Haga patria, mate a un violador
La noticia era compleja. Incluso compleja de explicar si es que siempre defendiste un valor que hoy, ante lo sucedido, se pone en jaque. La noticia rezaba que una chica, a la que apodaban Higui, sufrió un intento de violación en gang y se defendió usando una navaja lo cual terminó con uno de sus agresores asesinado. Como dato, no de color sino como agravante, la chica es lesbiana y de aspecto masculino por lo que los agresores la intentaban violan ante la consigna “te vamos a hacer sentir mujer” lo que confirma una de las teorías de la violación que dice que se hace de modo correctivo, violan para corregirle algo a alguien; en este caso, el lesbianismo de Higui. Puedo sentir el horror y el espanto que llevó a Higui a defenderse de ese modo con tan solo narrarlo, la imagino acorralada, en un país donde cada rincón es tierra de nadie, liberada a la inseguridad y frente a una impunidad tal en la que estas cosas pueden pasar e incluso quedar sin consecuencias; basta con ver como evoluciona el caso de los violadores de Palermo y la impunidad con la que se manejan ellos y la agrupación política que los alberga. Ante un hecho tan bestial, como una violación en gang, que te agarra de sorpresa, es lógico que las respuestas sean bestiales, desmedidas y no consensuadas y meditadas o pensando que haría Foucault en este caso. Cuando el espacio público y la sociedad se trasforma en una selva incontrolable e insegura, rige la ley de la selva; y la justicia por mano propia es, a veces, la única herramienta efectiva para sobrevivir.
Aunque el hecho tiene su
antigüedad, tomó resonancia durante estos días porque se celebraba el juicio
que iba a dar un veredicto que condenaría o absolvería a Higui respecto del
asesinato de su agresor. Sí, la familia del violador denunció a Higui por
exceso en legítima defensa y el juicio fue caratulado, por cuestiones de género
y condición, como un homicidio simple. Desde los medios progresistas, que hacen
militancia con frases que duran lo dura una historia de Instagram, apenas
segundos, arengaban con la absolución bajo el lema “Yo también me defendería
como Higui” sin invitar por un segundo a reflexionar sobre la complejidad de lo
sucedido y los dilemas morales que se contraponen en este caso; algo típico en
la cybermilitancia que sólo apunta a frases e imágenes de impacto, que se sucedan
rápido y funcionan por acumulación. Las lecturas prolongadas, la constatación
con voces opositoras y el tiempo de reflexión, no son propio de una lógica en
la que todo debe ir rápido y conseguir la mayor cantidad de adeptos que militen
furibundamente. Finalmente Higui fue absuelta de las acusaciones de asesinato y
los medios en general, y el arco auto proclamado progresista en particular,
festejó tener un país más justo.
La pregunta que me hago es ¿Hubo
justicia por mano propia en el caso de Higui o fue legítima defensa propia? Si
nos enfrascamos en el horror que vivió esta chica e intentamos ponernos en su
piel, probablemente sintamos la misma bronca y desesperación que nos lleva a
asesinar al agresor que nos está violentando. Pero para elaborar un concepto,
un principio moral, es importante aplicarlo a otros casos de similares
condiciones para analizar si es que se trató de legítima defensa o de un caso de
justicia por mano propia. Generar un principio fundamental y no un principio
moral por cada persona. Como dirían los hermanos Marx “tengo estos valores,
pero si no te gustan, tengo estos otros”
El primer caso que me viene a la
cabeza, por la brutalidad y la mediatización que tuvo (en este caso,
exactamente contraria a la de Higui) es el del médico de San Martín, Lino
Villar Cataldo, que asesinó a un ladrón que intentó robarle el auto. El hecho
ocurrió en el 2016, pero antes, el médico había sufrido cerca de 10 robos
violentos y en este último, dos ladrones lo volvieron a apuntar con un arma, lo
volvieron a golpear hasta desfigurarle la cara y le gatillaron en la sien hasta
que terminó todo cuando el medicó sacó un arma y asesinó a uno de los
delincuentes. El caso tuvo una resonancia tal, que lo llevó al médico a dar
explicaciones por TV, mostrando aun su cara golpeada e indicando que le dolió
tener que hacerlo pero manifestando que se vio acorralado. Lino Villar Cataldo
fue absuelto por un jurado popular que pudo ponerse en la piel de una persona
que fue violentada reiteradas veces y actuó, de nuevo, sin pensar en Foucault
sino de la forma más bestial que le salió, la instintiva, la del sentido de
defensa propia animal. También podría recordar el caso del carnicero Oyarzún
que mató a quienes le robaban por vez número 30 o uno más polémico como el de
Chocobar que salió en defensa de un turista que paseaba por Caminito y lo
acuchillaron hasta dejarle las tripas afuera para robarle una cámara de fotos.
