No se van a hacer cargo
A Menem nadie lo votó; ni la primera, ni la segunda vez. Ganó las dos veces; arrasó con el voto de nadie. Nadie vio que en la fórmula del tercer gobierno de Perón estaba su mujer como vicepresidenta. Nadie sospechó, ni supuso, ni se le corrió la mínima idea por cabeza de creer que cuando un presidente muerte es sucedido por un vicepresidente o una vicepresidenta, también. A nadie se le ocurrió que un señor de casi 80 años durante la década del 70 se podía morir. Nadie recuerda que María Estela Martínez, Isabelita, fue la primera presidenta electa por el voto popular (cuando alguien elige a un vicepresidente sabe que es esa persona quien eventualmente preside el país de forma transitoria o incluso permanente). A esta altura de soirée, en la que pasaron más de dos décadas de esto, el peronismo no condena ni celebra a dos de sus presidentes salidos del riñón del partido, simplemente los borró de su historia. Nunca existieron o bien, nunca fueron peronistas. Outsiders, malévolos que nadie votó pero que no se explica cómo ocuparon el sillón de Rivadavia y le hicieron tanto daño al país. Nadie los apoyó.
Alberto Fernández va en ese
camino. Cuando se vaya de la presidencia (hoy tienen bajísimas chances de
reelegir) y queden las esquirlas de una crisis galopante, que incluso duplica,
triplica o cuatriplica a la dejada por Macri, todos los que lo apoyaron, todos
los que pusieron ahí, lo van a negar como Pedro a Jesús; eso sí, más de tres
veces, todas las que sean necesarias para despegarse por completo del error de
votar enojados. Mientras tanto, hoy están calladitos, como estuvieron
calladitos los diez años de menemismo. Cuando Menem puso un pie fuera del
gobierno se dieron cuenta de todos los males. No hubo ni bomba en AMIA que los
despierte, ni explotar entero Río Tercero para tapar la venta ilegal de armas,
ni los primeros cartoneros revisando la basura en las puertas de sus casas. La
epifanía cayó cuando ya no estaba, cuando ya no había nada por hacer. La
pobreza escandalosa del 35% de la macrisis no le hace mella a la del 45% y 60%
en niños que tenemos hoy. Como tampoco la inflación estrafalaria de, al menos,
75% de hoy, indigna tanto como la del 50% del “Ah pero Macri”. Nadie va a decir
que cuando el dólar subió el doble, de $20 a $40, en 2019 y todos lo llamamos
devaluación, hoy, durante este gobierno, se sextuplicó, pasando de $40 a $250,
porque después de todo nadie votó la fórmula Alberto Fernández – Cristina
Fernández. Nadie se hace cargo. Es un gran shit happens. Como si se tratara de
un terremoto que nadie pudo prever, un hecho fortuito de la naturaleza.
El día que Alberto este fuera del
gobierno, y probablemente de la política, vendrá la revelación y se darán
cuenta de lo que fue porque mientras sucedía no tuvieron la capacidad de verlo
o fueron tan cínicos que se callaron. Apuntarán a que todos los males se
produjeron en ese período como si no hubieran sido ellos mismos los que
facilitaron ese período, del mismo modo que el relato kirchnerista apunta
contra el menemismo sin siquiera mencionar que fueron aliados, al menos, 8 de
los 10 años que gobernó Menem, que lo ayudaron con la reforma constitucional,
que militaron sus campañas, que llamaron a votarlo. No tienen que hacer una mea
culpa porque lo tratan como si esa alianza directamente no hubiera existido,
como si siempre hubiesen estado afuera. La disonancia cognitiva es tal, que ni
siquiera quien se jactó de haber decidido quién sería el próximo presidente del
país hoy ya no lo reconoce. “Jugó la reina” decían y festejaban cuando Cristina
eligió ella misma a Alberto Fernández. Hoy, al escuchar como habla de él,
pareciera que no sabía a quién estaba eligiendo, pero no lo dice, directamente
borró esa parte de la historia y en esta Argentina amnésica, hoy la hinchada
bala “Jugó la reina” cuando le tira a matar y horada la imagen, nada más y más
menos, que del presidente de la nación y que da la casualidad que ella misma lo
puso ahí, y que además ya habla como una outsider, como si no perteneciera al
gobierno, como si hubiera no funcionarios de su propio riñón en todos los
estamentos gubernamentales. Lo desconoce como a Menem, como a Isabelita, pero
esta vez, ni siquiera esperó a que no estuviera fuera del poder para
despegárselo como calcomanía vieja en la ventana de nuestro cuarto de
adolescentes; intenta desconocerlo mientras ella es parte de esto y sobre todo como
mentora de esta coalición alocada llamada Frente de Todos, que por momentos
parece una bolsa de gatos.
