La marca país
La noticia no se reflejó mucho en los medios, hoy ocupados en la coyuntura de la campaña electoral que nos llevará a votar en unos meses, pero para quienes tomamos cuenta de ella, fue realmente demoledora. La Escuela de negocios de Harvard para América latina mudará la sede que tiene hace más de 20 años en la Argentina. No se irán a Dinamarca o China, se mudan a 40 minutos de Buenos Aires. La sede que tiene Harvard en el país se traslada a Montevideo. Lo demoledor son los motivos: Argentina no es país seguro o predecible, y lo peor, estiman que al menos por una década seguirá en la misma situación.
Todos los motivos detallados que hicieron que tomen la decisión de irse del país son pequeñas puñaladas que duelen, pero que nosotros, que somos los que acá vivimos, sabemos que no son irreales. El estancamiento que hace que el país no crezca de manera sostenida durante más de 25 años, las dificultades que tiene el empresariado de emprender, las dificultades que tiene la sociedad entera para acceder a una educación de calidad y a un título universitario que pueda tener perspectiva a futuro (echando por tierra la idea de que solo la gratuidad transforma a la universidad en una casa de altos estudios inclusiva). Hablan de la desigualdad creciente y la pobreza estructural cada vez más alta que impide el crecimiento del país al menos, y mirándolo con mucho amor, por lo próximos 10 años. Aclaran que se les hace muy difícil encontrar personal con capacidad de realizar análisis serios, gente que sepa hablar más de un idioma, pero sobre todo, que sepan escribir un texto medianamente aceptable, aun teniendo un título universitario. No aseguran que haya mucha inmigración, pero sí que quienes emigran, son siempre las mentes más brillantes que produce el país, motivados por los mismos motivos que motiva a Harvard a emigrar: el panorama futuro es desolador porque no hay indicios de que se esté trabajando para mejorar ese futuro.
A la Escuela de Negocios de Harvard
para Latinoamérica que desde hace 20 años viene apostando a la Argentina y a
los profesionales argentinos y que percibe que el nivel es cada vez peor y en
el futuro será peor aún ¿también saldrá Santiago Cafiero a decirle a Harvard
que la Argentina no es el país de mierda que los medios hegemónicos le quieren
vender? ¿O nos va a decir que Harvard desde su imperialismo yanqui
es parte de una mega conspiración planeada por Henry Kissinger y compañía para
que desde la misma institución educativa también se fomente la idea de que la
Argentina es un país de mierda?
Todas estas teorías se caen
cuando exponen cuáles son los motivos por lo cual eligen estar del otro lado
del charco y suenan lógicos y verosímiles: la estabilidad institucional, el
apego a las reglas democráticas, el apoyo al empresariado, el alto nivel
educativo y el mejor coeficiente de GINI de toda la región (este es el coeficiente
que mide la dispersión entre las clases más bajas respecto de las más altas
para determinar la desigualdad en los país, por lo tanto Uruguay es el país más
igualitario de toda la región). Por todos estos motivos es que ponderan en la
carta que el país charrúa tiene bien merecido el mote de “La Suiza de América”.
Mientras todo esto sucede, en la
Argentina estamos viviendo en nuestro propio Wonderland, donde el hecho de
tener la Universidad gratuita nos convierte en el país en el que toda su población
pasa por ella; donde tenemos grandes extensiones de tierras y los cuatro climas,
lo cual nos transforma por arte de magia en un país rico; donde creemos que
tenemos tantas cosas buenas que cuando vemos a la actriz de Gambito
de Dama hablar en argento automáticamente nos hace el mejor país del
mundo asumiendo que afuera todos nos pueden ubicar en el mapa y saber de
nuestras noticias locales. Pero sobre todas las cosas, esta idea que tenemos de
“vivir con lo nuestro” porque somos tan grosos y tan ricos que no necesitamos a
nadie más, nos crea un nacionalismo berreta que va en contra del patriotismo y
cuando leemos que Harvard decide irse del país, somos capaces de esbozar “Mejor,
yanquis go home. Ustedes se lo pierden”.
Lo que nos cuesta creer es que
nuestro país es una marca en sí, los Estados nación hoy en día compiten entre
sí para ver quien da mejores condiciones para que la gente se radique en su
países y los hagan crecer y volver rico.
Es cierto que un país con muchos
derechos sociales de vanguardia es atractivo para alguien quiera radicarse en
él, pero no es lo único. Pensemos qué pasaría si a un eximio científico nacido
en una isla del Pacífico le ofrecen continuar sus estudios y su desarrollo
científico en un lugar más prominente ¿por qué habría de elegir ir al CONICET
mal pago de Argentina donde el dinero vale menos día a día, que irse a la
Alemania que gobierna Merkel? Peor aún para nuestro ego ¿por qué elegiría
Uruguay y no Argentina? Porque en esa competencia de Estados, el que tiene
mejores condiciones de crecimiento se queda con los mejores y de esa forma se
asegura crecer más y más. Acá repetimos el slogan que Estado está presente y
nos arrodillamos a agradecerle al supremo porque nos dio una vacuna en plena
pandemia para detenerla aunque no nos puede asegurar la vacunación completa.