Por supuesto que cada caso tiene
su particularidad, no es lo mismo si te defendes siendo policía, médico o
mujer, pero en todos rige un mismo concepto: en todos los casos se defendieron
de alguien que los violentaba hasta matarlos, intencionalmente o no. Aun así,
ninguno de los últimos casos mencionados fue tratado con la benevolencia y
algarabía con la que se trató el de Higui. Nadie festejó que absolvieron a Lino
Villar Cataldo; y es justo porque festejar su absolución implica que estamos
todos de acuerdo en que las personas están libradas a la inseguridad, que deben
acudir a la defensa propia y hacer justicia ellos mismos porque la justicia que
tan cara nos cuesta, no existe. Si queremos ser coherente con nuestra moral y
nuestros principios, la absolución de Higui tampoco debería ser un festejo ¿Qué
tiene de justo que una mujer tenga que ir calzada con un arma blanca para matar
a sangre fría a alguien que quiera violentarla? Lo mismo que tiene de justo que
un médico tenga que tener un arma en su casa para tirotear a los que quieran
violentar sus propiedades.
Sin embargo no se ve igual. Los
medios que ven como un facho a Lino por tirotear a un ladrón son los mismos que
luego ven como una heroína a Higui, una justiciera, alguien que hizo patria y
mató a un violador, parafraseando el texto de la revista Noticias que escribió
Beatriz Sarlo. Feinman por ejemplo, ve como héroes a quienes matan ladrones. El
principio moral es el mismo: si te violentan, tenes derecho a matarlos. La
ultra derecha y los progre tienen la misma sed de sangre con sus enemigos. El
progresismo que puede comprender con total normalidad el contexto y la
situación acuciante que lleva a un pibe de veintipico de años a salir de caño a
afanar autos porque es una víctima de nuestra sociedad capitalista, no es capaz
que de ver el contexto que lleva a un pibe a violar a alguien porque es una
víctima de la sociedad patriarcal que lo crió para eso. El ladrón que comete el
robo más violento que uno pueda imaginarse tiene su punto de comprensión,
hacemos películas mostrando a Robledo Puch como una víctima de la sociedad. Pero
a un violador no estamos dispuestos a comprenderlo, comprender las motivaciones
que lo llevan a cometer un acto tan abominable, lo que abona la teoría
retrógrada de que los violadores no son personas sino monstruos. El problema es
que a los violadores los cría nuestra propia sociedad, la misma que después los
quiere ver bien muertos. Podemos estar hoy criando a un chico que mañana podría
ser un eventual violador y no me imagino que sus padres prefieran que la
víctima lo mate a sangre fría antes que se pudra en la cárcel por el crimen que
cometió.
Este caso desnuda, una vez más,
la doble moral de la sociedad, aplicamos una moral para un médico paraguayo y
otra bien distinta a una gorda lesbiana. No tratamos a todos por igual,
tratamos mejor a la lesbiana porque es mujer que al médico porque es “onvre”.