Todavía recuerdo cuando quienes
encontraron un kiosco en el feminismo (que casualmente no se conmovieron en
2015 cuando mataban a pibitas y las tiraban en bolsas de basura y se negaron a
gritar “Ni una menos” porque era hacerle oposición a la Jefa) nos querían
convencer de que la coalición se llamaba “Frente de Todes”. Eso no lo lograron,
pero al menos consiguieron que el ANSES publique sus comunicados en lenguaje
inclusivo, porque parece que a un viejo, la forma de darle dignidad, es a
través del discurso aunque después lo hambrees cambiándole la fórmula
jubilatoria, que en su momento fue controversial, por otra que quedó
comprobadísimo que perdieron al menos un 200% de aumentos. El feminismo
sectario y segregacionista del 2015 cuyas actrices estaban ocupadas en
demostrar que Nisman se había suicidado y el motorman de Once no apretó el
frenó, llegaron al feminismo hoy cuando es un kiosco puro y duro del que se
benefician las leales. Luciana Peker se puso al lado de la ministra de salud
mientras daba el número de muertos de covid para contarnos que ningún país del
mundo había hecho una cuarentena con perspectiva de género como el nuestro.
Parece un chiste cuando especialmente fueron las mujeres las que pagaron el
pato de dos años de escuelas cerradas y de tareas del hogar 24/7. Un cinismo
delirante que hoy las tiene a todas calladas mientras este gobierno de
caudillos peronistas, que tiene cuestiones poco claras con algunas sobrinas o
con el sexo no consentido, puso a las mujeres en la primera línea de batalla
para que den la cara por las cagadas que ellos se mandan. Cerruti da
explicaciones inverosímiles en tono altanero y Batakis será la cara de la
crisis y la inflación de tres dígitos. Esto sucede en el gobierno del primer
presidente que se autoproclamó feminista y las Mengolinis y Freijos lo
aplaudieron, se mojaron diciendo que las cuidaba como un padre y que tenía el
phisique du role de un profe porque decía la palabra “filminas”. Hoy, con un
ministerio de la mujer que no redujo ni una sola muerta por violencia de género,
nos quieren convencer que si alguien se dice feminista alcanza. Lo votaron para
que le dé algo que tarde o temprano iba a suceder, como el aborto legal, y con
eso les compró el silencio y los aplauso sostenidos, aun cuando no hay nada que
aplaudir.
Al final de día todo se trata de
alimentarse de slogans: que la patria es el otro, cuando lo primero que hacen
es tratar al otro como a un enemigo; que el Estado está presente cuando le
quitó a los niños (60% de ellos viviendo en hogares pobres) la posibilidad de
una educación que no requiera conectividad y una docente preparada para la
circunstancia; que salud es ministerio aunque el mismísimo ministro haya armado
un vacunatorio paralelo para salvarse primero ellos en medio de una pandemia;
que al menos no nos gobierna la derecha cuando el poder adquisitivo se achica
de 5% cada mes, cuando se nos corta la luz porque no hay dólares para pagar
afuera lo que podríamos producir nosotros, cuando los supermercados están
desabastecidos y la inflación te hace privarte de lo que queres comprar, cuando
la jubilación es insultante y te rduce a la pobreza, cuando la inseguridad hace
que te maten a sangre fría por un celular o cuando aun trabajando 8 horas y con
un salario en blanco seguís siendo pobre, re pobre. Sólo quedarán sloganes de
algo maravilloso que suena bien aunque se viva cada vez peor.
Este texto es visceral y enojado
porque hay un elefante en la habitación que todos lo ven, pero algunos eligen
hacerse los boludos para que su propia consciencia los deje dormir. A esa gente
no les importa nada más que ellos mismo, nunca les importó el otro porque si no
hoy estarían más enojados que este texto.
Puedo discutir todas la
ideologías, convivir con las que no coincido sin querer matarlas en el intento,
puedo escuchar a quien me explique por qué estoy equivocado y comprenderlo, lo
que no puedo es convivir con gente que es deshonesta intelectualmente. O sí, puedo
convivir, pero no voy a dejar de decir que son eso: intelectualmente
deshonestos. Esto sucede ahora. El silencio aturde, y aunque no se van a hacer
cargo, yo sé que conceptualmente son como aquellos que se callaron cuando veían
a un Falcón verde llevarse a su vecino encapuchado y que quedaron muzzarella. No
soy de esa clase de gente por eso hablo cuando sucede y no cuando me conviene. Ojalá
no tengan consciencia, porque cuando pesa, es difícil de cargar.
Publicado por Juani Martignone
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