanitarista ha impedido que estos dichos resquebrajen la conciencia de la sociedad respecto de vacunarse, basta con ver el número de personas empadronadas para recibir una vacuna, pero la semilla ya está plantada ¿cuánto falta para tener ese 30% que tiene Estados Unidos? No lo sé, sólo espero que si por desgracia sucede, Bullrich y Carrió estén vivan para poder recriminárselo.

Lo que y tenemos al estilo yanqui es la salud como un producto que se publicita y las redes sociales ayudan porque son un espacio de plena propaganda y publicidad. Todo lo que mostramos allí es lo que queremos promocionar de nosotros mismos, por eso ante la oleada de militantes del gobierno mostrando sus carnets o sus brazos con una jeringa, todos se sintieron en la necesidad de publicitar la vacunación, exponiendo incluso hasta sus propias vidas. El caso de los pacientes que viven con VIH y tiene entre 18 y 45 años, que publicitaron la vacuna en redes con su propia intimidad se vieron ante la disyuntiva de tener que contar su estado serológico o responder a quien se lo preguntara del mismo modo que se lo preguntaban a la gente que porque consideraron que tenían unos kilos de más se la aplicaban por ser personas de riesgo y merecían su vacuna del modo que un policía o un chico con síndrome de down.

Las largas explicaciones de aquellos jóvenes vacunados que mostraron su intimidad en pos de promocionar una vacuna se deben básicamente a dos cosas: por un lado intentan ser todo lo transparente posibles, en un proceso de vacunación opaco y que no percibe que comete errores; por otra parte despegarse de aquellos que, en efecto, se adelantaron en la fila importándoles solo su propio ombligo.

Algo queda claro: desde que nos enteramos que muchos se estaban robando vacunas, todos nos vemos en la obligación de dar explicaciones que realmente nos corresponde ese pinchazo, porque esos actos oscuros rompieron un pacto primordial y hoy uno es culpable de robarse una vacuna hasta que se demuestre lo contrario.             

 

Publicado por Juani Martignone

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Fe de erratas: donde se indica que sólo Perú y Argentina son países en los que se registró el robo vacunas o vacunados de privilegios, debió aclararse que correspondía a Latinoamérica, ya que se han registrado irregularidades en otros lugares del mundo tales como Europa. La omisión no afecta al sentido del texto que invita reflexionar por qué los jóvenes argentinos se sienten en la obligación de explicar por qué son merecedores de sus vacunas. Desconozco si en esos otros países donde se registraron irregularidades en el proceso de vacunación los jóvenes publican fotos en sus redes con sus carnets y con extensas explicaciones justificatorias, como sí sucede en nuestro país. Es una buena invitación a la investigación y el análisis de la relación robo de vacunas/justificación de vacunación a nivel global.  

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