Agradecemos, no exigimos. Y nos
quedamos en la mediocridad de cada vez recibir menos de parte del Estado, pero
somos cada vez más agradecidos. Esto es lo que ven los académicos y les hace
determinar que cada vez estaremos peor: no exigimos estar mejor. Si arriba de
todo está el que votamos, eso lo hace automáticamente bueno aunque nos haga
comer mierda y tomar agua del retrete.
No conformes con esto, cada vez
que salimos al mundo nos encargamos de demostrar que, en efecto, la Argentina
no es un lugar de oportunidades de crecimiento. Basta solamente con ver lo que
está pasando con los atletas de los juegos olímpicos que deben salir a vender
alfajores para pagarse un pasaje, mientras otros atletas de afiliaciones
partidarias más afines viajan en chárters o en primera clase. Es cierto que la
desfinanciación del deporte es histórica y no es inherente a este gobierno, lo
que es inaceptable es que esa sea una respuesta satisfactoria. Decir que
siempre estuvimos mal no hace que ahora estemos bien, seguimos mal y eso
deberíamos estar reclamando sin detenernos un solo segundo.
En una villa olímpica nipona
donde todos los atletas se cruzan, pueden enterarse que nuestro país fue el
único que prohibió la actividad deportiva, de hecho los medios paraestatales
equipararon a la gente que salía correr con asesinos y se persiguió y
criminalizó a todo atleta que quiso entrenar para los JJOO (bien claro es el
caso del remero Ariel Suárez que fue detenido y al que se le labró un acta por
entrenar para los JJOO en el río Lujan), además de no pagarles viáticos, ni darle
ayudas para entrenar o peor aún dejarlos varados en Tokio con el costo a su
cuenta porque hay una restricción absurda de cantidad de pasajeros, igualando a
un atleta que representa al país con un turista que se fue a Disney. Igualdad
ficticia, porque en estos días nos enteramos que mientras la población estaba
encerrada en sus casas, los niños dibujaban arcoíris y ponían que todo iba a
estar bien y todos salíamos a la noche a nuestros balcones a aplaudir o a
cantar “una que sepamos todos” por la Quinta de Olivos desfilaban actrices,
periodistas mujeres, fleteras, conductores y sindicalistas porque para ellos no
regía la misma igualdad que hoy le quieren imponen a una nadadora a la que no
dejaron entrenar, que debió bancarse el viaje por su cuenta para representar la
marca país de la mejor manera que pudo y hoy su propio país le dice “usted
sabía que si salía era posible que no podía volver a entrar, lo firmó en un
papel”. Todo esto mientras Cafierito los felicita por Twitter por el gran
trabajo realizado. ¿Alguno todavía cree que si a esta nadadora le dan la oportunidad
de irse a vivir para formarse en natación en un país que recibe más contención que
en este no lo haría porque va a extrañar el dulce de leche y tango? De nuevo no
hace falta irse muy lejos. Brasil se lleva la mayor cantidad de deportistas de
elite de nuestro país, seducidos porque tiene mejores condiciones para
ofrecerles que Argentina. Nosotros nos conformamos con cantarle al equipo de
futbol brasileño “qué se siente tener en casa a tu papá” y con eso ya nos
sabemos mejores que ellos.
Mirtha Lengrand popularizó la
frase “Como te ven te tratan y si te ven mal te maltratan” y algo de eso hay.
Cuando de afuera se ve que el gobierno y sus seguidores festejan que la empresa
que más factura en el país se va al país vecino porque no se siente contenida;
cuando le quieren hacer vivir una igualdad que el mismo gobierno no practica a
jóvenes que llevan su talento, su esfuerzo y nuestra bandera al mundo después
de haberlos ninguneado en sus actividades; cuando una ley que podría haber
salido democráticamente por el Congreso se bloquea para que el presidente pueda
sacar la misma directiva por DNU y así llevarse los créditos;
cuando el eje de la campaña electoral es la batalla cultural porque se
reconozca que Las Malvinas son argentinas y los desaparecidos fueron 30.000,
mientras la mitad de la población es pobre y crece a un 70% en los niños, y
mientras la política sanitaria se cargó a un millón de chicos pobres
alejándolos de la escuela; nos merecemos que todo aquel que eligió radicarse en
país para hacerlo crecer, de algún modo huya despavorido con la certeza de que
cada vez vamos a estar peor porque estamos enfocados en otras cosas. No nos
interesa que nuestro país sea una marca, un lugar, en el que todo el mundo se
quiera radicar.
Hoy todavía tiramos con “lo
nuestro” pero cuando nos vean como a Sierra Leona, vamos a creer que son
injustos con nosotros, aunque no hayamos sido capaces de ver que nos lo auto
infligimos.
Publicado por Juani Martignone
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