Esto no hace más que alimentar la idea que salió a correr estos días Amalia
Granata al decir que las minorías sexuales y las mujeres tienen más privilegios
que el resto de la sociedad. Una idea completamente errada pero que se sustenta
cuando festejamos las absoluciones de las mujeres al grito de justicia y
castigamos las de los varones diciendo que anda un asesino suelto por la calle.
Con motivo de la publicación de su
último libro, la formidable y multi premiada escritora, Camila Sosa Villada,
dio una entrevista en Radio Nacional en la agradeció a su
editora por corregirla y retarla para que escriba mejor porque dijo que no le
gustaba que fueran condescendientes con ella por ser una travesti; pretendía
que la trataran como tratan a cualquier escritor que llega con un borrador de
libro que es una porquería. Ahí está el punto. Está claro que todos somos
distintos, que vivimos en un mundo diverso, que todos tenemos distintos
intereses, distintas necesidades, distintos puntos de partida; que ninguna
escritora cis podrá escribir una maravilla literaria como “Las Malas” con la
furia travesti con la que lo escribió Camila, aun así, los lectores tenemos que
leerla con la misma seriedad y rigurosidad que leemos a una formidable
escritora cis como Leila Guerriero.
Está más que claro que todo no es
lo mismo, robar un auto no puede valer lo mismo que violar a una persona y
también tenemos que tener en cuenta que un varón médico tiene un acceso a la
justicia muy distinto al que puede llegar a tener una mujer lesbiana, de hecho,
Fantino no entrevistará a Higui como entrevistó a Villar Cataldo, la noticia
seguirá moviéndose en las catacumbas LGTB; y todo estos agravantes y atenuantes
deben ser tenidos en cuenta. Lo que creo, es que matar a alguien, por el motivo
que sea, nunca puede ser gratuito, nos tiene que disparar una reflexión al
menos. Como a Sosa Villada, no quiero que, como parte del colectivo LGTB, la
justicia me vea de forma más benevolente porque no quiero que las Granata de la
vida vayan por ahí dando cuenta de eso y sus adeptos queden más convencidos.
Por eso creo que es justo que se indique que vengarse, defenderse, ajusticiar,
matar a alguien, nunca está bien; y luego acorde a los atenuantes que con los
que uno cargue, puedan dar penas más simbólicas que efectivas porque la
justicia también está para hacer pedagogía, para marcarnos una línea entre lo
que está bien y lo que está mal. La absolución es una forma de avalar que tanto
Higui como Villar Cataldo hacen muy bien en matar a quienes los violentan. No
creo que ambos merezcan la misma condena, ni siquiera una condena efectiva,
sólo marcar que nosotros, los civiles, no tenemos que ajusticiar a nadie ni
sacar nuestro instinto defensivo ante un mundo hostil, porque eso no es vivir
en un país más justo. El mensaje que nos queda, es que está muy bien que las
pibas vayan con navajas cuando caminan por la noche o con gas pimienta, porque
en esta selva todo puede pasar y vamos a responder como animales y el Estado
nos va a valar que respondamos así, porque otra no nos quedó.
Mi idea de un país más justo es
que no tengamos que caminar por calle calzados porque tenemos legítimo derecho
a defendernos. Mi idea de un país más justo es tener un Estado eficiente que
prevenga estas situaciones, que me defienda y que contemple todas mis
particularidades y las desigualdades a las que me sometió, no que me avale que
tenga que salir yo a matar a sangre fría lo que el mismo Estado no logró
evitar.
Me dolería muchísimo que Higui
estuviera presa, no lo creo justo, pero tampoco puedo ver como justo que la
justicia le diga “mataste porque no te quedó otra y eso está bien”. Me cuesta
horrores acostumbrarme a vivir en un mundo tan podrido donde no me queda otra más
que matar a los que me violentan. Y encima después todo, salir a festejar que
nadie me dijo que eso estuvo mal.
Publicado por Juani Martignone
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