El voto como mercancía

Érase una vez, un tiempo en el que el país era gobernado por una elite política que tenía el 54% del apoyo popular; quienes no los habíamos votado éramos una minoría a la que nos hacían notar que lo éramos. A mí me habían enseñado que la democracia es el sistema de gobierno en el que las minorías están representadas, sin embargo, a cada queja, cada reclamo, cada cosa que expresábamos que no nos gustaba en las redes, una horda de twitteros nos venía a poner en nuestro lugar; el de una minoría: “la mayoría quiere esto, su queja no tiene lugar” y “al que no le guste, que se arme un partido y gane las elecciones” (cuyo autor de la frase original hoy ha vuelto como un héroe de la seguridad) Cuando dejaron de gobernar, y les hicieron lo mismo a ellos, pusieron a todo el aparato académico cooptado a estudiar las redes y llamaron a esas hordas “trolls” y lloraron victimización en cada trolleo.

Era enero de 2015, un fiscal había muerto en circunstancias raras y algunos nos empezamos a hacer preguntas al aire, como casi siempre hacemos en Twitter. Los trolls, aunque aún no tenían esa entidad y podían trollear sin ser juzgados como hoy, estaban a la orden del día. Defendían a capa y espada el gobierno que estaba de retirada. En cada defensa aludían a algún logro que habían obtenido. Fue en ese revoleo de fuego, que tiraba la mayoría reinante, cuando alguien de mi pueblo natal me trolleó. Yo estaba acostumbrado, años atrás cuentas anónimas se mofaban de mi sexualidad por redes. Nunca me sentí víctima, quizás me entristecía o me llenaba de ira el retraso provincial. Pero aquel enero, no sólo me pusieron en mi lugar respecto de mi sexualidad, sino que también me aclararon cuanto me había dado el gobierno que no me gustaba y cuán poco les daba yo a cambio.

 


Ese tweet en el que me dicen “Tanto veneno tenés contra el gobierno que te dio la posibilidad de casarte y adoptar hijos? Qué mal” primero tuvo una función moralizante: “no se muerde la mano de quien te da de comer”. Y en segunda instancia, me recordó que aquello que se recibe de alguien, debe pagarse de algún modo. Como si el voto fuera una mercancía y en esta sociedad mercantilista todo lo que se entrega, siempre es a cambio de algo. Aunque eso que se “entrega” es un derecho.

Mi anécdota es pequeña y sin trascendencia, pero ejemplifica lo que vivimos todos los homosexuales que no somos kirchneristas y nos atrevemos a decirlo, ya sea en redes o cara a cara siempre nos ponen en nuestro lugar, siempre nos quieren hacernos sentir culpables de pagarle a Cristina la posibilidad de matrimonio igualitario con nuestra fidelidad y voto. Mucho podría explicar sobre cuán invisibilizado queda un derecho si se lo toma como una mercancía que se le es otorgada a alguien y que debe pagarse por ella. Mucho podría explicar sobre cuán invisivilizadas quedan las luchas colectivas de las minorías en búsqueda, no de obtener, sino de que se le reconozca un derecho que le es natural, cuando dicen que “x” o “y” te dio tal o cual cosa a alguien.

La política en general, pero el peronismo en particular, se caracteriza por volver al voto una mercancía. Lo vivieron en su momento las mujeres a las que Eva les “dio” la posibilidad de votar (de nuevo dar derechos como caramelos e invisivilizar todo el movimiento sufragista bastante activo en nuestro país). Lo vivimos cada vez que alguna persona cargada de odio contra quien no piensa igual vuelve a reeditar aquella idea de que quienes no hayan votado peronismo, pues entonces renuncien a su aguinaldo. Lo vivieron hace muy poco todos aquellos beneficiarios de planes sociales que fueron escrachados por los gerenciadores de agrupaciones de dichos planes por no votar la lista oficialista o simplemente no ir a votar.

¿Qué conclusión sacar? No te reconocen la posibilidad de votar a pesar de haber nacido en mundo machista para intentar lograr la equidad de género a la vez que buscan que las mujeres también puedan expresar su voz y su voto; buscan que a cambio de eso seas lo suficientemente agradecido y los votes. No buscan una gratificación salarial extraordinaria para equiparar los ingresos de los trabajadores con la patronal y que de este modo un empleado común pueda acceder cada vez más a cumplir sus propósitos en la vida, o sea ser más libre; buscan que a cambio de eso seas lo suficientemente agradecido y los votes. No buscan reconocer el derecho de una comunidad que fue castigada hasta por la medicina y la psicología al tildarlos de enfermos, para que gocen de la libertad que todo ser humano goza de amar y casarse con quien ama; buscan que a cambio de eso seas lo suficientemente agradecido y los votes. No buscan brindar una ayuda económica para que las poblaciones más desamparadas intenten lograr un progreso; buscan que a cambio de eso seas lo suficientemente agradecido y los votes.

Desde aquel joven que vota peronismo lista completa porque Eva le regaló a su abuela una muñeca cuando era chiquita y eso la hizo feliz, hasta el que te revolea, en la actualidad, una cantidad de derechos obtenidos con el peronismo para convencerte de que votes peronismo, todos consideran que el voto es algo que se puede comprar, una mercancía. No necesariamente se compran votos con dinero, también se compran cuando “te dan la posibilidad de casarte y adoptar hijos” a cambio de que seas lo suficientemente agradecido y no muerdas la mano de quien te da de comer (como si no votarlos y expresar lo que uno piensa fuera morderles la mano; en todo caso morderle la mano sería hacerles un golpe de Estado).

Luego de la derrota escandalosa del peronismo en las últimas elecciones, la vicepresidenta conservadora, la que realmente demostró tener el poder, movió las fichas para dejar de pavear con el lenguaje inclusivo que sólo prende en los chicos de Nacional Buenos Aires y transformó al gabinete en un antro ultra conservador con un único fin: comprar el voto. Como si fueran vendedores de PSA o Herbalife, intensificaron el proselitismo y la pandemia, la inflación y el déficit quedaron en un segundo lugar para salir a comprar ese voto perdido. Como en una promo en la que si compras dos el segundo te lo dejan al 50%, hoy le pagan el salario a la empleada que venis negreando hace tiempo a cambio de que en noviembre le reviertas el resultado de las elecciones. Todos los días una noticia buena nos hará creer que no son lo que son o lo que fueron.

¿Qué pasa si, a pesar de todo, igual pierden? Quizás el castigo sea doble, Cristina, y también Macri, expresaron su enojo con el pueblo ingrato que no los acompañó con el voto a pesar de todos los esfuerzos que habían hecho por comprárselos. Queda esperar.

Los que nos vendieron que eran el zurdaje, tratan los derechos y la libertad de tener una ideología como si fueran el más cerdo de los capitalistas, como mercantilistas. Eso a mí, lejos de comprarme el voto, me parece que no hay peor forreada.            

 

Publicado por Juani Martignone

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